Frida Kahlo llega al cómic con el libro ilustrado La casa azul
El artista catalán Tyto Alba publicará en España un libro ilustrado que toma como base los recuerdos (reales o imaginarios) de la cantante Chavela Vargas, quien narró en sus memorias los días felices que vivió con la pintora mexicana
CIUDAD DE MÉXICO, 25 de julio.- Son los últimos años de la década de los ochenta, Chavela Vargas está llegando a los 70 y lucha por dejar el alcohol. Los recuerdos se agolpan y entonces aparecen el dolor y los amores. Ahí está Frida Kahlo, la mujer que la cantante costarricense consideró siempre como “el amor de su vida” y con la que afirmó haber vivido felices días.
Realidad o acaso mentira: la crítica de arte Raquel Tibol manifestó en alguna entrevista que de acuerdo a la evidencias, Chavela ni siquiera habría conocido a Frida y a su esposo, Diego Rivera. Poco importa. Lo que sí fue verdad es que la intérprete de La Llorona siempre reservó un lugar de sus recuerdos para la pintora.
En ese umbral, donde los recuerdos pueden falsear el pasado, Tyto Alba (Barcelona, 1975) ubica su nueva historia: La casa azul, cómic que aparecerá en España, en septiembre próximo, bajo el sello Astiberri y que llegará a México al siguiente mes. Lo que se cuenta ahí son las remembranzas que hace Chavela Vargas de su vida al lado de Frida Kahlo y los juegos de ficción que el autor se ha permitido recreando la vida cultural de la primera mitad del siglo XX en México.
“Hacía mucho tiempo que había leído las memorias de Chavela Vargas, lo que más se me había quedado grabado era el tiempo en que ella había vivido en La Casa Azul. Muy poco antes había visitado el museo, así que podía imaginar las anécdotas que contaba con ese bonito decorado. Aunque no fue sino hasta 15 años después cuando regresé el pasado año en que me planteé en serio dibujar la historia”, cuenta el ilustrador a través del correo electrónico.
En principio, el dibujante se había planteado crear una historia ligera y alegre que incluyera las anécdotas divertidas que Chavela contaba en sus memorias; conforme avanzó en sus investigaciones fue descubriendo que era necesario incluir también a Frida Kahlo y a Diego Rivera, pero también dar paso a la ficción manteniendo en el aire la bruma de incertidumbre que la propia cantante creó en torno a su vida.
“En las anécdotas que Chavela siempre cuenta, hay muchas contradicciones; tampoco existen pruebas ni documentos sobre su amistad que se consideren auténticos. Yo quiero creerla en todo y quiero que el lector también la crea, pero juego un poco con dejar que flote esa duda, no sólo sobre sus palabras sino sobre el resto de los personajes, sobre las anécdotas disparatadas que cuenta Diego Rivera o incluso sobre las cosas que son de mi invención”, dice.
La jugada de Tyto cumple dos funciones en su historia, mostrar que la ficción puede servir para embellecer nuestro propio pasado y la importancia de no perder la capacidad de practicar “el viejo arte de contar historias”. En todas sus obras ese ha sido el ingrediente fundamental: “quiero contar las historias que me gustaría que me contasen, y tratar de transmitir sensaciones mediante imágenes y escenas que tengo en la cabeza. También me gusta ir cambiando de géneros o estilos porque también tengo curiosidad por cosas muy diferentes”.
Si no hay amor que se salve del dolor, el recuerdo de Chavela Vargas no estaría completó sin el carácter atormentado de Frida Kahlo que se ha popularizado. “Era imposible obviar su tragedia, el dolor va unido a ella y también he tenido que mostrarlo, a veces de manera más lírica o a veces de manera más cruda. Pero también aparece esa Frida mitificada, esa “Cleopatra quebrada” que dijo Carlos Fuentes. Una mujer de magnética presencia, que es de quien Chavela se queda fascinada”.
Y Diego Rivera, ¿cómo aparece?, se le pregunta. “Al quedar en esta historia un poco eclipsado por Frida y Chavela, lo muestro con humor, recurriendo a menudo a su físico, a su fealdad y gordura y a su representación como ‘sapo’ que de manera divertida, él mismo promovía. Todo esto en contraste a su éxito con las mujeres daba mucho juego para caricaturizarle. Así es como hablaba de él Chavela, con mucho cariño”.
¿Y juntos? “Como pareja aparecen felices en un momento quizá idealizado por Chavela. Es cuando vuelven a casarse tras crear unas normas de convivencia para no hacerse daño el uno al otro. Ya se ha hablado mucho del sufrimiento de Frida con Diego, pero también hubo buenos momentos y esos son los que Chavela solamente quería recordar. De todas formas aparecen anécdotas sobre infidelidades y malentendidos pero siempre con un tono humorístico”.
La casa azul fue planteada desde sus inicios como una historieta más dentro de la línea de la tradición de cómics franco-belgas que cuentan con un ambiente “más accesible y agradable de leer”, dice el autor. Esa intención ahora provoca algunas risas en Tyto, al final cree que no se ha logrado desprender completamente del estilo “oscuro” que algunas de sus historias tienen. Sin embargo, lo que importa en un cómic, dice, “es ese equilibrio entre narración y dibujo. Con algunos dibujantes más clásicos ocurre que parece que están ilustrando un libro, como si el texto fuese por una parte y el dibujo por otra”.
¿Quién es?
La primera vez que Tyto Alba estuvo en México fue hace 15 años. Vivió un año entre la Magdalena Contreras (en casa del pintor José Antonio Hernández Amezcua, padre de su amigo ilustrador Pablo Hernández), la Narvarte (en un cuarto de azotea) y la colonia Roma. De este lado del mundo, en 1999, el ilustrador editó su primera historieta gráfica bajo el nombre Black River Together, junto con Matt Maden y Jessica Abel, hoy consagrados en el mundo de la ilustración estadunidense. Ya de regreso en España, en 2009 aparecieron –bajo el sello Glénat– los libros Santo Cristo y El Hijo; dos años después publicó Sudd y al siguiente ilustró Sólo para gigante", una historia de Gabi Martínez sobre el asesinato del zoólogo Jordi Magraner, en Pakistán. Con Periférica ilustró Un regalo de Navidad, que incluye dos historias de Robert Louis Stevenson.
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