Para Jorge Aguilar Mora los premios son espejismos

El autor, uno de los críticos en vida de Octavio Paz, recibe el Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores

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Jorge Aguilar Mora recibe el Premio Villaurrutia por su libro Sueños de la razón. Umbrales del siglo XIX: 1799 y 1800. Foto: Elizabeth Velázquez/Archivo

CIUDAD DE MÉXICO.

A unas horas de que el ensayista, narrador y poeta Jorge Aguilar Mora (Chihuahua, 1946), reciba el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2015, por su libro Sueños de la razón. Umbrales del siglo XIX: 1799 y 1800, hace una pausa y en entrevista con Excélsior habla sobre la influencia de Xavier Villaurrutia y la historia en su literatura, los errores en el conocimiento virtual, y refresca la crítica que formuló sobre Octavio Paz hace 38 años.

Hace 38 años publicó su libro La divina pareja: Historia y mito en Octavio Paz, un texto crítico sobre el poeta y ensayista mexicano, ¿mantiene las mismas ideas?, se le cuestiona. “Sigo pensando que fue mejor ensayista que poeta, con excepción de Piedra de Sol. También creo que no se da a Paz el valor como prosista. Sin embargo, fue alguien que se metió a dar ideas teóricas sobre poesía pero no fue muy riguroso. Así que su obra en el sentido de obra crítica es muy ambigua… es débil, frágil y no se sostiene.

“Él decía que Carlos Monsiváis tenía muy buenas puntadas. Claro que lo dijo con mala leche. Pero con buena leche, pienso que Octavio Paz tenía buenas puntadas. Y es buena leche porque me refiero a flashazos de ideas: tenían una gran intuición, por supuesto, porque era un hombre inteligentísimo; tenía flashazos de imágenes conceptuales, pero no se daba el tiempo para desarrollarlas y reflexionar”.

Sobre el premio que hoy recibirá asegura que éste representa un diálogo con los demás escritores mexicanos. “Es como establecer una correspondencia en público con otros escritores, no solamente con los miembros del jurado, sino con los escritores como conjunto, ese grupo de gente que se dedica ese oficio. Entonces me siento privilegiado por pertenecer a este grupo y tener este diálogo”.

¿Es Villaurrutia una figura latente en su obra?, se le inquiere. “Es un poeta que siempre he leído, aunque todo depende de gustos. Para mí Gorostiza es uno de los grandes poetas del siglo XX, pero Villaurrutia es, sobre todo, una rara combinación de pensador y poeta, alguien que pensaba con la poesía, que es una cosa muy rara”.

¿Por qué mantiene la historia como materia prima de su literatura? “La historia es como el agua: está en todos lados. Imagina un diálogo con el océano donde están confundidos los ríos y la lluvia, es como asomarnos a todo lo que vivimos, como dialogar con aquello que nos permite vivir. Es una constante interrelación que no cesa”.

¿Detecta un divorcio entre el hombre y la historia? “Pensamos que la historia es una especie de pasado que nos revela cosas, y no es así. La historia es lo que se hace constantemente, lo que hacemos ahora y no necesariamente tenemos que reconocer el pasado. Más bien, tenemos que reconocer de qué manera estamos en el presente y qué eventos hay en este presente que nos hace actuar como lo hacemos. No estamos divorciados de la historia. Al contrario: la historia está muy presente”.

¿Aunque no se estudie la historia? “Debemos preocuparnos por lo que sigue y la manera en cómo vivimos el presente”.

¿Al revisar el libro con que obtiene el Villaurrutia, pareciera que se opone al estudio del conocimiento fragmentado? “Eso es cierto. Creo que se necesita una educación más integral porque el conocimiento no está separado ni va por canales distintos u ordenaditos. El conocimiento es una explosión constante, una erupción que constantemente desmiente la realidad”.

¿Qué opina de internet como enciclopedia virtual? “Que da instrumentos, pero lo primero que habría que reconocerse –quizá ése es su gran defecto– es que estos instrumentos electrónicos dan la falsa idea de que el conocimiento es accesible. En realidad lo accesible es la ignorancia. Porque reconocer la ignorancia significa tener una perspectiva sobre el valor de lo que uno conoce. Pareciera que sólo importa lo que se tiene en términos de conocimiento y ahí es donde fallan estos sistemas”.

¿Y sobre los premios? “Que son relativos, espejismos o apariciones fantasmales. Lo mejor es dejar que aparezcan y desaparezcan. Lo importante es el diálogo con los autores. En todo caso este premio es para el libro”.