Alejandro Soriano Vallès desmiente embuste

El poeta e investigador publica un libro polémico en el que refuta a los biógrafos de sor Juana Inés de la Cruz, que la han mostrado como una perseguida por la Iglesia

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CIUDAD DE MÉXICO.

Alejandro Soriano Vallès ha escrito una obra polémica: Sor Filotea y sor Juana. Cartas del obispo de Puebla a Sor Juana Inés de la Cruz. El texto refuta a los biógrafos de la poetisa. El libro se presentará el próximo 30 de noviembre, en el marco de la FIL Guadalajara.

¿Por qué le interesa reflexionar sobre la obra de la escritora mexicana?

Sor Juana es la mayor poeta de México. Eso ya es razón para leerla con pasión. Su obra es un semillero de ideas y un sistema de vasos comunicantes. Sus versos nos remiten a las obras maestras del arte, la literatura, la filosofía y la teología. Leerla es entrar en contacto con la gigantesca herencia de la civilización occidental. Reflexionar sobre ella es abrevar en un manantial de riqueza espiritual.

Muchos hablan de sor Juana, aunque pocos la han leído. ¿Cree que su reputación ha obstruido

la percepción de su obra?

Al principio, leerla puede resultar atemorizante, pero quien se anima a frecuentarla no tarda en descubrir que nos es más familiar de lo que pensamos. Lamentablemente, aprovechando la popularidad de su nombre, muchos han querido convertirla en un producto ideológicamente comercializable. Eso, básicamente, es lo que podría entorpecer la visión de su obra.

Dice usted que Las trampas de la fe, de Octavio Paz, consolidó la leyenda negra de sor Juana y que su biografía reforzó la fábula de la persecución eclesiástica. Entonces, ¿nunca padeció acoso?

No. La Iglesia jamás la persiguió. Al contrario, su fama se debió en gran medida al apoyo de eminentes eclesiásticos como fray Payo Enríquez de Rivera, Isidro Sariñana, Juan Ignacio de Castorena y Manuel Fernández de Santa Cruz. Desafortunadamente, la leyenda pretende rechazar los datos históricos en provecho de un cuento carente de sustento documental y marcado sesgo ideológico. El resultado es la difusión de un embuste.

Asegura que la polémica entre Juana Inés y Fernández de Santa Cruz no existió. ¿En qué se basa?

La “polémica” de marras es una conjetura basada en la lectura ideológica de una carta abierta que el obispo de Puebla le dirigió a sor Juana. Pero ella jamás acusó mala fe en la actitud de Fernández de Santa Cruz. Fueron los críticos anticlericales del siglo XX quienes decidieron presentar a las cabezas de la Iglesia como retrógradas que no comprendían la genialidad de Juana. Contrario a eso, la relación entre ambos personajes fue entrañable y amistosa.

¿Han sido sólo malas interpretaciones atizadas por lectores superficiales?

Algunos de sus suscriptores han sido víctimas del medio académico, dominado por un rampante anticlericalismo. A otros les gusta ver a la Iglesia como el villano consentido de la historia, y dicha leyenda cuadra muy bien con tal prejuicio. Existen, por otro lado, intereses que se niegan a aceptar la existencia de los papeles de la Biblioteca Palafoxiana. He tratado este punto en varios de mis textos, invitando a destacados sorjuanistas a debatir, pero, hasta hoy, sólo he obtenido silencio.

Afirma usted que Paz estudió arbitrariamente a sor Juana. ¿Por qué le interesaría escribir un libro sustentado en patrañas?

Paz se proyectó sobre sor Juana y forzó todo para hacer que su ideología coincidiera con la suya. La usó como parte de su campo de batalla personal y, por eso, no podía admitir que ella creyera en algo que él no compartía. Esto lo animó a componer un libro sustentado en trampas y artificios.

¿Qué utilidad podría tener denunciar las inconsistencias de Paz?

Rebatirlo es socavar los cimientos de un bulo que, por desgracia, se ha popularizado. No es coincidencia que quienes desean privatizar a sor Juana, insistan en “leer a Paz”. Lo cierto es que su libro no resiste un análisis serio debido a que está cimentado en inexactitudes, conjeturas y decisiones arbitrarias. La leyenda divulgada por Paz no es más que un castillo de naipes.

Antonio Alatorre y Pascual Buxó estudiaron a sor Juana. ¿Sus enfoques fueron arbitrarios?

Lo que digo es que ni Buxó ni Alatorre aceptaron que debatiéramos sobre la leyenda negra de Juana. De hecho, Alatorre guardó silencio cuando le demostré que el arzobispo de México jamás le decomisó la biblioteca a la poetisa. Méndez Plancarte es un gran sorjuanista cuyos hallazgos son luminosos.

¿Quedan lectores serios de sor Juana?

Por supuesto. Siempre habrá quienes deseen estudiarla con la seriedad que se merece. Eso implica respetar las evidencias, sin descartar ninguna, por incómoda que sea.

¿Qué futuro le aguarda a su obra?

Los estudios dedicados a su vida prosperarán. Tarde o temprano su obra acabará desprendiéndose de las nefastas costras de las ambiciones ideológicas, personales y mercantiles para tomar el camino correcto.

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