Sinaia el buque de la vida

El barco que llegó a Veracruz hoy hace exactamente 75 años transportó durante sus dos décadas de existencia no sólo a republicanos españoles

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13/06/2014 05:54 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 13 de junio.- Lo llamaron el buque de la vida. En sus camarotes lo mismo que en cubierta, transportó durante poco más de dos décadas a miles de peregrinos, desde turistas franceses, nudistas, sobrevivientes de guerra, militares y hasta exiliados españoles.

Fue el barco Sinaia, construido ex profeso para llevar cargamento humano, y el cual hace 75 años hizo su primer servicio al puerto de Veracruz, donde el 13 de junio de 1939 desembarcó a mil 599 refugiados que huían de la Guerra Civil Española; ellos fueron los primeros en beneficiarse con la política de asilo del entonces presidente de México, Lázaro Cárdenas del Río.

La historia del buque se traza de 1924 a 1946, es decir, 22 años durante los cuales surcó el mar que separa Europa y América,  y si bien su nombre se asocia directamente con los relatos de españoles refugiados en México a partir de la década de los 30 del siglo pasado, en realidad el Sinaia sirvió más que como transporte de exiliados.

Construido en 1924 por la empresa astillera Barclay, Curle & Co, en Glasgow, Escocia, el Sinaia pertenecía a la operadora Fabre Line de Marsella, que lo bautizó con este nombre en honor a la población donde se encuentra el castillo de Peles, la antigua residencia de la familia real de Rumania. Fue precisamente la reina María de Rumania quien amadrinó el lanzamiento del buque.

El Sinaia medía 112 metros de longitud y pesaba 12 mil toneladas; viajaba a una velocidad de 14 nudos y se planeó para transportar a 132 pasajeros en cabina y 522 en la zona de tercera clase, aunque cuando llevó refugiados españoles cargó hasta mil 599 personas en un solo viaje.

Antes de atracar en el puerto de Veracruz, el buque tenía una extensa trayectoria en recorridos por numerosos rincones del mundo. “En sus planchas de metal se escribieron historias de migrantes entre Marsella y Nueva York, de peregrinaciones musulmanas a La Meca, de expediciones nudistas recorriendo el Mediterráneo, de soldados franceses en su regreso a casa”, cuenta Luis Enrique Moguel Aquino, historiador del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM).

En él también viajaron los sobrevivientes del ejército de Wrangel, Donikin, y soldados retirados que viajaban entre los puertos de sus bases militares. Tres años después de su llegada a Veracruz, el Sinaia fue decomisado por el gobierno de la Alemania nazi y durante dos años más lo ocuparon como hospital en flota.

Los viajes del buque terminaron en 1944, el último año de la Segunda Guerra Mundial, cuando el ejército alemán lo echó a pique para que sirviera como bloqueo en altamar ante el avance de los aliados occidentales que ya habían invadido Francia. Permaneció en el fondo del océano dos años más, y finalmente en 1946 fue reflotado y desbaratado por completo.

“A finales de la primavera de 1939, (el Sinaia) fue el escenario de una historia de solidaridad y esperanza”, señala Moguel Aquino sobre el buque que formó parte de una serie de embarcaciones que durante la primera mitad del siglo XX redujeron la distancia entre España y México.

El 7 de julio de 1939 también arribó al puerto de Veracruz el vapor Ipanema con 998 exiliados a bordo, y el 27 de mismo mes el Mexique con dos mil 200 más. Desde 1937 hasta 1942, se calcula que llegaron en barco al país cerca de 22 mil refugiados a partir de la política de asilo del gobierno mexicano.

Un viaje de hacinamiento

El trayecto más conocido del Sinaia fue el que hizo del puerto de Sette, en Francia, al de Veracruz, en México, entre mayo y junio de 1939. Fue un viaje de 18 días con mil 599 pasajeros a bordo, entre escritores, periodistas, abogados, ingenieros, niños y mujeres con historias distintas, pero un solo objetivo: huir de la guerra.

De acuerdo con las estadísticas del que fuera el Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles, a donde los viajeros llevaban la solicitud de exilio, la población que zarpó el 23 de mayo del puerto parisino fue de 307 familias compuestas por 953 varones, 393 mujeres y el resto niños menores de 15 años.

De la lista de pasajeros destacan nombres como el de Pedro Garfias, Tomás Segovia, Ramón Xirau, José Gaos, Eduardo Nicol, Adolfo Sánchez Vázquez, Julio Mayo, Manuel Andújar y Benjamín Jarnés. “Durante las tres semanas de travesía, incómoda y perturbadora, el nombre del barco se reprodujo: nació un nuevo pasajero, una niña que se llamaría Susana Sinaia Caparrós Cruz”, recuerda Moguel Aquino.

Aun cuando el viaje representaba una oportunidad de vida para los exiliados, éste fue un trayecto de padecimientos: condiciones de hacinamiento, hambre, incertidumbre y dolor de abandonar el país.

A pocos días de iniciar el viaje, los intelectuales imprimieron con un mimeógrafo un periódico que tomó el nombre del barco, en el que se incluían noticias del mundo recibidas a través de un radio y entrevistas acerca de México.

También realizaban conferencias sobre temas generales de historia, geografía, sociedad, economía y política de México para conocer el país que los recibiría; incluso entre la tristeza apareció la música de la Banda Madrid, antigua banda del 5º Regimiento, que amenizó el trayecto con pasodobles y zarzuelas.

A las cinco de la tarde del 13 de junio de 1939, el Sinaia atracó en el puerto veracruzano, y una comitiva del gobierno mexicano junto con 20 mil personas de sindicatos y asociaciones civiles dieron la bienvenida a los refugiados.

“No os recibimos como náufragos de la persecución dictatorial a quienes misericordiosamente se arroja una tabla de salvación, sino como a defensores aguerridos de la democracia republicana y de la soberanía territorial, que lucharon contra la maquinaria opresora al servicio de la conspiración totalitaria universal”, declaró en la ceremonia Ignacio García Téllez, entonces ministro de Gobernación de México.

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