Cuentacuentos en México, labor vital a contracorriente

Ninguno de estos profesionales del fomento a la lectura goza de seguridad social o de garantía de pago por su trabajo, pero todos coinciden en los retos que tienen delante: seguir despertando la imaginación de niños y jóvenes, emprender y preservar la defensa de la tradición oral y revalorar nuestra identidad cultural

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Fotos: Lorena Alcaraz Minor/Cortesía Mario Iván Martínez y Reuters
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CIUDAD DE MÉXICO, 14 de septiembre.- Los primeros cuentacuentos nacieron quizá alrededor de una ancestral fogata y seguramente al principio eran los ancianos quienes contaban las batallas del clan a sus descendientes. Hoy forman un grupo de profesionales poco reconocido, con escasas oportunidades de trabajo, carentes de seguridad social y que pese a todo asume una labor vital dentro de la sociedad: formar lectores.

Algunos se ubican en la línea de los narradores clásicos, otros enriquecen su trabajo con elementos del teatro y otros hasta buscan en el hip-hop y el kamishibai (drama de papel) la respuesta para ganar más lectores.

Pero en el fondo todos coinciden en los retos: despertar la imaginación de niños y jóvenes, emprender la defensa de la tradición oral y revalorar nuestra identidad cultural.

Es el caso de Mario Iván Martínez, Nacho Casas, Elia Sánchez e Iván Torres Salguero, quienes exponen en entrevista con Excélsior el panorama y los retos de uno de los oficios más antiguos del mundo: contar historias.

Mario Iván Martínez es el primero en tomar la palabra. Su reflexión inicial apunta hacia que la narración oral no deberían ser subestimada en México, “porque a través de ésta hemos conservado saberes, usos y costumbres que vienen de nuestros padres y nuestros ancianos que han sido encargados de preservar el conocimiento por generaciones a través de los relatos”.

Desde su perspectiva, hoy existe un importante rescate a través del programa federal Alas y Raíces, pero sin olvidar que en México persiste un gran desdén por la formación artística como algo prescindible.

Cuando voy de viaje observo cómo nuestras ciudades están desprovistas de su identidad y convertidas todas en el reino del Oxxo o en el reino del Walmart. Nuestra identidad se ha ido deslavando con esta extranjerización apabullante. Y por eso es urgente el rescate de nuestros mitos y tradiciones”, explica Mario Iván, que prepara un segundo homenaje, en los discos 21 y 22, para recordar a Francisco Gabilondo Soler Cri-Cri.

Lo ideal “es luchar por más incentivos a la cultura y defender nuestra tradición oral y, en el caso de los niños, alejarlos de lo predecible, lo vulgar y chabacana que muchas veces puede ser la oferta infantil”, considera el creador de la propuesta teatral para niños Un rato para imaginar y autor de una veintena de audiolibros.

Por su parte, el también narrador oral Nacho Casas asegura que en este oficio casi todos son freelance, “de modo que seguridad social no tenemos y tampoco sabemos exactamente cuándo nos van a pagar, aunado a que los presupuestos son bajos. Pero tenemos que trabajar en eso… Oportunidades sí existen, pero hay que buscarlas”.

Y asegura que tanto “el público como las autoridades y los medios de comunicación deben acercarse a ver su labor para reconocer que es un trabajo artístico, en la mayoría de los casos, de excelente factura”.

No hay marginación

Algo similar piensa el rapero y cuentacuentos Iván Torres Salguero. Conocido como Vant-T, considera que la realidad de los cuentacuentos no parte de una marginación específica sino que ése es el síntoma de la cultura en todo el país.

No es que se margine al cuentacuentos, más bien se margina a todo el presupuesto destinado a la cultura, el cual siempre es bajo… siempre se menosprecia a la cultura, aunque ésta siempre es vista con un sentido de identidad, sensibilidad y humanidad.”

Por último, Elia Sánchez reconoce que es prácticamente imposible vivir de cuentacuentos trabajando para una institución. “Así que estamos inmersos en distintos medios: editoriales, escuelas particulares, instancias de gobierno y únicamente trabajando para todos ellos es como se puede vivir de este oficio”.

En su mayoría, asegura que los narradores trabajan como “artistas independientes”, lo cual implica que todos deben estar pendientes de las audiciones, convocatorias y ofertas alternas de trabajo. “Y en la medida en que las instituciones abren estos espacios es como tienen acceso a las ofertas laborales”.

Imaginación aceitada

Hace 16 años Mario Iván Martínez incursionó en el mundo del cuentacuentos y mantiene el mismo objetivo: “Que los niños conozcan lo mucho que hay por respetar y descubrir en la literatura de nuestros pueblos indígenas”.

Y, sobre todo, dar a los niños un amplio abanico de posibilidades literarias y contribuir a la preservación de un legado patrimonial importante mediante los mitos y cuentos de la tradición oral de nuestro país.

¿Incide un cuentacuentos realmente en la formación de lectores?, se le cuestiona al también actor. “Antes que cualquier cosa, los niños deben disfrutar las historias y a través de la narración del padre, del cuentacuentos y de los mentores, podemos contagiar el entusiasmo por la lectura y convertirla en algo disfrutable. El libro se abre para gozarlo primordialmente, pero el primer deber de un libro es distraer y, si de paso ayudamos a la formación cultural… pues qué mejor”.

Lo peor que se puede hacer es anteponer un propósito meramente pedagógico o aburrido al ejercicio de la lectura, porque entonces se vuelve un flagelo. “Definitivamente un libro, un texto o un poema tienen la capacidad de enseñar, pero lo primero es que deben gustar”.

Si un texto no divierte al niño o no lo hace soñar, si no lo hace reír o no lo conmueve, toda enseñanza y filosofía se volverá inútil porque nadie llega a la última página de un libro que es fastidioso, asegura.

En mi caso pienso que no hay felicidad obligatoria. Pero es importante darnos cuenta que si le decimos al niño: ‘Te portaste mal, ahora leerás de la página 88 a la 116’, mientras el padre miras el futbol en la televisión… es poco probable que contagiemos el entusiasmo por la lectura.”

¿Cuál es la base de su trabajo?, se le pregunta. “Que la imaginación de nuestros niños encuentre un estímulo y no sólo en esa oferta tan apabullante, visual y ya resuelta en su totalidad que ofrecen los medios masivos”.

Eso es algo que hacía muy bien Cri-Cri en su programa de radio. Él apostó a la voz y al sonido, a la palabra y la imaginación. ¿Cómo es La Patita o El Ratón Vaquero? Realmente como las concibe cada mexicano en su mente; él apostó a mantener aceitaditos los engranes de la imaginación a través de la música y la palabra, la poesía y la retórica… y de su inagotable imaginación”.

¿Cómo definiría la atención de un  niño?, se le inquiere. “La atención del niño es como una burbuja de jabón que va cayendo al piso, donde tú tienes que soplarle con mucho cuidado y cariño, porque si cae al piso se revienta, luego recuperarla es demasiado difícil. Sin embargo, lo más importante es que los niños abracen nuestras propuestas y las conviertan en propias, en historias que marquen su vida”.

Al respecto, Nacho Casas, quien trabaja como narrador oral desde hace más de una década, dice que uno de los retos del oficio está en cómo atraer a los niños en un mundo, el actual, que visualmente está en constante transformación.

Afortunadamente el arte, la poética del cuentacuentos se va trasformando en beneficio de los distintos tipos de público que tenemos en el siglo XXI,  sin olvidar sus raíces, su esencia, los vertederos de donde se  ha nutrido por años,   incorporando también otros elementos, herramientas e historias,  que logran que los niños y adultos de hoy se identifiquen con lo narrado, y además de manera inmediata.”

Casas refiere el kamishibai, “una hermosa técnica que surgió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Japón sufría la recesión económica. Entonces algunas personas sin empleo idearon regalar narraciones a cambio de que los niños les compraran dulces, una suerte de teatrino ambulante o en bicicleta”.

Incorporarlo a la narración oral es algo más que afortunado, explica, es un hallazgo que puede y debe ser explotado con más frecuencia.  “Es una técnica muy útil para otros tipos de público; por ejemplo, los niños hospitalizados o sordos. En ambos casos el kamishibai es un elemento valiosísimo, una herramienta que se vuelve tu cómplice y un compañero en el arte narrar”.

También se refiere al hip-hop como otra técnica valiosa e interesante. “En un segundo te lleva a una locura de ritmo frenético y el efecto que produce en los chavos es sorprendente, los engancha de inmediato”.

Así que incorporar el hip-hop a la narración oral me parece otro hallazgo. Aunque sólo quiero puntualizar que se debe hacer con sustancia y contenido; y tener la conciencia de que puede ser una herramienta al servicio de la narración”.

“Funky-narración”

Ahora imagine el ritmo de un cuentacuentos que utiliza hip-hop. Sería como una especie de Eminem o 50 Cent, pero con una letra enfocada a los cuentos de Monstruos mexicanos, que escribió Carmen Leñero, o el Diccionario para armar, de El Colegio de México.

Diría algo así: “Si da la hora de jugar o vas allá para explorar / sabrás que te divertirá el diccionario para armar. / Verás que puedes imaginar, / acá la pasarás genial nomás que no terminarás el diccionario para armar”. Éste es el estilo narrativo de Iván Torres, alias Van-T, quien lo define como “funky-narración”.

¡Reconozco al cuentacuentos tradicional!, pero esencialmente yo soy rapero, a eso me dedico, y mi incursión en la narración con rap fue a invitación de una persona que antes trabajaba en Conaculta”.

¿Por qué me he quedado?, se pregunta. “Porque en este campo hay mucha inocencia, honradez y me gusta mucho el mundo de leer literatura para los niños. La idea nació en el año 2000 y me ha gustado mucho”, asegura el rapero y narrador que prepara la adaptación de Precisamente así, de Rudyard Kipling.

A diferencia de otros cuentacuentos, yo trabajo sobre atmósferas que no sólo me ayudan a narrar; la idea es que al final los chicos terminen arriba del escenario en una especie de juego, baile, ritmo y palabras.”

¿Cuál es el mayor reto que enfrenta?, se le inquiere. “No perder estas actividades que intentan conectar a la colectividad, pues las nuevas tecnologías son herramientas que nos vuelven personas solitarias”.

Finalmente, Elia Sánchez habla sobre su trabajo y su experiencia como cuentacuentos. Ella utiliza el kamishibai, una especie de teatro lleno de papel donde el espectador observa y lee la imagen que se le presenta en cada lámina.

Lo cierto es que ella, al igual que sus demás compañeros, coincide en que el papel del cuentacuentos es vital en el acercamiento de los niños a la lectura.

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