Alberto Salcedo Ramos, cronista honesto
El escritor colombiano, autor de Los ángeles de Lupe Pintor, asegura que no le interesa tanto la objetividad, sino contar las cosas con honestidad

CIUDAD DE MÉXICO.
Considerado uno de los mejores cronistas de nuestro tiempo, el colombiano Alberto Salcedo Ramos (Barranquilla, 1963) habló con Excélsior sobre su relación con la historia y con los cronistas estadunidenses, de su descubrimiento del género en autores como Roberto Arlt, Martín Luis Guzmán y Amado Nervo, quienes le heredaron una forma de entender el oficio: “Contar historias a través de la crónica es como raspar una superficie para encontrar una metáfora que ha estado oculta por mucho tiempo”.
A su paso por la Ciudad de México, para promover su libro Los ángeles de Lupe Pintor, dijo que en este momento le interesa escribir crónicas que muestren la condición humana de una persona o una comunidad, crónicas en las que encuentre personajes que le permitan entenderse a sí mismo.
Y aseguró que la Ciudad de México es un lugar al que le gusta viajar por su historia y su forma caótica. “Es una ciudad con una gran atmósfera cultural, con una especie de caos feliz; es una ciudad muy incluyente con el que llega, una suerte de Nueva York de Latinoamérica donde cabe un crisol de razas, dogmas, culturas. Me gusta la banda sonora de esta ciudad, con su ruido, su historia, su caos y su frase sentenciosa”.
¿Cómo es su relación con la historia?, se le cuestiona al autor de libros como Viajes al Macondo real y otras crónicas, Antología de grandes reportajes colombianos y La eterna parranda.
“Me gusta leer la historia y ver los documentales históricos. Pero hay una vertiente de la historia que me aburre, esa historia académica que nos enseñaron en los colegios, llena de versiones oficiales, mentirosas, como fábulas hechas por un político tramposo, no eran fábulas de un fabulador, sino de un político”.
Es como decía el poeta andaluz Miguel Alcántara: lo sorprendente de la historia no es cómo se escribe, sino cómo se borra, detalló. “Así que al colegio recibí la clase de historia, en el colegio, enfrentaba una fábula escrita desde una visión del poder, una visión que borraba al negro, al indio, al oprimido, al débil, una visión de la historia escrita en pergaminos con letra atildada”.
¿Qué historias le interesa contar en este momento? “Aquellas que me permitan mostrar la condición humana de una persona o de una comunidad, crónicas donde encuentro personajes que me permiten entenderme a mí mismo.
“A mí lo que me interesa de la crónica no sólo es la posibilidad de contar una historia, sino la posibilidad de entender algo que no comprendería si no contara esa historia, una tendencia o una verdad que no se reduzca a lo fáctico. La verdad que más me interesa no es la fáctica, sino la metafórica. No sólo me interesa descubrir un dato, sino acercarme a la realidad para descubrir la metáfora que oculta”.
LEJOS DE UN ASCENSOR
Para Alberto Salcedo Ramos, quien sigue la línea de los escritores y periodista estadunidenses como Joan Didion, Truman Capote y Gay Talese, un cronista debe investigar como reportero y escribir como los narradores literarios.
“Eso es parte de lo que me gusta del género. Aunque también amo la crónica latinoamericana, desde Amado Nervo y Martín Luis Guzmán hasta Roberto Arlt y de Luis Vidales. Porque en Latinoamérica siempre ha habido un gusto por convertir la información en historia, en narración; no es una tendencia que haya iniciado con la última camada, que ha sido muy celebrada”.
¿Cómo lee las Cartas de relación de Hernán Cortés?, se le inquiere. “Las leo como ficción, como la prosa delirante de unos españoles que vinieron a las Américas, como escribanos de un testimonio del cual resultaron ser autores delirantes que veían la realidad con ojos enfebrecidos. Las leo con fruición, con gusto, pero sin pensar que leo una crónica”.
¿Existe la objetividad? “Creo que no. O si existe, a mí no me interesa. Creo en la posibilidad de dar mi visión personal de las cosas. Pero creo que ser subjetivo no excluye el tener honestidad en lo que uno cuenta. Mi aspiración no es la objetividad, sino la honestidad”.
¿Qué cronista lee hoy? Lo terrible de hacer listas es que se van a fijar en las omisiones. Pero a vuelo de pájaro, a parte de a los norteamericanos que mencioné, leo a Juan Villoro, Josefina Licitra, Julio Villanueva Chang, Alma Guillermoprieto, Leila Guerriero y Martín Caparrós, que es el capo de la crónica.
Para concluir, Salcedo Ramos habla sobre el principal elemento del cronista: la curiosidad. “Sí, la curiosidad es muy importante. Yo soy muy curioso y siempre me gusta meter el ojo en las cosas y saber por qué pasan de cierta forma y por qué me sorprenden. Además me gusta oír un sinnúmero de historias que me intrigan”.
En cierta ocasión, recuerda el cronista colombiano, leía una entrevista con Alfred Hitchcock, el afamado director de cine considerado el maestro del suspenso, donde le preguntaban cuál era el peor oficio que podría ejercer una persona.
Sin dudarlo, Alfred Hitchcock contestó que el peor oficio era el de ascensorista. El entrevistador le cuestionó por qué había elegido éste, cuando hay gente que hace trabajos tan arriesgados como sumergirse en una alcantarilla o treparse a un andamio para limpiar los cristales de un edificio.
“Pero él insistió en el ascensorista: ‘Porque es el oficio de un hombre que pasa la vida condenado a escuchar historias inconclusas’. ¡Esa es la respuesta de un tipo curioso! Y si fuera ascensorista sufriría mucho cada vez que escuchara un relato inconcluso. Soy muy curioso y todos los días agradezco a la vida no haber sido ascensorista, sino cronista para escuchar el relato completo”.
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