Adelanto editorial: 'La voz de los otros' de José Woldenberg
Publicamos un fragmento del nuevo libro del politólogo y comentarista de libros

Puerta abierta
Suelen invitarme a presentaciones de libros para hacer algún comentario. Es una fortuna. De esa manera me veo “obligado” a leer con una intensidad y una atención diferentes a las de las lecturas por puro placer. En aquéllas el deleite se combina con la necesidad de entender la lógica del autor, tratar de observar sus fortalezas y también sus debilidades, subrayar sus aportes, sus descubrimientos, quizá confrontarlo contra otras obras, y finalmente hacer algunas notas que normalmente tienen la intención de abrir el apetito del lector.
Creo que por eso me invitan. Saben que leo el libro (no todos los que asisten como comentaristas a una presentación hacen la tarea) y que las más de las veces escribo sobre él. De esa manera se genera un círculo virtuoso para mí.
Por supuesto en ocasiones hago glosas a algún libro sin necesidad de alguna invitación para comentarlo. Por el interés que el libro suscita o por la actualidad del mismo o por las puras y duras ganas de hacerlo. De esa manera, sin querer queriendo, tengo escritas un buen número de reseñas que he publicado en distintas revistas: Nexos, Revista de la Universidad de México, Configuraciones, Estudios Políticos, Letras Libres, El Correo del Sur (suplemento de La Jornada de Morelos), Voz y voto, Universidades, Examen, Iniciativa, Andamios, Revista Mexicana de Sociología, y en los diarios Reforma y La Crónica de hoy. Ahora hago una selección de ellas.
Por lo antes apuntado, muchas son de libros de amigos, otro tanto de conocidos y algunas de personas distantes o desconocidas para mí. En conjunto son un mural de las voces de otros. Ese mural tiene algunas virtudes: ayuda a no vivir ensimismado, amplía el campo de visión, aparecen tensiones y contradicciones entre los autores que hacen más viva e interesante la vida intelectual, se develan temas y encrucijadas diversas y súmele usted. De lo que estoy convencido es que la conversación a través de los libros suele ser más rigurosa, puntual y sugerente que el güiri güiri verbal y más atractiva y dura que la alharaca que se reproduce en las “redes”. Los libros siguen siendo “una gran cosa”. El espacio en donde se decanta lo mejor del pensamiento. Por supuesto, sobra decirlo, los buenos o los que a uno le parecen buenos.
El lector tiene en sus manos un buen puñado de reseñas. Son notas breves que permiten alimentar un diálogo a través de textos y temas muy distintos. Ojalá les resulten interesantes y lo óptimo sería que fueran la puerta para entrar a las obras que aquí comento. Algunos —muy pocos— pasajes aparecieron en algún otro libro mío, la inmensa mayoría circularon un mes o varios meses en alguna revista y luego se esfumaron.
Otra vez gracias a la generosidad de Rafael Pérez Gay puedo presentar este manojo de reseñas, y otra vez gracias al paciente y cuidadoso trabajo de Alberto Román este libro tiene una exposición decorosa.
La destrucción de Camboya*
El subtítulo del libro de José María Pérez Gay es exacto. La política de los jemeres rojos en Camboya puede considerarse como uno de los puntos más altos a los que el delirio fundacional de la humanidad puede conducir. Se destruyó la infraestructura, las agencias gubernamentales, las instituciones educativas, las ciudades, el conocimiento acumulado, y por supuesto, a cientos de miles de hombres que fueron asesinados en la búsqueda de una sociedad adánica.
Es la historia de cómo la intolerancia y el terror, la paranoia política y la búsqueda de la purificación ética y moral se convierten en una auténtica trituradora humana. La utopía de construir un futuro arrasando el presente y olvidando el pasado produce una espiral de destrucción que parece extraída de una pesadilla. O para decirlo en términos políticos: la edificación de un poder descarnado, sin reglas, sin contrapesos, que utiliza la coacción y la violencia como fórmulas rutinarias de gobierno; una dictadura, pues, …a nombre del socialismo.
“Entre el 15 de abril de 1975 y el 7 de enero de 1979, el gobierno de una flamante República Democrática de Kampuchea (hoy Reino de Camboya) se propone establecer un régimen marxistaleninista y extermina sin piedad a dos millones de personas”, escribe Pérez Gay al inicio del libro. Resumen frío y contundente. La derrota estadunidense en Vietnam, el apoyo de China, las pugnas con Vietnam posibilitan el triunfo de los jemeres, los cuales implantarán un régimen de terror hasta que Vietnam invade Camboya y los principales dirigentes que acompañaron a Pol Pot en su proyecto se repliegan a la selva.
Pérez Gay clama porque se haga justicia, porque los dirigentes de ese infierno en la tierra sean juzgados. Pregunta: ¿Serán presentados alguna vez ante la Corte Penal Internacional? Y tiene razón. No obstante, el valor del libro está en otra parte: en las estampas que recrean la situación, que intentan explicarla, que rastrea en el pasado lejano algunos nutrientes de esa concepción que cree en una especie de reconciliación armónica de carácter eterno, y en el pasado cercano, los cursos de “marxismo” que los dirigentes tomaron en París, que explora en la Revolución Cultural china el antecedente directo y la influencia fundamental de la práctica del Jemer Rojo, en fin, en el esfuerzo por tratar de entender lo que al principio y al final parece ser la política alucinada de un conjunto de dementes.
Las guerrillas de los jemeres rojos triunfan en abril de 1975 y a partir de entonces se proponen establecer su ideal en este mundo. Para ello obligan a los pobladores a abandonar las ciudades (centros de corrupción intrínsecos según Pol Pot). Phnom Penh, la capital, pasa de tener un millón y medio de habitantes a sólo 10 mil (p. 22). El Archivo General de Historia es saqueado y se convierte “literalmente en una porqueriza”, el Banco Central es dinamitado, la Biblioteca Nacional de Camboya es incendiada. El budismo es combatido a muerte y los monjes asesinados. Camboya cierra sus fronteras, rompe relaciones con la mayoría de los países del mundo y mantiene una relación de privilegio con China. Se prohíbe el dinero, se suspende el servicio postal y telefónico. La población debe ser reeducada en el campo y en esa operación mueren y son asesinados miles y miles. Por supuesto, los campos de refugiados crecen en Tailandia.
Pérez Gay se remonta al pasado lejano, incluso legendario, para intentar comprender la catástrofe. Los orígenes, como en todos los pueblos, están envueltos por la neblina de la leyenda, pero se preserva en la memoria la mítica Angkor, “una de las civilizaciones hidráulicas más extraordinarias de la historia” (p.33). Repasa la forma en que se extendió el budismo y su significado, el arribo de los portugueses a esos confines y su fracaso evangelizador, el impacto del colonialismo francés; pero es la historia reciente la que resulta hipnótica por devastadora e increíble.
Aparece Nordom Sihanuk, un príncipe “equilibrista” capaz de alinearse según sople el viento por aquellos territorios, “es Rey y Jefe de Estado, primer ministro y músico en una banda de jazz, director de un periódico y dueño de un casino de juego, líder del partido único y productor y realizador de largometrajes” (p. 57) junto con los dirigentes del Jemer Rojo, todos ellos nacidos entre 1925 y 1931, todos ellos educados en Francia, todos ellos convencidos de que su misión es reconstruir desde cero a la sociedad y al hombre.
El Partido Comunista de Kampuchea es el actor principal del drama: el verdugo. En su origen, una organización clandestina, en la cual los nombres y biografías de sus integrantes son cambiados.