FOTOGALERÍA: Hallan el esqueleto más antiguo de América

El INAH dio a conocer que la mujer con más de 12 mil años de antigüedad, fue localizada en la cueva del "Hoyo Negro" en Quintana Roo

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16/05/2014 04:00 Luis Carlos Sánchez/ Fotos: INAH

CIUDAD DE MÉXICO, 16 de mayo.- Una mujer que vivió hace más de 12 mil años se ha convertido en el eslabón hasta ahora desconocido para revelar el origen del hombre americano. Los restos óseos de la Joven de Hoyo Negro o Naia (bautizada así en honor de la ninfa del agua dulce de la mitología griega), han permitido asegurar, con toda certeza, a un grupo de especialistas mexicanos y extranjeros, que los primeros pobladores de América proceden de Siberia a través del Estrecho de Bering.

“Nos faltaba encontrar este eslabón para confirmar que los primeros pobladores de América vienen de Siberia, no de otra parte; hay otras teorías que hablan de que vienen de Eurasia o de Asia del Sur o inclusive de Europa, hay otra que dice que de África, pero los primeros pobladores de América, los paleoamericanos vienen de Siberia, pasaron por el Estrecho de Bering o la zona de Beringia y en el continente se fueron adaptando”, afirmó Pilar Luna, subdirectora de Arqueología Subacuática del INAH y codirectora del proyecto que estudia a Naia.

La antigüedad del espécimen, que es considerado el más completo y genéticamente intacto encontrado en todo el continente, ha sido fechada entre 12 mil y 13 mil años y corresponde a una joven de entre 15 y 16 años que midió metro y medio. Naia habría muerto en la cueva donde fue localizada hace tres años, hoy inundada y denominada Hoyo Negro, muy cerca de Tulum, en Quintana Roo.

La edad de los restos —los más antiguos encontrados hasta hoy— y su origen asiático beringio llevaron a los científicos a determinar el origen siberiano del hombre americano. “Además de arrojar una edad de entre 13 y 12 mil años, los resultados indicaron que se trata de una joven de origen asiático beringio, de alogrupo cromosoma materno D, identificado con las migraciones que llegaron a América desde Siberia y sub alogrupo D1, que sólo tiene lugar en este continente”, dijo Luna.

Según la especialista, los análisis permiten asegurar que el hombre americano llegó como una expansión de población temprana fuera de Beringia y “no una migración anterior desde otra parte de Eurasia”. Para lograr el fechamiento preciso de Naia, los científicos realizaron análisis de ADN mitocondrial —en cuyo código genético se pueden rastrear linajes muy antiguos en el tiempo—, Carbono14 mediante acelerador de espectrometría de masas AMS y uranio-torio.

Para obtener la fecha fueron utilizados restos de semillas, guano de murciélago frutero y racimos de calcita formados sobre los huesos, así como aspectos de la formación del sitio y mediciones de los cambios en el nivel del mar que en la edad de hielo era de por lo menos 120 metros debajo del actual nivel.

El descubrimiento, agregó Luna, confirma la hipótesis de que los paleoamericanos y los grupos indígenas contemporáneos del continente provienen de una sola población, “aunque no todos comparten una relación lineal; gracias a los resultados sabemos que las diferencias entre la forma cráneo facial de los indígenas contemporáneos y sus predecesores paleoamericanos se deben a cambios evolutivos posteriores al viaje por Beringia”.  A pesar de esta “microevolución”, afirmó, hay rasgos como el diente de pala (o delanteros superiores) o características del paladar que el hombre americano actual comparte con su primer ancestro.

Descubrimiento casual

Cuando la potente luz de la lámpara iluminó el cráneo de Naia, “nos daba la impresión de que era la primera vez que veía a alguien después de 10 mil años”, narró el buzo y explorador Alberto Nava Blank, una de las tres personas que realizaron el descubrimiento de los vestigios de manera fortuita. La caverna de Hoyo Negro fue localizada en mayo de 2007. “Ese día empezamos la exploración del cenote La Virgen, a ocho kilómetros de la costa del Mar Caribe, descendimos en un cenote con agua cristalina y seguimos un túnel lleno de agua, por un kilómetro bajo el agua y luego nos internamos en Hoyo Negro”, recordó.

“El lugar era increíble, llegamos y el piso desapareció; todo era negro en todas las direcciones”. De esa oscuridad nació el nombre que bautizó la caverna. Los exploradores encontraron además restos óseos de mamíferos con 36 mil años de antigüedad como gonfoterio (ancestro del elefante actual), tigre dientes de sable, tapir gigante, cerdo de monte, murciélago frutero, perezoso de tierra tipo Shasta, oso, puma, lince, coyote y coatí; en total sumaron los restos de 26 animales, lo que ha llevado a los especialistas a denominar a Hoyo Negro como el “contexto paleontológico perfecto”.

El hallazgo del año

Los detalles en torno al descubrimiento en Quintana Roo estuvieron en la última semana bajo un embargo informativo que no podía ser violado hasta ayer a las 13:00 horas. En punto de esa hora, la noticia de Naia comenzó a ocupar los portales de todo el mundo calificándolo incluso como el descubrimiento del año. El artículo detallado del hallazgo será publicado hoy por la revista Science.

La investigación ha sido denominada Proyecto Arqueológico Subacuático Hoyo Negro, Tulum, y además de Luna, es codirigido por James C. Chatters, antropólogo y paleontólogo de Applied Paleoscience and Direct AMS, quien descubrió el llamado Hombre de Kennewick; Dominique Rissolo, arqueólogo del Instituto Waitt; así como Nava Blank y Roberto Chávez Arce, miembros del Proyecto Espeleológico Tulum (PET).

Tanto el INAH como National Geographic Society, el Instituto Waitt, el Archaeological Institute of America y la National Science Foundation, han participado en el auspicio de la exploración.

Los análisis a los restos fueron realizados y verificados en los laboratorios Applied Paleoscience and Direct AMS de Washington y en los de las universidades de Nuevo México, Pennsylvania, Washington, Texas en Austin, Illinois en Urbana-Champaign, McMaster en Canadá, Northwestern en Illinois y Copenhague en Dinamarca.

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