Federico Castro Castillo: la danza, “entrega de tiempo completo”

A sus 80 años, el exbailarín y coreógrafo ha creado 72 obras y continúa formando a los jóvenes en esta disciplina. Sigue impartiendo cátedra en La Habana

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11/07/2014 04:33 Virginia Bautista
Castro fue integrante del Ballet Nacional de México, que dirigió Guillermina Bravo, a quien considera su máxima maestra.

CIUDAD DE MÉXICO, 11 de julio.- “La danza es movimiento, un movimiento que da libertad”, afirma el bailarín y coreógrafo Federico Castro Castillo (1933), quien a sus 80 años de edad ha creado 72 obras y continúa formando a los jóvenes en esta disciplina.

Ágil, de paso rápido, disciplinado y sonriente, el exintegrante del Ballet Nacional de México que dirigió Guillermina Bravo, a quien considera su máxima maestra, piensa que la danza
—en la que se inició hace 63 años— es una disciplina “muy demandante”, que exige una entrega de tiempo completo si se busca la calidad.

“Primero me formé como bailarín y después tomé un curso de coreografía en México, y otro de repertorio en Nueva York, pero fue Guillermina mi verdadera escuela”, comenta en entrevista quien se considera “una persona necia”, carácter necesario para lograr cosas en este arte.

Tras décadas de bailar y de dar vida a distintas piezas, el creador nacido en Acolman, Estado de México, confiesa que su gran pasión ha sido la docencia, por los que divide su tiempo para enseñar a jóvenes bailarines en Puebla, Querétaro y la Ciudad de México.

“Me encanta estar con la gente joven y tratar de transmitir lo poco que sé o mis experiencias, y cuando hay respuesta, que afortunadamente la tengo, soy muy feliz. Me apasiona realmente la docencia porque hay resultados. Me gusta ver que tengo un grupo de gente que no tiene ni pies ni cabeza y, de repente, la transformación se logra”, agrega.

Imparte cátedra en Cuba

El director del grupo Los Constructores Danza Contemporánea, que formó en 2006, viaja cada año —desde hace ya tres décadas— a La Habana, en donde imparte clases de Metodología, Rectificación de la Técnica, así como Técnica para Grupos Avanzados.

Ahora, del 21 al 26 de julio próximo Castro participará en Tabasco en el diplomado de Actualización Profesional en Danza Contemporánea, organizado por la Dirección de Vinculación Cultural del Conaculta, en el que impartirá el módulo Antecedentes y propuestas de la coreografía contemporánea.

Testigo de la transformación estética que implicó el paso de la danza moderna mexicana a la contemporánea, Castro Castillo destaca que crear coreografías le da “una gran imaginación y el manejo de la gente”, y la docencia le deja la satisfacción de compartir las experiencias que ha tenido.

“Antes era entre costumbrista y abstracto, aunque una característica sea contraria a la otra. Ahora me interesa ver cuáles son los problemas que tenemos a nivel sociedad, qué nos preocupa, qué queremos. Eso motiva mis piezas actuales”, indica.

Por ejemplo, dice, Imágenes, la obra que acaba de terminar, es “sobre una mujer que se prostituye, que la golpean, que se vende; y también retrata a un grupo de mujeres que están en la calle y parejas con conflictos. Es un poco fuerte”.

El autor de Acuariamántima (1975) adelanta que en este momento trabaja en la pieza Jugando con Márquez, inspirada en fragmentos del Danzón No. 2, conocida obra del compositor mexicano Arturo Márquez.

Y narra la historia que representa en movimiento. “Cinco muchachas del pueblo están en la playa y empiezan a jugar, a bañarse. Se cansan y, en su rato de relajamiento, ven pasar a tres muchachos, pero éstos son imaginarios, bailan como sombras en la parte de atrás. Ellas se mueren por bailar con ellos, pero nunca los pueden tocar. Y hay una niña que juega con una tela y la convierte en ropa, en agua, en aire”.

Pero así como es capaz de volver movimiento historias lúdicas, también puede recrear sentimientos como la soledad, es el caso de su solo Estudio sobre la depresión, que aún escribe.

“Es sobre la depresión que causa la soledad de no tener comunicación con nadie, de estar encerrado. Parto de la idea de que puedes estar con una multitud y en realidad estás solo. Aunque estés cerca de la gente, te puedes ir minimizando, aislando. La soledad se ve mucho actualmente. Hay una soledad interna que se justifica sólo con tu presencia. Me daría miedo estar solo. Por eso me siento feliz, porque tengo una comunicación con gente joven”, añade.

Evolución 

Castro está convencido de que en el siglo XXI la danza entró en un proceso de transición en su concepción estética. “Hoy los jóvenes no quieren hacer carrera dancística, sino aprender algo y lanzarse a descubrir el mundo por sí mismos; y entonces caen en una repetición constante y en clichés.

“Yo soy muy disciplinado y voy a todas las funciones que puedo y a veces digo: ¿qué pasa?, otra danza, con distinta música y otro vestuario, y casi lo mismo. Yo estoy haciendo otra cosa, a lo mejor es más malo, pero es diferente.”

Comenta que el próximo 2 de agosto participará en el homenaje que se le rendirá en Querétaro a la coreógrafa Guillermina Bravo, fallecida el 6 de noviembre de 2013, en el que cinco de sus exalumnos recordarán a la maestra junto con las compañías que dirigen. “Es una forma de agradecerle todo lo que nos dio”.

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