Aurelio González ingresa hoy a la Academia Mexicana de la Lengua

El escritor y filólogo Aurelio González ingresará hoy a la Academia Mexicana de la Lengua. Ocupará la silla que fue de Agustín Yáñez y Arturo Azuela

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26/02/2014 01:38 Virginia Bautista
Aurelio González es autor de Romancero: visiones y revisiones. Foto: Cortesía Jorge Dávila / AML.
Aurelio González es autor de Romancero: visiones y revisiones. Foto: Cortesía Jorge Dávila / AML.

CIUDAD DE MÉXICO, 26 de febrero.- “La lengua es algo vivo, no es estática. Su estudio, mantenimiento, análisis y reflexión, a final de cuentas, están relacionados con la manera en que pensamos”, afirma el escritor y filólogo Aurelio González Pérez (1947).

En el fondo, cuando la gente aprende a leer, a escribir, también está desarrollando la capacidad de pensamiento. Es obligación nuestra, como académicos, buscar una lengua que corresponda a la realidad, una lengua en la que se dé testimonio de la variación de la estandarización”, agrega en entrevista.

El doctor en Literatura Hispánica por El Colegio de México, quien esta noche ingresará a la Academia Mexicana de la Lengua, explica que esta institución “no cuida, como muchas veces se piensa, lo que es correcto o incorrecto del idioma. Es mucho más: proyecta la lengua en todas sus dimensiones”.

El especialista en literatura española medieval, elegido como miembro de número el 11 de abril del año pasado, a propuesta de Margit Frenk, Margo Glantz y Concepción Company, confiesa que es un “honor” ser el tercer ocupante de la silla XXX, después de los “grandísimos” escritores Agustín Yáñez (1904-1980) y Arturo Azuela (1938-2012).

El también experto en temas como el Romancero, el teatro español del Siglo de Oro, la obra de Miguel de Cervantes Saavedra, la literatura novohispana y el corrido mexicano, entre otros, descarta que con motivo de su ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua abra una nueva línea de investigación.

Dentro de lo que pueda, aportaré mi granito de arena a lo que se está haciendo. Formo parte de la comisión de Lexicografía, que está trabajando en el Diccionario de mexicanismos. En toda esta trayectoria que nos habla de que la lengua no se detiene ni un momento, que es un continuo, así que trataré de aportar algo”, añade.

El catedrático de la UNAM adelanta que en su discurso de ingreso, que será respondido por la filóloga e hispanista Margit Frenk (1925), hablará sobre “Cómo hicimos nuestras las palabras de la tradición”.

Son las modificaciones que introdujo la tradición americana en el Romancero hispánico. Por ejemplo, cuando encontramos un romance en el que hay muchos diminutivos o términos locales. La tradición hispánica es una y en ella está el mundo peninsular español y el que llega a América desde Estados Unidos. En cada lugar esta tradición hispánica tiene una particularidad. Debemos hacerla propia de todo el español que hablamos; o sea, hay un español que es de todos y al cual cada uno le ponemos nuestra palabra”, indica González.

El investigador del Centro de Estudios Lingüísticos de El Colegio de México detalla las razones por las que ha hecho del corrido mexicano su objeto de estudio. “La literatura medieval se transmitía fundamentalmente por la oralidad. Cuando hablamos de esa literatura, sean las canciones de gesta u otras formas, eran orales. Incluso, cuando había una literatura culta escrita se leía en voz alta, debido al gusto por la oralidad.

“El Renacimiento y el Barroco son los grandes siglos también de la oralidad. Los grandes poetas cultos, como Lope o Góngora, se acercaban al Romancero, componían de acuerdo con la estética colectiva. El teatro es oralidad. Por eso, en la literatura contemporánea me he dedicado tanto al Romancero como al corrido, expresiones de la balada internacional que tienen sus raíces desde la antigüedad”, señala el académico.

El autor de Romancero: visiones y revisiones y Amadís y sus libros también posee una faceta creativa como escritor de teatro para niños.

El niño se acerca muchas veces a la cultura por el espectáculo visual. Tiene la televisión y los videojuegos, pero el teatro está vivo y posee algo que no le puede dar la televisión. Cuando un niño ve una transmisión en televisión no habla con ella y cuando está viendo un espectáculo teatral interactúa”, comenta.

El hacedor de trabajo de campo recogiendo corridos, cuentos y leyendas, tanto en México como en España, anuncia que este año El Colegio de San Luis publicará un libro suyo sobre el corrido mexicano y en El Colegio de México entregará otro sobre la novela de caballerías.

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