Cuevas de Yagul y Mitla se consolidan como pasaje cultural
Se encuentran en los cerros del Valle de Tlacolula y forman parte de la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO
CIUDAD DE MÉXICO, 04 de agosto.- Las cuevas prehistóricas de Yagul y Mitla, que se encuentran en los cerros del Valle de Tlacolula y que forman parte de la Lista de Patrimonio Mundial, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), se han consolidado como un pasaje cultural.
Las cuevas del Valle de Tlacolula presentan características idóneas, sobre todo sequedad por ser tobas calcáreas.
Transcurrido un lustro desde su inclusión en dicho listado, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha promovido y consolidado gradualmente proyectos para el conocimiento de los valores universales que entrañan estos parajes, entre quienes antes sólo veían en ellos un refugio para su ganado y un lugar de descanso.
Estas cuevas son un punto geográfico de inflexión en el proceso de la civilización, al grado de ser uno de los 40 sitios que abarca el programa temático del Centro de Patrimonio Mundial: Evolución Humana, Adaptaciones, Migraciones y Desarrollos Sociales (HEADS).
En declaraciones al INAH, el arqueólogo Jorge Ríos Allier, coordinador del Proyecto Corredor Arqueológico del Valle de Oaxaca (CAVO), explicó que HEADS pretende vincular esfuerzos internacionales que ayuden a identificar y preservar sitios evolución biológica y cultural, asegurando su conservación para generaciones futuras.
Las cuevas del Valle de Tlacolula presentan características idóneas, sobre todo sequedad por ser tobas calcáreas, que preservaron semillas que miles de años atrás sirvieron de alimento a grupos seminómadas.
Eso quiere decir que en los sedimentos de estas cuevas se pueden encontrar materiales orgánicos, como maíz, calabaza, chile, frijol y aguacate, y especies locales como el nance y el guaje, que al ser datados han dado antigüedades muy largas”, explicó.
Con las nuevas técnicas, abundó, se han encontrado desechos de macrobandas, grupos que no iban más allá de 20 seres humanos, los cuales viajaban juntos y cuyas generaciones comenzaron a reconocer el territorio.
Entonces “los individuos empezaron a permanecer más tiempo. Los restos orgánicos indican que consumían plantas propias de cada estación del año.
El siguiente paso fue la selección de las mismas y, finalmente, se inició un proceso de agricultura incipiente. A nivel microscópico, se observa la diferencia entre una semilla silvestre y otra ya seleccionada y cultivada.
“Eso significa que estamos en uno de los sitios considerados por la UNESCO como originarios de cultura”, aclaró el arqueólogo, responsable del Proyecto de Investigación y Conservación de las Cuevas Prehistóricas, enlazado al CAVO.
Este proceso evolutivo e histórico se ha intentado plasmar en centros interpretativos que se establecieron en el 2012 en Unión Zapata, Villa Día Ordaz y San pablo Villa de Mitla y en los cuales el INAH ha sido una instancia rectora.
Los centros de interpretación son, en ese sentido, una herramienta para mostrar y sensibilizar sobre los valores de este patrimonio mundial, llevar el mensaje de que estos sitios necesitan de todos y para muchos años”, concluyó el coordinador del CAVO.
Es de destacar que el equipo del CAVO sigue registrando sitios localizados fuera de las cinco mil 300 hectáreas declaradas por la UNESCO.
mca
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