José Emilio Pacheco de puertas abiertas

Un multitudinario funeral tuvo ayer el escritor mexicano en El Colegio Nacional, donde amigos, colegas y centenares de lectores acudieron desde el mediodía

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28/01/2014 09:34 Virginia Bautista

Fue un velorio de puertas abiertas. Los asistentes entraban y salían cuantas veces quisieran, los camarógrafos transmitían en vivo con el ataúd al fondo, los reporteros entrevistaban a las personalidades en distintos puntos del Aula. Parecía una romería, una reunión en libertad, cálida

CIUDAD DE MÉXICO, 28 de enero.- El poeta y ensayista José Emilio Pacheco (1939-2014) tuvo ayer uno de los sepelios más concurridos y cálidos de los últimos tiempos. En El Colegio Nacional se dieron cita lo mismo escritores, músicos y editores que políticos, promotores culturales y, sobre todo, sus lectores, para darle el último adiós.

Hacia las 11 de la mañana arribó a la sede de este organismo el féretro de madera con los restos del Premio Cervantes 2009, quien murió la tarde del domingo en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, de un paro cardiorrespiratorio, a los 74 años de edad.

Las puertas del edificio histórico ubicado en el Centro Histórico de la ciudad se abrieron al mediodía; y desde esta hora y hasta las seis de la tarde no dejaron de desfilar los amigos y lectores del autor de Las batallas en el desierto.

La mayoría hizo guardia de honor junto al ataúd de madera rodeado de coronas y flores blancas, enviadas por un sinfín de instituciones y hasta por mercados populares como el de Jamaica.

Tocó al historiador Enrique Krauze pronunciar las palabras de despedida, a petición de la familia del también novelista.

Es un privilegio que agradezco; pero un privilegio muy doloroso, porque ahora, frente a su muerte sorpresiva, los temas poéticos de José Emilio, la pesadumbre, la melancolía, la desesperanza, el desconsuelo, el paso implacable del tiempo, adquieren una nueva dimensión, adquieren la dimensión de una profecía cumplida”.

Ante un Aula Mayor atiborrada de gente y de periodistas, el director de la revista Letras Libres dijo que Pacheco fue “uno de los más altos humanistas literarios de las últimas décadas de nuestro país y nuestra lengua. Practicó todos los géneros con la misma sabiduría, precisión y gracia. La poesía, el cuento, la novela, el ensayo, el artículo erudito, el texto periodístico, la traducción de poesía latina e inglesa”.

Añadió que “lo caracterizó una insaciable, casi infantil curiosidad por descubrir el ancho mundo y a la vez el cultivo gozoso de la minucia. Aunque fue prudente y reservado, jamás se retrajo a una torre de marfil. Le dolía genuinamente la desigualdad y la pobreza. Y fue testigo sensible del deterioro de su ciudad, de su país, de su cielo”.

Y concluyó que fue un niño triste y un viejo prematuro.

Fue el fruto mejor de las generaciones literarias en México y, al mismo tiempo, el custodio de ese jardín armonioso que alguna vez fue la literatura mexicana”.

Tras las palabras de despedida, comenzaron las guardias de honor. La primera estuvo integrada por el secretario de Educación Pública Emilio Chuayffet y el titular del Conaculta,  Rafael Tovar y de Teresa, quienes acompañaron a la viuda, la periodista Cristina Pacheco, y a su hija Laura Emilia.

Poetas como Eduardo Lizalde, Marco Antonio Campos y David Huerta evocaron la amistad y las enseñanzas del autor de Tarde o temprano. La escritora Elena Poniatowska fue una de las primeras en llegar al recinto; y, más tarde, solicitó al INBA que, a manera de luto, pospusiera la entrega de la Medalla de Oro de Bellas Artes, que ella recibiría hoy martes en la tarde.

Ahí estuvieron también el arquitecto Fernando González Gortázar, los músicos Mario Lavista y Horacio Franco, el cineasta Arturo Ripstein, el antropólogo Eduardo Matos Moctezuma, el rector de la UNAM José Narro, el jefe de Gobierno capitalino Miguel Ángel Mancera, los académicos de la lengua Jaime Labastida, Felipe Garrido y Gonzalo Celorio y los editores Pablo Ortiz Monasterio y Marcelo Uribe.

Entre los asistentes destacó la periodista Silvia Lemus, viuda del escritor Carlos Fuentes.

Carlos y José Emilio se conocieron desde que ambos fueron muy jóvenes. Siendo Carlos diez u ocho años mayor que él. Fueron gente que se entusiasmaban por la literatura, por los viajes, por reunirse y hablar. La palabra los dominaba o ellos la dominaban. José Emilio es un poeta que vive entre nosotros. Sabemos que los escritores nos dan una vida especial y nos dejan un legado para siempre, un legado que los tiene siempre presentes. Sigamos leyéndolos, pensando en ellos”, comentó antes de retirarse.

Y la novelista Margo Glantz.

Tiene nueve años menor que yo y lo conocí cuando era un jovencito. Cristina me llevaba libros a la casa con dedicatoria de José Emilio, diciendo que yo era la maestra en el teatro del absurdo. Y luego resultó que él acabó siendo como mi maestro. Las cosas así cambian. Me da una tristeza muy grande”.

Hacia las seis de la tarde, los restos del poeta fueron trasladados a un crematorio para ser incinerados. Cristina Pacheco informó que aún desconocían el destino final de las cenizas.

No quería una tumba ni quedarse encerrado, tenía claustrofobia. Estamos pensando en un lugar que para él era muy importante, que es Veracruz, sería bonito arrojar sus cenizas al mar de Veracruz”, detalló.

“Yo voy a seguir viviendo con él”

 

Durante el funeral de su esposo, la periodista Cristina Pacheco recordó ayer las enseñanzas que le dejó el poeta y narrador.

 José Emilio nos enseñó que hay que amar a este país, que hay que amar las palabras, porque si uno respeta las palabras respeta todas las cosas”, comentó ayer la periodista Cristina Pacheco.

Haciendo a un lado el dolor que le causó la muerte de su esposo, el poeta y ensayista José Emilio Pacheco, quien fue velado ayer en El Colegio Nacional, la viuda aceptó evocar, en una conferencia de prensa improvisada, las enseñanzas del autor de Morirás lejos.

Nos enseñó que la vida se vive sólo una vez y hay que hacer lo que se debe”, comentó, por eso ha decidido seguir trabajando como siempre. “El jueves voy a estar donde siempre he estado, trabajando en la calle y el viernes en mi estudio de Canal Once. Sé que él estaría muy contento en este momento de saber que aprendí su lección”.

La también escritora de ficción destacó que se queda, como todos los mexicanos, con la obra del considerado uno de los poetas más importantes de Iberoamérica.

Me hace mucha ilusión pensar que no me deja tan sola, porque si voy a una librería voy a encontrar un libro suyo, lo mismo en una biblioteca. Y la misma experiencia tendrán mis hijas. Y es muy emocionante saber cómo se hicieron esos libros”. Aclaró que fue “un hombre muy honesto, nunca quiso aprovecharse de ningún tema, nunca trató de ser un francotirador ni mucho menos. Por ser amante de las palabras y fiel a ellas, simplemente dijo lo que veía, pero que quizá nadie lo dijo con tanta precisión. “Era un hombre normal, con muchas manías encantadoras y difíciles a veces de complacer. Un hombre apegado a sus lugares, a su cuarto, a su escritorio. Le fascinaban las plumas fuente y estar rodeado de libros”, añadió.

La también conductora de televisión confesó que se siente sorprendida, desconcertada.

No puedo entenderlo, no es dolor, no es coraje, no sé qué es; pero es algo que me invade, me paraliza. Yo voy a seguir viviendo con él, pero va a ser una persona distinta y de otra manera. Voy a tener que acostumbrarme a que sea en la ausencia y el silencio”.

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