Arman rompecabezas de un mural en El Tajín

Después de tres años de trabajo se ha logrado recuperar un tercio de la pieza compuesta por guerreros y cautivos; el primero casi completo en un interior

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20/05/2014 09:29 Juan Carlos Talavera

CIUDAD DE MÉXICO, 20 de mayo.- Rescatan más de ocho mil fragmentos de un mural prehispánico sepultado a casi cuatro metros de profundidad en el Edificio 40 del conjunto arquitectónico Las Columnas de El Tajín,  Veracruz, considerado la sede del poder político no sólo de la antigua ciudad, sino de un vasto territorio que abarcaba la llanura desde el río Tuxpan hasta la Sierra de Chiconquiaco, justo en los límites de la nucleoeléctrica de Laguna Verde.

La excavación y la reconstrucción de este mural suman ya tres años de trabajo; y la reintegración de sus fragmentos permitirá a los arqueólogos comprender los alcances comerciales de El Tajín en Mesoamérica y obtener nuevos datos sobre el pensamiento simbólico y la ritualidad de los antiguos habitantes de El Tajín, entre los años 800 y 1100 de nuestra era, tiempo en el que dominó el linaje de 13 Conejo, revela a Excélsior Arturo Pascual Soto, arqueólogo e investigador de la UNAM.

El Edificio de las Columnas es considerado uno de los más importantes de El Tajín. Fue llamado así porque exhibía originalmente dos pórticos con techos planos, sostenidos por columnas de piedra esculpidas con relieves que se refieren a los gobernantes de este periodo, a las guerras que sostuvo la ciudad y a los enemigos que fueron capturados.

El Edificio 40 es una plataforma piramidal relativamente pequeña, construida en el costado sur del imponente Edificio de las Columnas, el cual permitió hallar los restos de un mural que originalmente recubría el interior de un primitivo aposento. Dicho mural fue desmontado intencionalmente de los muros que alguna vez lo exhibieron, alrededor del año 980 d.C., por tanto destruido y reutilizado en partes como relleno constructivo.

“Así que lo que hemos extraído es parte del relleno constructivo del Edificio 40. Es decir, hemos explorado sus entrañas, aunque también es cierto que se conservan restos de murales de otras etapas constructivas”, explica.

Sobre las dimensiones del Edificio 40, detalla que su base alcanzó los cuatro metros de altura y que sirvió a la construcción de un aposento particularmente largo. “Hemos trabajado durante tres años en su excavación y es probable que nos llevará otros dos para recuperar la mayor parte del mural”.

El hallazgo es de vital importancia, asegura Arturo Soto, pues aunque existen otros edificios que han permitido hallar en El Tajín fragmentos murales, lo que no había sucedido hasta ahora era encontrar murales completos desechados y enterrados en la antigüedad, apilados como basura en el interior de un edificio.

“No es común descubrir un mural deliberadamente separado de las paredes que originalmente lo mostraban, convertido en pedacería y utilizado en el relleno constructivo junto con toneladas de tierra, piedras, tiestos y toda clase de basura destinada a aumentar las dimensiones de la edificación que que era objeto de una reforma arquitectónica”, explica.

Mural dinástico

El mural está compuesto por una serie de registros horizontales, es decir, los muros del aposento estaban divididos en bandas ocupadas por escenas distintas. Hay representaciones de dioses, un mascarón frontal de Tláloc, y un conjunto de seres sobrenaturales que se le asocian y que cargan grandes caracoles en la espalda.

“Luego del análisis, hoy sabemos que la mayor parte del mural estaba compuesta fundamentalmente por guerreros, templos y la representación de algunos cautivos. En su caso, los guerreros visten yelmos de jaguar y llevan el cuerpo pintado, figurando el pelaje de este animal. Sin embargo, por ahora estamos en el proceso de estudiar la comunicación cifrada en este antiguo mural”.

Paralelamente, el investigador ha detectado algunos individuos con los cuerpos pintados de color negro que, siendo los menos en las escenas, podrían estar relacionados con los sacrificios rituales y con Venus.

“Aunado a esto, puedo decirte que el mural parece que estuvo ‘manchado’ antes de su destrucción. Así que, por ahora, el doctor Luis Barba, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, está estudiando sus pigmentos, y lo lleva a cabo con la cal de los morteros y con estas extrañas manchas”.

¿Qué significado tienen esas manchas?, se le pregunta. “Es posible suponer que correspondan a una serie de sustancias orgánicas que fueron derramadas o salpicadas accidentalmente durante la celebración de los rituales que se efectuaban en el aposento”.

Esto quiere decir que las manchas tienen que estar relacionadas con la manera de celebrar rituales dentro del edificio. “Por eso estamos estudiándolas con tanto cuidado, ya que pueden corresponder a líquidos que se arrojaron no sobre los murales, sino sobre los individuos que participaban en aquellas ceremonias. Así que éste podría ser el testimonio incidental de las manifestaciones religiosas que tuvieron como escenario el propio aposento”.

En relación al discurso del mural, menciona que “parece ser un discurso dinástico, puesto que Tláloc es posible que se tuviera como el ancestro común de los linajes de gobernantes en la región”.

¿Qué diferencia hay entre este mural y los que hay en otros lugares de El Tajín?, se le pregunta. “Éste es el primero casi completo hallado en el del interior de un aposento. A diferencia de los encontrados en los edificios I y 11 de la misma zona. Pero sobre todo, éste es el único que reviste la forma de una crónica y por ello se acerca de manera singular a los relieves escultóricos del propio Edificio de las Columnas”.

‘Hubo intromisiones’

Hasta el momento, el estudioso del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) asegura que la excavación ha logrado recuperar un tercio del mural. “Y podría requerir varios años más de trabajo, dependiendo de la complejidad que presenten los contextos en excavación. Recordemos que es algo similar el armado de un rompecabezas, aunque lamentablemente sin disponer de una fotografía del conjunto. Pero entre más piezas obtengamos será posible estar más cerca de su reconstrucción final”, asegura.

Y sobre cuál ha sido la mayor dificultad, narra que “este trabajo exige un proceso de excavación particularmente lento y esto ha hecho que el trabajo tome un tiempo verdaderamente extraordinario. La obtención de los fragmentos es laboriosa y su conservación lleva tiempo, sin dejar de lado que debemos preocuparnos en todo momento por la integridad del edificio, ya que el trabajo arqueológico se desarrolla a más de cuatro metros de profundidad en un relleno constructivo particularmente inestable”.

¿Qué faltaría por recuperar? “Buena parte del mural. Aunque debo agregar que hemos enfrentado una serie de ‘intrusiones’, es decir, anomalías en la disposición original del relleno, que corresponden al año 1200 d.C., de las cuales aún no sabemos hasta qué punto comprometieron la conservación de todas las partes del mural. Se trata de una serie de intrusiones, de excavaciones a manera de calas, que se propusieron, en la época prehispánica, localizar y retirar las ofrendas dejadas en la antiguedad”.

¿El mural refiere a algún gobernante? “No el mural, no hasta ahora, pero en los relieves del Edificio de las Columnas encontramos el nombre de 13 Conejo, quizá un linaje o una sucesión de gobernantes que se distribuyeron a lo largo de 200 años de gobierno y que ocupan la totalidad del periodo Epiclásico, es decir, hacia el año 850-1150 d.C.

¿Por qué es necesario reconstruir este mural?, se le pregunta. “Porque los murales son un vehículo extraordinario como para recomponer capítulos enteros del pensamiento simbólico de una época”.

Relaciones comerciales

Hasta el momento, el investigador, junto con su equipo de trabajo, ha logrado esbozar lo sucedido en el Edificio 40, las reformas que experimentó y las características de su arquitectura y pintura mural.

“Ahora podemos seguir con mucho mayor detenimiento su historia y afinar sus secuencias cerámicas. Hemos logrado fechar directamente los murales y dar cuenta de sus etapas constructivas. En suma, nos ha permitido mirar de mejor manera esta etapa de la historia de la ciudad”.

Respecto a otros datos que esté aportado este edificio, dice que hay información nueva. “Por ejemplo, hemos encontrado cerámicas que proceden de la zona de los Tuxtlas, de la cuenca del Papaloapan y de Oaxaca. Es decir, ahora comprendemos más los alcances comerciales de El Tajín en Mesoamérica.

“También hay cerámica que parece ser exclusiva de este conjunto arquitectónico, de probado uso ritual y que se utilizó durante un periodo muy corto de tiempo”, precisa.

Por otro lado, el investigador también recuerda que gracias a estos trabajos ha sido posible tener noticias del incendio, reportado hace años por José García Payón para El Tajín, el cual sí sucedió pero no fue el causante del abandono de la antigua ciudad, ya que se ha verificado que sucedió alrededor del año 1400 de nuestra era, en una época en la que la ciudad ya se encontraba en ruinas.

Finalmente, Soto lamenta que hasta ahora no hayan aparecido tumbas de los gobernantes de El Tajín. “Espero que algún día las encontremos, puesto que serían un medio formidable para estudiar el pensamiento simbólico que rodeaba la muerte de un gobernante. Pero a falta de esto tenemos por lo pronto los murales, que completan nuestra visión de tan antigua civilización”.

Arturo Pascual Soto es investigador titular del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Ha sido profesor de asignatura de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. Además, ha publicado numerosos artículos y es autor de los libros como Iconografía arqueológica de El Tajín, El arte en tierras de El Tajín, En busca de los orígenes de una civilización: El Tajín en vísperas del Clásico tardío y El Tajín, arte y poder.

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