Se instalan, otra vez, las goteras en la Biblioteca Vasconcelos

El último piso de la llamada Megabiblioteca se mantiene cerrado al público y lleno de cubetas y jergas, luego de que persiste el problema por filtraciones de agua que ha padecido el recinto desde hace ocho años

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19/06/2014 05:31 Luis Carlos Sánchez

CIUDAD DE MÉXICO, 19 de junio.- Un tintineo rítmico se escucha en el séptimo piso de la Biblioteca Vasconcelos. Esta vez no se trata de la visita de la Orquesta Infantil y Juvenil de México o de cualquier otro grupo que busca amenizar la tarde de los visitantes; las decenas de cubetas multicolores y las jergas que han sido colocadas sobre el piso, tampoco forman parte de una instalación artística.

Todo se debe a esa “maldición gitana” a la que se refiere Daniel Goldin –director de la llamada Megabiblioteca– y que no ha podido solucionarse en el edificio desde 2006, cuando fue inaugurado. Una temporada de lluvias más ha llegado a la ciudad y el edificio proyectado por Alberto Kallach bien podría ser una versión techada de cualquier caída de agua en descampado.

A pesar de que la máxima obra cultural de Vicente Fox costó más de mil 600 millones de pesos y de que fue cerrada durante más de un año (de marzo de 2007 a diciembre de 2008) para corregir las fallas en su construcción –incluidas las goteras– el problema persiste e incluso parece incrementarse en plena temporada de lluvias.

Tampoco los últimos cuatro presidentes del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), ni los cinco directores que ha tenido el espacio, han podido sostener lo que en el discurso han prometido: dejar fuera del inmueble la lluvia. Las escenas con recipientes sobre los anaqueles, de trapos doblados tratando de contener las filtraciones o del personal de limpieza yendo de un lado a otro del edificio secando los pisos, ya no sorprenden a nadie.

Apenas al inicio de este año, Goldin dijo a Excélsior que su administración al frente de la Vasconcelos buscaría trascender el tema de las goteras: “tratar de cambiar una imagen que estaba instalada de que la biblioteca es tres cosas: las goteras, la cafetería y el jardín botánico” (06/01/2014). Meses antes, el funcionario había asegurado que las goteras son “una especie de maldición gitana” en el recinto ubicado en Buenavista (27/06/2014).

Entonces, explicó que la impermeabilización del inmueble era un pendiente que dejó la administración de Consuelo Sáizar cuando estuvo al frente de Conaculta, debido a que se retrasaron los pagos para la empresa contratada (Gode Grupo Constructor S. A. de C. V.). Ya bajo la presidencia de Rafael Tovar y de Teresa el asunto tampoco ha avanzado a pesar de que Goldin afirmó que la impermeabilización quedaría concluida a lo largo de 2013: “se está tratando de concluir el contrato que ya está establecido” y por el que el Conaculta pagó en 2012 seis millones 637 mil 881 pesos.

Las promesas han sido arrastradas como si se tratara de agua. El martes pasado, cuando la lluvia también evidenció los problemas de filtración en el Senado de la República, la Megabiblioteca volvió a sufrir los estragos. En el séptimo nivel del edificio, que permanece cerrado al público desde hace un año ocho meses, los pisos prácticamente han sido tapizados con cubetas y jergas que tratan de contener el agua. El mobiliario que ahí permanece ha sido tapado con plásticos.

Las paredes lucen manchadas por el escurrimiento del líquido y en uno y otro lado se ven pequeños encharcamientos que deben ser limpiados una y otra vez. Pero el problema no se queda en la parte superior del edificio, algunas goteras llegan hasta la zona donde se ofrece el servicio de fotocopiado y de préstamo a domicilio.

La escena con cubetas y jergas tratando de contener las filtraciones, se repite en una de las salas de la planta baja. Y en la zona de oficinas, el personal se ha comenzado a acostumbrar a trabajar con parte del mobiliario cubierto con plásticos, desde el área dedicada al acervo de consulta se ve más de un mueble cubierto.

Ayer, este diario intentó conocer si existe una medida especial para la temporada de lluvias pero hasta el cierre de esta edición, la oficina de comunicación del Conaculta no ofreció información al respecto. En febrero de 2012, Excélsior informó que las cubetas y jergas se volvieron una herramienta más de trabajo para la biblioteca. Estas últimas, se pueden observar por montones en un área del estacionamiento que ha sido habilitada para guardarlas y secarlas.

Las filtraciones parecen ser el signo de la biblioteca. En mayo de 2006, el recinto fue inaugurado inconcluso  en plena campaña electoral, por el expresidente Vicente Fox. Ya en el acto inaugural, al que asistió buena parte de la comunidad cultural del país –incluido Carlos Fuentes– se observaron baños fuera de servicio, elevadores con desperfectos y colecciones de libros sin clasificar, así como goteras.

En marzo de 2007, Conaculta (bajo la administración de Sergio Vela) decidió cerrar de forma indefinida la biblioteca para arreglar los problemas en su construcción. En diciembre del siguiente año, el recinto finalmente abrió nuevamente sus puertas; los problemas sin embargo seguían ocultos y bastó la llegada de la primera temporada de lluvias para sacarlos a flote. Hoy, a más de ocho años de su apertura y a pesar del gasto que  representó su construcción, las goteras siguen siendo un problema que difícilmente podrá ser solucionado en tiempo de lluvia.   

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