Hacienda de Arroyozarco, valioso vestigio en riesgo

Desde este lugar partían los jesuitas que evangelizaron Baja California y durante los siglos XVIII y XIX fue no sólo un punto estratégico para el intercambio de materias primas, sino estación de reposo de Maximiliano, además de referencia mencionada por Manuel Payno. Hoy esta joya histórica de Aculco podría perderse.

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13/04/2014 05:41 Luis Carlos Sánchez/Enviado

CIUDAD DE MÉXICO, 13 de abril.- A la vera de los vestigios de lo que fue la antigua casa del mayordomo de la hacienda de Arroyozarco, aún se distinguen, entre la hierba, las piedras oscuras que conformaron el sendero del antiguo Camino Real de Tierra Adentro. Por un lado, se dice, transitaban los peones y sus mujeres; del otro y diferenciado por una delgada línea —también de piedra— caminaba el hacendado, sus invitados o su familia.

Durante siglos, la hacienda de Arroyozarco, en Aculco, Estado de México, fue clave en la ruta que unió a la Ciudad de México con la de Santa Fe, en Estados Unidos. Desde ahí partían los jesuitas que evangelizaron los territorios de Baja California y fue estación imprescindible en el intercambio de productos o lugar de reposo. Ahí pernoctaron, entre otros, Maximiliano de Habsburgo, Guillermo Prieto o Porfirio Díaz.

Su importancia, sin embargo, no valió para que el sitio fuera incluido en la declaratoria como Patrimonio de la Humanidad que la UNESCO hizo en 2010 del Camino Real de Tierra Adentro; por el contrario, sus vestigios sufren los estragos del abandono y el paso del tiempo. Conflictos legales entre particulares, muros y entrepisos que han comenzado a colapsar, reparaciones que han alterado las características originales y un crecimiento desmedido y desordenado de la mancha urbana en los alrededores, amenazan los restos que aún quedan de la antigua construcción, cuyos orígenes se remontan al siglo XVII.

En las pésimas condiciones de conservación del conjunto arquitectónico, ve el historiador Javier Lara Bayón, autor del libro Arroyozarco, Puerta de Tierra Adentro (Instituto Mexiquense de Cultura, 2003), el desdén que se le dio al lugar para ser incluido en la declaratoria: “Las razones de no haberse incorporado desde un principio son básicamente dos: el mal estado de conservación del sitio o la degradación del contexto en el que se encuentra”, señala en entrevista.

El ejido de Arroyozarco se encuentra a 12 kilómetros de la cabecera municipal de Aculco, en cuya plaza principal una placa certifica que el pueblo forma parte de los 60 sitios que conforman el Camino Real de Tierra Adentro. El sitio, dice Lara Bayón, “no forma parte de los 60 sitios incluidos en el Camino Real”. ¿Por qué?, se pregunta, “se le excluyó por su lamentable estado de conservación y la ausencia de planes para su protección, restauración y control del crecimiento urbano”.

Javier Escamilla era regidor de Aculco en 2010, cuando el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) logró la inscripción de la ruta en la lista de la UNESCO; en entrevista recuerda que nunca se tomó en cuenta a Arroyozarco para incluirlo en la declaratoria: “Durante el tiempo que se preparó la propuesta nunca vi que se pusiera atención o se mencionara; se ignoró, no hubo un análisis para determinarlo”, dice.

Patrimonio en conflicto

Javier Lara Bayón calcula que la hacienda de Arroyozarco habría abarcado en su época de auge hasta 30 mil hectáreas; actualmente la tierra está repartida entre diferentes dueños, pero han sobrevivido cinco conjuntos arquitectónicos que conformaron el casco: las ruinas de la casa principal o hacienda jesuita en cuya entrada principal aún se conserva un escudo de la orden religiosa elaborado en tezontle que marca el año de 1723.

A su lado está en pie y al servicio del culto la capilla, que posee una portada en cantera rosa del siglo XVIII, pero que fue modificada en el siglo XIX; más adelante se encuentra la que fue la casa del mayordomo conocida como El Despacho, por ser sede de la administración de la hacienda; desde ahí, a unos 300 metros se observa el edificio que albergó el mesón u hotel de diligencias, cuyos viajantes utilizaban para pernoctar.

En el horizonte se alza aún la estructura de lo que fue uno de los dos molinos con que contó la hacienda y que luego albergó la fábrica de mezclilla El Progreso. A excepción de la capilla que aún se utiliza para el culto y del conjunto que conforma el molino (propiedad del empresario Jorge Girault, quien se ha preocupado por conservar el edificio), el resto de los vestigios está a la deriva.

De la casa principal jesuita sólo se perciben gruesas y resistentes ruinas entre las que en ocasiones se lleva a pastorear a las ovejas; el predio ha sido utilizado de diferentes formas como taller mecánico y en la actualidad hay un almacén de plástico; su último dueño fue el aculquense Agustín Cruz, quien antes de morir lo vendió a un empresario queretano al que los hijos de Cruz no le reconocieron la compra, por lo que continúan en un conflicto legal.

El Despacho se encuentra subutilizado. En sus portones originales de madera se ven gruesos candados que resguardan el interior de los intrusos y sólo un guardia permanece allí. En julio ese lugar es colmado por más de 30 mil personas que la utilizan como una de las paradas en su peregrinación hacia la Basílica de Guadalupe. La propiedad pertenece a la Asociación de Peregrinos de Querétaro al Tepeyac, quienes sólo le usan como alberge en su recorrido.

Pero quizá la situación crítica esté en el edificio que más celebridad dio a la hacienda: el mesón u hotel de diligencias que tiene graves problemas de humedad que han colapsado sus techos y podría perderse de manera irreversible en diez años, según el arquitecto Joel Lara, quien ha propuesto un proyecto de restauración para el edificio que aloja aún oficinas de Conagua y Sagarpa, así como de la Asociación de Usuarios del Sistema de Riego de Arroyo Zarco. 

“Estamos hablando de que aproximadamente en unos diez años si no se rescata sería más costoso e incluso ya no se podría restaurar porque se empiezan a derrumbar los muros, se pierden los sistemas que tiene, se perdería la riqueza arquitectónica”, señala el especialista.

Plan de rescate

Joel Lara se tituló como arquitecto en 2008 con el proyecto de restauración del antiguo hotel de diligencias y ha contagiado al municipio de Aculco, que impulsa su rescate. “Los daños más significativos los tenemos en entrepisos y cubiertas y sobre todas las adiciones y cambios constructivos; la forma original son vigas de madera y ya en muchas zonas tenemos trabes y entrepisos de concreto, además que se haya pintado la cantera es un daño severo”, dice.

Con las últimas lluvias, los entrepisos han comenzado a colapsar; el último cayó a un costado del portón principal y en otras áreas la situación es semejante. El proyecto de Lara incluye un mapa de daños y la posibilidad de reintegrar el esplendor que tuvo el edificio, pero para realizarlo se requieren por lo menos 30 millones de pesos que el ayuntamiento de Aculco busca reunir con apoyos de diferente índole, incluida la Cámara de Diputados a través de la Comisión de Ciudades Patrimonio.

Javier Escamilla funge como representante del municipio y afirma que el plan de rescate prevé convertir el antiguo mesón en un centro de interpretación del Camino Real de Tierra Adentro y crear un museo para Aculco; el primer paso será determinar a cuál de las dependencias federales que utilizan el predio pertenece el inmueble.

“Estamos tratando de encontrar recursos también con las dependencias que están aquí, estamos hablando en una primera etapa de 30 millones de pesos aproximadamente y con el recurso podríamos tenerlo en un año y medio o dos años. Que pase a manos del gobierno municipal sería una de las opciones para conservarlo”, concluye.

 

Iturbide y Maximiliano pernoctaron en el lugar

Nadie que anduviera por el Camino Real de Tierra Adentro dejaba de estar en Arroyozarco. Entre los múltiples personajes que pernoctaron allí están Alexander Von Humboldt, Benito Juárez, Guillermo Prieto y Porfirio Díaz. En el hotel de diligencias que existió también estuvo el emperador Maximiliano de Habsburgo.

Javier Lara Bayón aventura a pensar que pudo estar tres veces en el sitio: dos de ellas, fehacientemente demostradas, haciendo escala hacia los viajes que realizaba para conocer la situación de las poblaciones mexicanas y una más muerto, cuando después de ser fusilado en el Cerro de las Campanas su cadáver era trasladado a la Ciudad de México para ser regresado a Viena.

La primera vez que Maximiliano pernoctó en el Hotel de Diligencias fue en agosto de 1864 cuando viajaba hacia Dolores Hidalgo para dar el tradicional grito de Independencia. Allí, relató él mismo, tuvo oportunidad de encontrarse con el pueblo quien le recibió con entusiasmo y vítores; un día después en la capilla (ahora parroquia) de Arroyozarco, el emperador asistió a misa y ese mismo día partió para la ciudad guanajuatense.

La segunda visita de Maximiliano de Habsburgo a Arroyozarco, refiere el historiador, ya no estuvo enmarcada en el ambiente festivo de la primera parada. En 1867, el emperador sufría el asedio de las fuerzas republicanas, por lo que optó marchar a la ciudad de Querétaro; en el trayecto, la columna militar que lo acompañaba debió librar algunas batallas de las que salió victorioso obligando a los adversarios a retroceder.

Con la victoria, Maximiliano siguió su camino y al llegar a Arroyozarco estaba dispuesto un banquete originalmente destinado para sus adversarios. Cansados después de la refriega y el camino, el emperador y sus acompañantes le hicieron los honores al manjar que, en principio, no había sido preparado para ellos.

La última vez que el gobernante estuvo en la hacienda habría sido por accidente. Lara Bayón cuenta en el blog donde alimenta la historia de Aculco (www.elaculcoautentico.blogspot.mx), que de regreso de Querétaro en septiembre de 1867, la caja con el cadáver del Emperador habría caído de la carreta que lo transportaba en un arroyo de las inmediaciones de la finca. El agua habría maltratado el cadáver embalsamado por lo que pudo haber sido llevado a la hacienda para arreglarlo y traerlo de manera presentable a la ciudad.

Años antes, en 1821 (cuando todavía no lo era) otro emperador también había estado ahí. Agustín de Iturbide, en la campaña final de la Independencia de México, se sitúa en la hacienda de Arroyozarco el 14 y 15 de julio de aquel año.

En las postrimerías del siglo XX, la hacienda de Arroyozarco es administrada por Macario Pérez, un hombre temido que tenía por hija a la señorita Sara Pérez Romero, que después se convertiría en esposa de Francisco I. Madero.

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