Carlos Fuentes siempre necesitó a sus tres amigos, Paz, Cortázar y García Márquez

Una relación fraternal se observa en la correspondencia que el autor de Terra nostra sostuvo con tres grandes de las letras latinoamericanas, durante los años 50, 60, 70 y 80 del siglo XX, que se abrió a la consulta el jueves pasado en la Biblioteca Firestone de la Universidad de Princeton, tras 19 años de estar sellada

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18/05/2014 05:23 Virginia Bautista

CIUDAD DE MÉXICO, 18 de mayo.- El argentino Julio Cortázar (1914-1984) y el colombiano Gabriel García Márquez (1927-2014), fallecido apenas el pasado 17 de abril, fueron los otros dos grandes amigos del novelista y ensayista mexicano Carlos Fuentes (1928-2012). Los otros dos universos que exploró y de los cuales también se “alimentó”.

Junto con el poeta Octavio Paz (1914-1998) —a quien Fuentes conoció en París en 1950 y con quien tuvo una relación casi filial, apasionada y de admiración mutua—, Cortázar, quien también fue muy cercano al Nobel de Literatura mexicano, y García Márquez, constituyeron esa tríada afectiva indispensable que siempre buscó el autor de Terra nostra.

Esto se observa en la correspondencia que Fuentes sostuvo con estos tres grandes de las letras latinoamericanas, durante los años 50, 60, 70 y 80 del siglo XX, que se abrió a la consulta el jueves pasado en la Biblioteca Firestone de la Universidad de Princeton, tras 19 años de permanecer cerrada.

La casa de estudios estadunidense adquirió el archivo personal de Carlos Fuentes, integrado en 180 cajas, en 1995. Desde entonces, a petición del cuentista, se selló parte de su correspondencia, entre ella la sostenida con Paz, Cortázar y García Márquez, entre otros, y solicitó que se abriera dos años después de su muerte, fecha que se cumplió el pasado 15 de mayo.

Además de las misivas de los autores citados, las cajas 305 y 306 resguardan el intercambio epistolar de Fuentes con Guillermo Cabrera Infante, José Donoso, Philip Roth, Hélène Cixous, Roberto Fernández Retamar, Norman Mailer, María Ramírez y Jean Seberg. Material que constituye un “tesoro” literario aún por explorar.

La correspondencia entre Fuentes y Paz, detallada por Excélsior ayer y anteayer, evidencia que estos escritores fundamentales del siglo XX mexicano siempre se necesitaron el uno al otro, les urgía saber qué estaban escribiendo, qué pensaban de cierto suceso político o social, a qué amigos veían, cómo estaban sus esposas; pero, principalmente, leerse, admirarse, porque esto los retroalimentaba.

No fue tan diferente su relación con Cortázar y García Márquez, sólo variaba el grado de intensidad. De los novelistas, Fuentes disfrutaba la diferente personalidad de cada uno, admiraba y respetaba la soledad que prefería el argentino y se sumaba a la fiesta y a la explosión de las palabras del colombiano, que se refería a él como “Hermanazo” o “Máster querido”.

Del intercambio epistolar entre Fuentes y el autor de Rayuela existen unas 60 misivas escritas por ambos, reunidas en los fólders 3 y 4 de la Caja 305, fechadas de 1955 a 1968 y de 1969 a 1982, respectivamente.

La relación fue iniciada por el mexicano, quien el 16 de noviembre de 1955 le envió a Cortázar una carta desde la Ciudad de México a París, aún le hablaba de usted, en la que lo invitó a colaborar en la Revista Mexicana de Literatura, que él dirigía, junto con Emmanuel Carballo, y le mandó un ejemplar.

El argentino le respondió el 21 de diciembre de ese mismo año, le dijo que en general veía bien la revista, que ya la había circulado entre sus amigos y le envió un cuento para que lo publicara. Además, le confesó que leyó Chac Mool, el primer relato que publicó Fuentes, y que soñó con ese personaje maya.

Dos idealistas

Esa fue la puerta de entrada al mundo mágico en el que transcurrió su amistad. Durante décadas se comentaron ampliamente sus obras. Fuentes le dedicó una misiva, la del 18 de enero de 1963, a narrar su fascinación por Rayuela. Y el Gran Cronopio alabó la novela del mexicano, La región más transparente; le narró que significó mucho para él, pero también detalló lo que no le gustó de la obra. Lo mismo hizo con Aura.

Fuentes y Cortázar eran igual de idealistas. Ambos presenciaron en la Universidad de la Sorbona de París el despertar estudiantil de mayo de 1968, vibraron con él, lo vieron venir y lo comentaron durante años. Se detallaban los viajes emprendidos, los trabajos que hacían, se comentaban los libros que iban publicando y también compartían la nostalgia cuando tardaban en ver a Octavio Paz. Aunque Cortázar, a diferencia de Fuentes, sí pudo pasar con él unas semanas en la India.

Ambos eran muy cercanos al cineasta Luis Buñuel y a los escritores Mario Vargas Llosa y García Márquez. Incluso, Fuentes invitó a Julio Cortázar a Yucatán el 15 de agosto de 1964, pero éste rechazó la invitación tras explicarle que detestaba los encuentros de escritores, “no me siento auténtico”, que le gustaba estar solo, tomando “su matecito” en París.

La amistad fue estrecha hasta el final de la vida de Cortázar. La última carta que éste le escribió a Carlos fue el 6 de diciembre de 1982, pequeña, a mano, con la letra temblorosa, le comentó que no podía ya escribir mucho por su enfermedad y reiteró que lo extrañaba.

Con García Márquez era todo lo contrario. Parecían arrebatarse la palabra (escrita), todo era estruendo, broma, comentaban los momentos felices. La Caja 305 guarda una veintena de misivas sin fecha ni lugar que Gabo le envió al autor de La muerte de Artemio Cruz sobre varios temas.

Fuentes le mandó al autor de Cien años de soledad, Nobel de Literatura 1982, cuya novela lo enloqueció, decía no había leído nada así en su vida, unas 18 cartas, la última el 14 de mayo de 1992. A los tres les
preocupaban los mismos temas: los movimientos estudiantiles, las dictaduras, el escaso apoyo a la cultura, la censura a los escritores, la Revolución cubana y la literatura latinoamericana, entre otros. Todo el tiempo estuvieron atentos a sus respectivas obras, las festejaban y las promovían.

Los nombres de estos tres amigos se conservan unidos en la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar, que Fuentes y Gabo crearon hace 20 años en honor del autor de Las armas secretas, a partir de una beca que les otorgó el gobierno mexicano.

Hoy, la Universidad de Guadalajara, que cofinancia esta iniciativa, está dispuesta a mantenerla con vida en memoria de los tres.

 

Revisión, bajo una estrecha vigilancia

De manera ordenada, sin multitudes y bajo estricta vigilancia, únicamente dos personas pudieron consultar el pasado 15 de mayo —día en que se cumnplieron dos años de la muerte de Carlos Fuentes— las copias, no los originales, de la correspondencia contenida en las únicas dos cajas selladas, de las 180 que integran el archivo personal de Fuentes adquirido en 1995 por la Universidad de Princeton, Nueva Jersey. Los momentos mágicos, poéticos, parecían romper el silencio de la pequeña sala de lectura, pero ninguno de ellos podían fotografiarse, copiarse entero ni mucho menos reproducrirse en ningún formato, según disposiciones de la universidad.

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