El cartón, una mina de letras

A ocho años de su primera publicación, este sello se ha posicionado con 44 títulos en este original mercado

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Este tipo de publicaciones nació hace 13 años en Argentina, con Eloísa Cartonera, como una respuesta a la crisis en el sector.
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Imágenes del libro Sade. La insurrección permanente. Fotos: Cortesía La Cartonera
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CIUDAD DE MÉXICO.

Siete artistas plásticos dando vida a cien portadas o la participación de los niños de una comunidad diseñando los interiores de un libro son ejemplos del trabajo colectivo que ha logrado el sello independiente La Cartonera.

A ocho años de su primera publicación, esta editorial que transforma el cartón con imágenes y palabras se ha posicionado con 44 títulos en este original mercado que nació hace 13 años en Argentina, con Eloísa Cartonera, como una respuesta a la crisis en el sector.

Con libros de portadas hechas de cartón reciclado, pintados y confeccionados a mano, pegados, cosidos o engrapados, conjugando disciplinas y con tirajes cortos, La Cartonera, con sede en Cuernavaca, es pionera en México de esta propuesta que se expandió por diversos países de Sudamérica y Europa.

Su directora, Nayeli Sánchez, dice en entrevista que sus mayores logros han sido el mencionado trabajo colectivo y “colaborativo” y “aprender a resolver todo el proceso creativo, excepto el del autor, es decir, no depender de nadie”.

Agrega que la diversidad en el contenido, las imágenes y el diseño ha sido la constante del sello durante estos ocho años. “Hemos tocado todos los géneros: poesía, ensayo, cuentos ilustrados, teatro, música, artes plásticas, historia y cultura popular”.

Explica que si bien comenzaron a trabajar en el proyecto de La Cartonera en mayo de 2007, fue el 29 de febrero de 2008 cuando se publicó el primer libro: el cancionero El silencio de los sueños abandonados, del cantautor Kristos.

“De este volumen hicimos tres ediciones y planeamos la cuarta. Es una especie de trova urbana, tiene influencia de los rock rupestre. Kristos se autodefine como ‘el cantautista degenerado’”, añade.

Dice que también han crecido mucho en la forma de editar. “El primer título se imprimió en un negocio comercial con un programa que no era para diseñar libros. Fue complicado, el diseño de interiores no estaba en nuestras manos. A partir del segundo y hasta hoy trabajamos con un software abierto que nos permite diseñar mejor. Un paso importante es cómo fuimos tomando en nuestras manos totalmente el trabajo del libro, con excepción de la escritura. Este aprendizaje ha sido de manera autodidacta, apoyado en otros editores”, advierte.

Otra cosa importante, prosigue, fue la consolidación del objetivo que establecieron desde el principio: que las portadas fueran diseñadas por los artistas de la región.

“Las dos ediciones del primer libro fueron hechas con cianotipias originales, una técnica de fotografía antigua, de un solo artista. Y Valeria López diseñó las 80 portadas del segundo título. Pero para el tercero ya colaboraron siete artistas, que hicieron cien cubiertas. Y en los proyectos que siguieron, a partir del de Mario Santiago Papasquiaro, las portadas se volvieron un trabajo colaborativo, se hacían en talleres colectivos. Ese ha sido un paso importante, que hemos trabajado junto a las comunidades artística y cultural de Cuernavaca”, considera.

El verdadero Sade

La Cartonera ha sacado a la luz poesía tanto de autores conocidos, como Javier Sicilia y Mario Santiago Papasquiaro, como de escritores más jóvenes “pero con calidad”, como la brasileña Elisa Andrade Buzo o Edgar Atoya Rick, ligado al movimiento infrarrealista, “de quien ya hemos publicado tres libros y vamos por un cuarto”, indica.

En su catálogo destaca el ensayo Sade. La insurrección permanente, de Maurice Nadeau, escritor y editor francés fallecido en 2013, traducido por Rafael Segovia, que para su publicación recibió un apoyo de la embajada de Francia en México y “tuvo un tiraje excepcional de 500 ejemplares, cuando el promedio de nuestros libros es de 120”.

La editora detalla que con este volumen recién lanzado han decidido festejar su octavo aniversario. “Nadeau fue uno de los editores más importantes de Francia en el siglo XX. Dany Hurpin, el otro editor del sello, lo conoció y le compartió nuestro trabajo. A él le dio gusto. Y cuando surgió la oportunidad le pedimos este texto que fue censurado cuando se publicó en 1947, es decir, salió de las librerías galas a la semana de su presentación. Él lo volvió a publicar en 2002 en su propia editorial y quiso que nosotros lo editáramos también. Dicen los estudiosos que es el verdadero Sade para principiantes”.

Sánchez adelanta que este 2016 publicarán novedades como La nada. Supervivir, gráfica de Jorge Garibaldi; Oh rostro oh belleza, poesía de Enán Burgos con portadas de Claude-Henri Bartoli; y el tercer volumen de la antología de poesía y narrativa náhuatl-español Kosamalotlahtol (Arcoíris de la palabra), entre otros títulos.