Compañía Nacional de Danza pide su refundación

La agrupación, que ha perdido a sus últimos tres directores por presiones de los bailarines, vive “una inmadurez artística” y bajo el cobijo de una estructura sindical que ha caído en excesos, coinciden especialistas

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Foto: Cuartoscuro
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Dariusz Blajer.- El coreógrafo polaco, acusado de malos tratos, estuvo al frente de la compañía de 2003 a 2008.
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Sylvie Reynaud.- Acusada de mantener una gestión poco transparente, dirigió la CND de 2008 a 2013.
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Laura Morelos.-Presionada por los 68 miembros del cuerpo de baile, dejó su cargo el pasado 12 de febrero.
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CIUDAD DE MÉXICO.

Yo estoy muy feliz fuera de la compañía”, dice Dariusz Blajer, antiguo director de la Compañía Nacional de Danza (CND) del INBA, quien coincide con la crítica Rosario Manzanos, de que en la agrupación se vive “una inmadurez artística” que la mantiene secuestrada a intereses sindicales y donde a sus integrantes “ya no les interesa pensar en arte ni en divertirse a la hora de bailar”.

Al frente de la agrupación de 2003 a 2008, Blajer corrió con la misma suerte que han tenido al menos los últimos tres directores de la CND –incluida Laura Morelos que renunció al cargo el 12 de febrero pasado–, quienes han tenido que abandonar el cargo ante las presiones de los bailarines y de su sindicato. “Cualquiera que llegue de director va a estar muy bien los primeros seis meses, pero después ya no. Me parece que los bailarines se ocupan más de aspectos que no les corresponden”, afirma el ex director.

Manzanos agrega que se ha llegado a un punto donde no hay competencia que incentive a los bailarines: “hay una falta de perspectiva de lo que es el fenómeno de la danza mundial e incluso nacional. Muchos de los bailarines de la CND no tienen presión de ser sustituidos lo que sí sucede en gran parte de las compañías de primera fuerza del mundo. En la Ópera de París, por ejemplo, los bailarines saben que hay 50 formados detrás de ti y que están afilándose los colmillos decididos a ocupar un lugar”.

Intromisión de los bailarines en asuntos que no les competen, como la elección de elencos o de repertorio, falta de disciplina e incluso exigencias para que se les cumplan deseos caprichosos, son algunas de las circunstancias que los entrevistados observan. “Los bailarines están demasiado protegidos, demasiado privilegiados, resulta que se les permitió que ellos van a decidir los elencos, no es su trabajo. Su trabajo es bailar y bailar bien”, dice Blajer, quien afirma que constantemente se topó con negativas de los integrantes para bailar.

“Yo salí por presiones de los sindicatos”, recuerda. Los forcejeos comenzaron cuando decidió sustituir a una bailarina que tenía sobrepeso. Su método para no dejar en la calle a nadie, afirma, consistía en darle un último año de trabajo en la agrupación al bailarín que ya no estaba en peso, en edad o en el nivel requerido. Luego debía marcharse. “Eso sucede en todo el mundo, pero cuando yo lo anunciaba, automáticamente se juntaban con el sindicato que tiene un enorme e inexplicable poderío. Empiezan a mover a técnicos, músicos y a otros bailarines –a quienes amenazan de que no recibirán un bono sindical– y todo llega como una avalancha”.

Una prueba de ello es el caso de la primera bailarina Ana Elisa Mena, quien en mayo de 2014 fue nombrada primera bailarina durante una función en el Palacio de Bellas Artes. Manzanos recuerda que Mena declaró públicamente que estaba muy agradecida con Morelos por el nombramiento (Excélsior 8/06/ 2014) “y me encuentro con que siete meses después, Ana Elisa está del lado de la gente que quiere que se vaya Morelos. Yo veo muy mezclado, muy turbio, todo este asunto del sindicato metido al grado de que los técnicos no quieren usar un iPad porque sólo saben usar un mini disc. Creo que ha habido una falta de disciplina sistemática durante algún tiempo y esa laxitud no ha sido beneficiosa para la compañía”, dice la crítica.

Los bailarines parecen haber perdido interés real en el ballet. “No me los encuentro en las funciones, no los veo muy asiduos, creen que ver las cosas por video es suficiente, cuando la danza siempre debe estar en la escala de lo humano, hay que verlo en vivo, hay que estar ahí, creo que no son ni público, ni que esté puesta su vida sobre eso. Dejan plantados a maestros de la talla de Clara Carranco, una de las grandes maestras del mundo se quedó con el salón vacío, porque ni siquiera tuvieron la atención de avisarle que no iban a ir a clases”, dice Manzanos.

Ni Blajer, ni la crítica niegan que el derecho sindicalista es fundamental para los integrantes del grupo, pero piensan que seguir con la injerencia de éste es contraproducente. El ex director pone como ejemplo la compañía de Milán, Italia, o del Gran Teatro de Colón, que tuvieron una importante presencia mundial, pero se acabó por las injerencias de los sindicatos.

Blajer, exmaestro y exbailarín de la CND, no encuentra otra salida para terminar con la viciada situación de la agrupación, que su liquidación.

Piensa que sería necesario finiquitar a los actuales bailarines y refundar una nueva agrupación con menos integrantes y reglas claras desde un inicio sobre sus responsabilidades y derechos.

El crítico César Delgado opina que debe refundarse la CND con un Consejo Artístico, no sólo consultivo, que redefina la relación de los bailarines y transparente la elección del director, así como la participación del sindicato en las decisiones del grupo.

La situación que vive la agrupación, dice Delgado, “no es nada nuevo, en los ochenta ya se advertían problemas muy serios, cuando Guillermo Arriaga dirigió la compañía (1983-1987) hubo problemas muy serios, no me sorprende. Yo creo que últimamente los bailarines han ganado mucho espacio, pero se han olvidado de una cuestión muy importante: la compañía tiene que ser reestructurada, no se trata de sacar un director, esa no es la solución, a los bailarines les ha faltado la claridad para entender que debe haber una normatividad para manejar la compañía y que dentro de esa normatividad debe estar estipulada claramente la elección de un director”.

“Nadie puede hacer algo en esa compañía desde hace más de 30 años, la única salida es refundarla, hay demasiados intereses ahí, está manejada por un grupo de gente que primero ve por sus intereses. Los bailarines deben de cumplir porque para eso se les está pagando y tienen un compromiso con la compañía y si no cumplen deben de ser sancionados y el sindicato no puede ir más allá de lo que es su función, si se excede también hay que marcarle el alto. No puede estar la compañía ni en manos del sindicato, ni de los bailarines, ni mucho menos de las autoridades”, agrega Delgado.

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