Cristina Rivera Garza crea literatura contra la indolencia

La narradora mexicana, quien publica la serie Dolerse, reconoce que la escritura no tiene una función social, sin embargo asegura que las letras sirven para combatir la indolencia y ayudan a soportar el duelo de un país sumido en la violencia

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CIUDAD DE MÉXICO, 27 de julio.- La literatura sirve para combatir la indolencia y aunque sólo es una pieza del rompecabezas humano, ayuda a soportar el duelo de un país sumido en la violencia. Y aunque es cierto que la literatura no tiene una función social, el lenguaje puede honrar a los desaparecidos, pues el escritor no puede sustraerse de la realidad ni dejar de mostrarse contra la indolencia y la indiferencia militante que hace de las personas seres insensibles e inermes, dice a Excélsior la narradora y ensayista Cristina Rivera Garza (Matamoros, Tamaulipas, 1964), autora de la serie Dolerse que presenta el segundo volumen titulado Con/Dolerse.

En mi caso he optado por una posición doliente en la que busco que mi trabajo literario establezca lazos críticos y flexibles con mi entorno… condolerse es explorar la capacidad del ser humano por el duelo provocado desde el momento en que vivimos. Quizá lo más importante es que el lenguaje también honre esas vidas que han desaparecido”, asevera la ganadora de premios como el Sor Juana Inés de la Cruz (2001) y Roger Caillois de Literatura Latinoamericana (2013).

En primera instancia, Rivera Garza reconoce que hubiera preferido no escribir este libro. “Me gustaría que este libro no existiera”, acepta. Sin embargo aquí está la segunda parte sobre la violencia y el dolor que intenta provocar en los lectores la sospecha de que la indolencia y la insensibilidad no son parte de su naturaleza.

Espero que los lectores reconozcan que la literatura puede ser doliente y no necesariamente indolente para que quienes todavía creen en la capacidad de la escritura indolente encuentren aquí un catálogo o una serie de puertas y ventanas donde narradores, poetas y ensayistas nos mostramos dolientes”, explica.

Al mismo tiempo, asegura que el escritor ejercita la pluma para salir de sí y conectarse materialmente con el lenguaje de los otros y con los otros. “Y creo que en tanto más afectado estás existe una mayor capacidad de experimentar lo que otros experimentan. Por eso condolerse es, en muchos sentidos, explorar esa capacidad primordial del ser humano, y uno de esos momentos graves es el duelo”.

¿Pero es suficiente el duelo?, se le cuestiona. “Creo que el momento que vivimos en México, con las desapariciones y las tragedias constantes, es importante decir que todas las vidas merecen ser lloradas… y es importante que el lenguaje también honre esas vidas que han desaparecido.”

¿Se inclina a nombrar la realidad para que ésta exista? “Sin duda, yo no creo que la literatura esté apartada de eso. El lenguaje lo utilizamos también para delimitar lo que conocemos, para hacernos espacio por donde va a transitar nuestro cuerpo y el de los otros”.

¿Encuentra en el lenguaje una forma de arma? “Estaría dispuesta a decir que sí, siempre y cuándo dejemos de lado una noción instrumentalista, es decir, no un arma al servicio de algo o alguien. Y aunque también es posible trabajar con la escritura de maneras conservadoras, es decir, para apaciguar las cosas y lo vemos con esas escrituras que se deben al mercado o que son militantemente indolentes, me parece que lo contrario también puede ser posible”.

Suturar las heridas 

Con/Dolerse está integrado por 16 textos de jóvenes ensayistas, cuentistas, poetas y narradores, quienes abordan la violencia desde distintos ángulos, entre los que destacan: Verónica Gerber, Mónica Nepote, Yásnaya Aguilar, Marina Azahua, Javier Raya, Amaranta Caballero y la propia rivera Garza, entre otros, quienes tienen en común sólo una idea: la escritura es un proceso de sutura.

Así que este libro está pensado como una condensación o una pausa para que el lector encuentre todo tipo de caminos que aunque no curarán las heridas de un país que sangra, sí pueden curar algunas heridas.

¿Por qué si la violencia es inherente al ser humano hoy es tan especial? “Primero hay que diferenciar entre la violencia y la indolencia. Ser vulnerable es intrínseco al ser humano, pero ser reducido a un estado inerme es una imposición. Esa es una diferencia básica. Sí, somos vulnerables respecto a los otros… pero volvernos inermes no es algo orgánico”.

¿Cómo es posible que esta generación de escritores reaccione tan rápido a lo que sucede hoy? “Habría que cuestionarnos nuestra idea de lo inmediato, pues esta gran tragedia nacional no se ha generado en los últimos días y ni siquiera es resultado del último sexenio, sino que es un proyecto que se ha gestado desde 1994, con el Tratado de Libre Comercio y el proyecto neoliberal. En realidad estamos explorando algo que ya tiene 30 años de edad”.

¿Qué le diría a quienes catalogan como panfletaria esa literatura que reflexiona sobre la cruda realidad?, se le pregunta. “Existe una posición dominante en la literatura mexicana del siglo XX y lo que llevamos del XXI que considera que lo literario es autónomo de lo social. Pero a mí me parece que los ejercicios de escritura están conectados con su entorno y pueden ser estéticamente relevantes sin dejar de afrontar su sustrato ético y político”

Y aunque asegura que no cree en una “literatura comprometida” porque le parece una camisa de once varas, mi proceso creativo trata de abrirse a nuestro momento, para comprender lo que ocurre y cómo nos afecta desde la crítica y la reflexión.

Sin embargo, ésta es una escritura que quiere conectarse con los otros tiene que portarse mal, ser rebelde e irreverente porque no puedes explorar algo críticamente desde una posición indolente.

Lo esencial es que la indolencia nos dice que no podemos dolernos por otros, nos enseña que somos individuos aislados que nada podemos cambiar. En cambio esta escritura como práctica de autores dolientes es precisamente lo contrario: muestra que podemos sentir con otros, conectarnos, afectar a otros y vernos afectados por ellos. La escritura es un lugar privilegiado para eso”, concluye.

Rivera Garza es autora de novelas como El mal de la taiga y Verde Shanghai, de cuentos como Allí te comerán las turicatas y La frontera más distante y de poemarios como Viriditas y El disco de Newton. Ahora presenta la edición corregida y aumentada de su libro Dolerse. Textos desde un país herido, publicado en 2011 y Con/Dolerse.

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