La Universidad “nos defraudó”: Manuel Felguérez
El artista Manuel Felguérez explica que en 1978 no se legisló sobre la protección visual del espacio porque creían en la máxima casa de estudios
CIUDAD DE MÉXICO.
“No establecimos ningún tipo de normativa sobre lo que se construiría alrededor del Espacio Escultórico porque creímos en la Universidad y nos defraudó”, afirma el artista Manuel Felguérez, quien se pronuncia en contra de la construcción del edificio “H” de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales que la UNAM edificó enfrente del espacio, bloqueando la vista que se diseñó en concordancia con los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl. La decisión de la máxima casa de estudios ha despertado el descontento de la comunidad artística, que bajo la consigna Salvemos el Espacio Escultórico ha creado en la plataforma change.org una petición para que derriben parte del edificio.
Felguérez, cuya pieza lleva por título Variante de la llave de Kepler, comenta que el Espacio Escultórico (1979) fue propuesto desde la UNAM, concebido desde un principio no sólo como la producción de las esculturas, sino como un recinto que enfatiza la relación de las obras con el paisaje aledaño, conformado por la Zona Arqueológica Cuicuilco y la vista a los volcanes.
El grupo de escultores, integrado por Federico Silva, Manuel Felguérez, Helen Escobedo, Hersúa, Sebastian y Roberto Acuña, trabajó durante tres años para definir la propuesta, siendo una cuestión central el que no violentara el espacio que lo circundaba.
“Condicionamos nuestra participación a que nos garantizaran que se iba a conservar el ambiente, el espacio vegetal, animal, etcétera. Lo pensamos como un espacio de conservación. Hicimos obras que no molestaran, sino que acentuaran el espacio natural. Incluso en el centro del espacio escultórico recobramos la lava, para que se viera de dónde venía todo aquello”, explica Felguérez.
También recalca que hay decisiones que los escultores tomaron considerando la zona en la que se ubicaría el Espacio, como el hecho de que esté inscrito en un círculo de 120 metros de diámetro conformado por 64 prismas. “Primero pensábamos en hacer un hexágono, porque éramos seis, hasta que llegamos al círculo, apoyándonos en que enfrente está la Zona Arqueológica de Cuicuilco: la pirámide es redonda. También escogimos la topografía, pusimos las obras en una depresión, lugar ideal que permite salvarlo del entorno”, detalla.
El escultor declara con tristeza tener que ver en vida la agresión al proyecto, sobre todo viniendo de la propia UNAM, quien es responsable de mantener el recinto en buenas condiciones y de vigilar que se siga cumpliendo con la propuesta original de los artistas. “Una de las bellezas era la vista desde el espacio y la universidad ya nos metió entre los volcanes una torre. La construcción del edificio en ese lugar era innecesaria, teniendo tanto espacio la universidad como para hacerlo en otro lado”, comenta.
Sobre la demolición de parte del edificio, que es parte de la solicitud al rector Enrique Graue Wiechersen en change.org, Felguérez considera que debería llevarse a cabo, porque el espacio es producto del pensamiento estético de la UNAM y la institución es responsable de preservarlo. “Yo estaría a favor de la demolición del edificio recién construido, por lo menos un pedacito. ¿Por qué tiene que ser en un lugar que perjudique un patrimonio que es de todos?”, afirma.
En entrevista telefónica, Sebastian, quien participó con la escultura Colotl declaró que no tenía una postura sobre el problema: “No conozco de qué se trata, ni siquiera he visto, entonces no puedo opinar. Voy a ir al Espacio Escultórico y después podré contestar”.
Soluciones posibles
Pedro Reyes fue quien convocó a la comunidad artística a pronunciarse en contra de la construcción al visitar el Espacio Escultórico. El artista redactó, junto con colegas como Rafael Lozano-Hemmer y arquitectos como Miquel Adrià, la petición en change.org.
“El Espacio Escultórico es la escultura más importante del país que compite sólo con las Torres de Satélite, que ya están perdidas debido al desarrollo inmobiliario. Nosotros estamos luchando por conservar el Espacio Escultórico, que es el único sitio de la ciudad que tiene una vista de 360 grados, el paisaje también es patrimonio, si nos dejamos vencer se pierde algo más importante que las obras, se pierde el patrimonio natural del Valle de México, su geología y su ecosistema”, explica Reyes.
El artista añade que hasta el momento la UNAM no ha dado declaración alguna, sin embargo, la comunidad artística ha propuesto una solución viable al problema: el edificio está realizado con una estructura de metal que se puede desmontar, por lo tanto, si quitan los cuatro últimos pisos y los colocan en otro sitio, el paisaje no se altera y el edificio “H” no se tiene que desmantelar por completo.
El curador Guillermo Santamarina opina que dado que la UNAM no quiere desmontar el edificio, las esculturas deberían ser destruidas. “El edificio no sólo tapa la vista de los volcanes, afecta la obra y la altera. Yo soy de la opinión de que si no se tira la construcción, el medio de los curadores, artistas y arquitectos vamos a defender el espacio desapareciendo la obra y que continúe la UNAM en sus especulaciones inmobiliarias”.
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