Presentan libro el viernes en Zona Maco; logran preservar arte efímero

Compilan obras de 136 artistas que buscaron nuevas prácticas estéticas en la transgresión de la institucionalidad y el uso del paisaje urbano

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05/02/2014 03:39 Sonia Ávila
Xipe Tótec. Thomas Glassford. Edificio del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, México DF, 2010.
Xipe Tótec. Thomas Glassford. Edificio del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, México DF, 2010.

CIUDAD DE MÉXICO, 5 de febrero.- Ante su condición efímera, las producciones estéticas generadas en el espacio público por artistas locales, que se negaban al museo/galería como único sitio de producción y exhibición, quedaron sin registro documental, lo que a la distancia representa una faltante en la línea cronológica del arte contemporáneo mexicano.

En esta carencia documental, tiene su origen el libro Sin límites. Arte Contemporáneo en la Ciudad de México 2000-2010, en el que se compilan dos centenares de obras de 136 artistas y colectivos, nacionales y extranjeros, quienes durante la primera década del siglo XXI buscaron en la transgresión de la institucionalidad y el uso del paisaje urbano nuevas prácticas estéticas.

A manera de atlas, la investigación, a cargo de Edgar Alejandro Hernández e Inbal Miller, hace el registro de piezas —performance, intervención, arte sonoro, instalación­—­ a partir de cuatro criterios: la transgresión del cubo blanco, el uso del espacio público, su acción dentro de la Ciudad de México y entre 2000 y 2010.

La pretensión a priori del libro, que se presentará el próximo viernes en Zona Maco, es ofrecer una suerte de catálogo, sin emitir juicios de valor, de estas obras y artistas, que en muchos casos no existían en la memoria colectiva, pero sí pertenecieron y determinaron un momento “prolífico” del desarrollo del arte local.

“Lo interesante del libro es que permite revisar estas otras prácticas que si no se hubieran reunido como archivo se hubieran perdido, porque son totalmente efímeras, y tan efímeras que ni los propios artistas tienen buena documentación. Hay fotos muy precarias, porque no era una necesidad para ellos el registro”, señala Hernández, del libro con textos de Cuauhtémoc Medina, Guillermo Santamarina y Patricia Sloane.

Desde Héctor Zamora, Tania Candiani, Marcela Armas, Joaquín Segura e Iván Edeza hasta Maris Bustamante, Enrique Jezik y Francis Alÿs, y el colectivo Tercerunquinto o el espacio La Galería de Comercio, integran este conjunto de creadores, que coinciden en su desinterés por la permanencia de su obra, y entonces sólo pueden ser revisados a partir de la documentación.

Los autores explican que en este caso el concepto de transgresión se refiere a la ruptura del artista con el espacio institucional que, en ocasiones, más allá de responder a un acto rebelde, se convirtió en una línea de creación.

“Conforme ha transcurrido la historia del arte ha cambiado el concepto de transgresión, entonces fue justo lo que empezó a madurar la investigación, y nos dimos cuenta que tampoco les interesaba a los artistas como tal, sino pasa de la confrontación a la institución a una especie de forma de creación.

“Y nos dimos cuenta que las piezas tenían mucho que ver con el espacio público, este interés de pensar un poco a la ciudad de manera benjaminiana, como un enorme museo, entonces los artistas toman, literal, las fachadas como sus escritorios y los puestos de periódicos como su biblioteca”, señala Miller.

Sin embargo, aclaran los coautores, no son prácticas que surgieran por generación espontánea; al contrario, tienen sus orígenes en la década de los 70 y 80, cuando los artistas reunidos en los llamados “grupos” empezaron a crear obra que salía de la plástica tradicional como la pintura o la escultura.

“Esta línea de la plástica mexicana se rompe cuando llegan todas estas prácticas que hoy conocemos como arte contemporáneo. Entonces, esto permite que esta crisis de los medios sea patente, no sólo en la producción artística, sino en dónde se exhibe y por eso es importante reflejar obras que salen de la lógica institucional”, añade Hernández.

Una de las primeras lecturas que ofrece el libro es sobre la producción heterogénea al no poder trazarse una sola técnica o un único interés estético; por el contrario, la década se caracteriza por un abanico de propuestas, desde  acciones aparentemente sencillas como la caminata de Francis Alÿs por el Centro con una pistola en mano, hasta la instalación lumínica Xipe Tótec de Thomas Glassford en el Centro Cultural Tlatelolco.

Lo mismo hay producciones en el centro de la ciudad, como en la periferia; de artistas hoy consagrados como de quienes aún no han lograron el reconocimiento, indican.

“Es la primera vez que se habla de esta época por la cercanía temporal y porque no se ha acabado de desmitificar los 90 y, hasta que se cierre este momento, se empezará a teorizar sobre los 2000 y creo que nosotros estamos dando un primer paso”, concluye Miller.

¿Dónde y cuándo?

Sin Límites. Arte Contemporáneo en la Ciudad de México 2000-2010 se presenta el viernes a las 17:30 horas, en el Centro Banamex.

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