Froylán Enciso ve historia tras el narco
El historiador sinaloense revisa cómo los narcóticos han pasado de ser sustancias que atendía la Secretaría de Salud, a un delito que es perseguido

CIUDAD DE MÉXICO, 6 de agosto.- El 18 de enero de 1917, José María C. Rodríguez, médico de Venustiano Carranza, arengó en contra de las drogas alegando razones racistas: “Nuestra raza primitiva está degenerada ya y la mestiza en sus alcances”, dijo ante el Congreso de Querétaro, que había sido formado para redactar una nueva Constitución. Al siguiente día el diputado leyó su propuesta para regular y sancionar la “venta de sustancias que envenenan la raza”; el proyecto fue aprobado con 143 votos a favor y sólo tres en contra.
Desde entonces México emprendió un modelo prohibicionista hacia las drogas. “El gobierno impuso una visión controladora que en el fondo era una preocupación por la salud, pero también una inquietud racista; ellos buscaban que se mejorara la raza, según los médicos de Carranza que participaron en la incorporación de este tipo de controles en la Constitución mexicana”, afirma Froylán Enciso (Mazatlán, Sinaloa, 1981).
El historiador ha indagado en los episodios que construyeron la historia de la relación del país con los enervantes. Muchos desconocidos, otros olvidados, son reunidos en Nuestra historia narcótica. Pasajes para (re) legalizar las drogas en México (Debate, 2015). Aparecidos inicialmente en un blog, los pasajes que el autor recupera atienden los primeros estudios médicos sobre la cocaína en México, a finales del siglo XIX; los debates en torno a la legalización de los estupefacientes; la prohibición que hizo la Santa Inquisición del peyote y otras sustancias sicoactivas en el siglo XVIII o los orígenes de la criminalización del consumo y trasiego de estupefacientes.
El libro “tiene el objetivo de revelar nuestras responsabilidades en relación con las drogas, busco que los lectores, viendo en conjunto el contexto histórico, se acerquen a otras maneras de relacionarse con ellas. Que se conozca que no todo es violencia y corrupción pues ahorita estamos obsesionados con una manera violenta y corrupta de verlas y estamos obsesionados, con justa razón, porque la guerra contra las drogas ha provocado una destrucción masiva”.
Las cosas no siempre fueron así. Enciso rescata fragmentos de una entrevista con el médico Leopoldo Salazar Viniegra “el gurú de la legalización”, quien también se desempeñó como director de La Castañeda y que en 1940 logró germinar la idea de legalizar las drogas con la que algunos médicos convencieron a Lázaro Cárdenas. El nuevo Reglamento Federal de Toxicomanías del Departamento de Salubridad Pública, apareció el 17 de febrero de ese año en el Diario Oficial e instruía a a controlar la distribución de enervantes y tratar a los toxicómanos como enfermos.
La medida, sin embargo, duró poco. Cárdenas suspendió el Reglamento cinco meses después, el 7 de junio de 1940, por presiones de Estados Unidos. El autor rescata, además, el que considera el primer juicio por tráfico de drogas efectuado en México en 1931, cuando un vendedor de huaraches llegó a las oficinas de la Delegación Federal de Salubridad (entonces encargada del tema) para denunciar el robo de 100 gramos de cocaína, aun cuando sabía que era ilegal su posesión. El novato argumentó la necesidad de recuperar el polvo “porque era mucha su necesidad” y necesitaba venderlo.
Enciso plantea que la manera criminal de relacionarse con las drogas fue alentada por el gobierno a través de políticas prohibicionistas. Mediante sus textos se identifican tres fechas significativas en esa manera de ver los estupefacientes: la primera en 1917 cuando se incluye la prohibición en la Constitución; luego en 1940, cuando se echa atrás el primer intento de legalización; y 1947, cuando el tema pasa de ser un asunto del Departamento de Salubridad para convertirse en un delito.
“Todos hemos sido responsables como sociedad pero principalmente el gobierno de México, de imponer una visión de las drogas criminalizadora, sobre todo de las clases populares. La mariguana, el peyote, el estafiate y muchas otras sustancias usadas con fines espirituales por los pueblos indígenas de México, no provocaban violencia. Es la prohibición lo que provocó que inicie esta guerra contraproducente y atroz”.
Incluso la formación de un sentimiento resentido por parte de algunos capos es identificado por el historiador en los primeros operativos policiacos llevados a cabo en los setenta. A través de un documento recuperado en el Archivo General de la Nación, reconstruye parte del operativo registrado en 1974 en La Tuna, Badiraguato, la misma población donde nació Joaquín El Chapo Guzmán. “En ese operativo se violaron los derechos humanos, desnudaron a las mujeres, les robaron dinero, le dieron un balazo a un niño que andaba por ahí, fue muy traumático”.
“En ese tiempo del operativo militar, preludio de la Operación Cóndor, El Chapo tendría 17 años, vive un periodo en el que a uno se le quedan todas esas vivencias. La gente que viene de esos pueblos, incluido El Chapo, Don Neto Fonseca, Caro Quintero, la familia de Miguel Ángel Félix Gallardo y otros, no es que quieran acabar con el gobierno, ellos quieren que les hagan caso, vienen del municipio que sigue siendo el más pobre y olvidado de Sinaloa”.
- TÍTULO: Nuestra historia narcótica. Pasajes para (re) legalizar las drogas en México
- AUTOR: Froylán Enciso
- Editorial: Debate, 2015, 236 pp.
¿Dónde y cuándo?
Nuestra historia narcótica: Pasajes para (re) legalizar las drogas en México, de Froylán Enciso, con prólogo de Lorenzo Meyer, se presenta hoy, a las 20:00 horas, en La Pulqueria que se ubica en Insurgentes Sur 226, colonia Roma.
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