Abren los secretos de la biblioteca de Ernesto de la Peña
Una serie de conferencias que inician hoy invita al público en general a visitar la biblioteca del lingüista y erudito que alberga el Centro de Estudios de Historia de México Carso
CIUDAD DE MÉXICO, 26 de enero.- Para comprender las dimensiones de la biblioteca que formó Ernesto de la Peña (1927-2012) habría que imaginar un archipiélago con 26 mil libros repartidos entre una decena de libreros, así como mil 112 discos de ópera y música clásica. Cada estante es una isla con tomos en el idioma original de cada autor: Shakespeare en inglés, Rabelais, Proust y Balzac en francés, Dante en italiano, y una infinidad de libros en chino, latín, griego y hebreo, pues este autor dominaba 17 idiomas y era capaz de leer en 17 más.
Ahora este santuario literario, ubicado al interior del Centro de Estudios de Historia de México Carso (CEHM), que muestra desde su gusto por la cocina y su gran afición por los autores franceses, hasta su inclinación por temas como teología, religión, ocultismo y cábala revelará sus secretos al público en general a través de un ciclo de conferencias para convertir este espacio en una biblioteca viva.
La primera charla se realizará hoy a las 18:00 horas bajo el tema La biblioteca esotérica de Ernesto de la Peña, que conducirá Julio Sabines, uno de los asistentes del propio lingüista y erudito mexicano, dijo Manuel Ramos Medina, director del CEHM.
Las conferencias serán transmitidas en vivo mediante su página electrónica y continuarán el 9 de febrero con El tarot de José Manuel Redondo. Algunas de las más destacadas serán: Con el diablo en el cuerpo. Filósofos y brujas en el renacimiento a cargo de Esther Cohen, el 16 de febrero; La Cábala en el poema ‘Muerte sin fin’ de José Gorostiza por Mónica Mansour, el 2 de marzo; y El descenso al inframundo en los mitos de la diosa de Elsa Cross para el 23 de marzo.
¿Qué hace diferente a esta biblioteca de otras?, se le pregunta a Carmen Wack, quien fue asistente de Ernesto de la Peña durante 16 años. “Considero que a diferencia de otras, ésta es muy importante por los idiomas que resguarda, pues en la mayoría de los casos cada libro está en su idioma original. Eso la hace una biblioteca diferente”.
Además, está el hecho de que condensa un número importante de libros sobre religión, “no por ser un creyente sino porque era un buscador de respuestas”. Lo cierto es que difícilmente una sola persona podría leer esta biblioteca donde transitan 30 idiomas, “aunque él mismo aclaraba que sólo leía, hablaba y escribía 17 idiomas, y los otros 13 únicamente los leía y comprendía”, recuerda Julio Sabines.
Un dato adicional: un año antes de su muerte, De la Peña aprendió un nuevo idioma: el copto, utilizado en el Egipto correspondiente a la época de Alejandría. “El maestro lo aprendió en su último año de vida porque Roberto Sánchez Valencia, uno de sus amigos, lo hablaba y entonces decidió estudiarlo”, cuenta Carmen Wack.
¿Cómo lo hizo? “Sánchez Valencia le regaló un libro de gramática y de internet bajó todas las imágenes, se las empastamos y empezó a estudiar. Para él no había imposibles. Alguna vez me dijo que estudiara chino porque era muy fácil, pues sólo tenía que aprender 240 caracteres y ya. Claro que él sabía el chino completo y la versión corta”, abunda.
De momento esta biblioteca ha sido poco visitada por el amplio público, aunque resguarda libros únicos como: el Carro de donas del obispo Francisco Ximénez, una Divina Comedia de 1578, el Diccionario Ambrosio Calepino de 1546 y un Álbum de Ángela Peralta con fotografías y biografías de los músicos del siglo XIX, que requiere una urgente restauración, así como una colección de libros que pertenecieron a Lucas
Alamán.
Y dentro de sus libros de esoterismo, éstos abarcan tarot, cábala, hermetismo, magia, ciencias ocultas, mitología persa, egipcia y grecolatina, así como el inaccesible Diccionario de los lugares imaginarios, uno de sus preferidos, donde pasaba horas entre distintas ciudades élficas y los lugares más extraños creados por J.R.R Tolkien.
Comida y postres
Todos los días Ernesto de la Peña llegaba a su biblioteca, en la colonia Chimalistac, a las diez de la mañana. Cinco horas después salía a comer y visitaba la librería francesa de San Ángel, la cual hoy ya no existe.
Otras veces iba a las Lupitas de Coyoacán, un restaurante donde le gustaban las enchiladas norteñas con salsa roja, o a las carnitas de El Venadito donde lo atendía un hombre al que llamaba Santo Tomás.
“Don Ernesto era un gran degustador de la comida francesa, italiana y mexicana; le gustaba casi todo, sin olvidar los postres, pues él pensaba que la comida era un largo periplo hacia el postre”, recuerda Carmen Wack.
Aunque a él también le gustaba cocinar y así lo demuestran los 126 libros de cocina internacional que acumuló. Quizá ahí descubrió su gusto por cocinar paté, terrine de pato y pierna de lomo con ciruela.
Lo que a este hombre de barba densa no le gustaba era salir de vacaciones: su recreo era su biblioteca. Cierto día descubrió internet y se volvió loco, entonces llegó la Wikipedia y se volvió un fanático… hasta que encontró errores y se decepcionó.
Entre 1996 y 1997 Ernesto de la Peña vendió su biblioteca al CEHM Casrso. En principio eran 20 mil 941 volúmenes, destinada a la investigación de los becarios de la Fundación Telmex. En 2012 falleció el autor y María Luisa Tavernier, viuda del políglota, donó otros 5 mil 110 volúmenes y mil 112 discos de acetato. Desde entonces la colección suma 26 mil 51 libros más los acetatos.
Entre los volúmenes destacan los 2 mil 494 dedicados a literatura iberoamericana, 736 a autores griegos, 552 de autores italianos, 494 sobre música clásica, 482 de literatura alemana, 314 en latín, 250 libros antiguos, 105 sobre literatura checa, 104 en lengua árabe, sin dejar de lado un número menor dedicados a literatura china, austriaca, africana, armenia, belga, brasileña, búlgara, catalana, egipcia, gallega, persa, entre otros idiomas.
“A raíz de la muerte del maestro, la biblioteca fue abierta en 2012 a todo el público, aunque desde antes el maestro ya tenía la intención de hacer alianzas con centros de estudio e instituciones de educación superior para tener un intercambio más dinámico entre biblioteca, académicos y estudiantes”, reconoció Wack. Ahora se busca que este archipiélago de libros pertenezca al dominio público.
Sus libros
- 2,494 de literatura iberoamericana.
- 736 a autores griegos.
- 552 de autores italianos.
- 494 sobre música clásica.
- 482 de literatura alemana.
- 314 en latín.
- 250 libros antiguos.
- 105 de literatura checa.
- 104 en lengua árabe.
- 95 de literaria china.
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