José Emilio Pacheco un escritor total

Poeta ante todo, creó un entramado de obras narrativas, traducciones, antologías e incesantes colaboraciones periodísticas que lo convirtieron en un referente literario

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27/01/2014 02:23 Virginia Bautista

CIUDAD DE MÉXICO, 27 de enero.- Enemigo militante de la palabra “felicidad” y de su noción, consciente de que no iba “a detener un cuerno de chivo con un soneto o un poema” y de que ser escritor es “una cosa muy solitaria”, el poeta José Emilio Pacheco (1939-2014) fue feliz, creó poesía que liberaba almas y era muy querido y seguido por los jóvenes.

Además, aclaró en uno de los tantos homenajes que disfrutó en vida, no le temía a la muerte. “No creo que haya que temerle, es lo más natural y lo único absolutamente seguro. La muerte individual es probablemente terrible, pero en términos de especie es indispensable. Lo que sí es que no me gustaría morirme sin terminar lo que quiero hacer”
(Excélsior, 2/11/2012).

Esto último era prácticamente imposible, pues el Premio Cervantes 2009 tenía pendientes decenas de proyectos de investigación, de traducción, entre los que destaca el de la poesía de T. S. Eliot, y la creación propia. “La literatura tiene dos papeles: uno es el de dar testimonio de lo que está pasando y el otro es que es una forma de sensibilización”, dijo en Oaxaca en noviembre de 2012, donde recibió un homenaje en la Feria Internacional del Libro de esa entidad.

Narrador, poeta, ensayista, traductor y periodista, Pacheco fue uno de los escritores más importantes de la literatura mexicana del siglo XX y fue integrante de la Generación de Medio Siglo, en la que también se incluye a Carlos Monsiváis, Eduardo Lizalde, Sergio Pitol, Juan Vicente Melo, Vicente Leñero, Juan García Ponce, Sergio Galindo y a Salvador Elizondo.

El poeta se consagró además como docente y editor de diversas publicaciones y suplementos culturales, entre los que destacan La cultura en México, México en la cultura y Siempre!

Para el autor de No me preguntes cómo pasa el tiempo, sus lectores eran parte importante de sus andanzas literarias, lo que ratificó en la entrega de la Medalla Bellas Artes en 2009. “Son ustedes los que con su bondad han inventado mis libros a partir de esas mitades que están en la página a la espera de ser concluidos por la inteligencia y la imaginación de quien los lee”.

El también cronista y crítico literario se dio a conocer en el mundo de las letras a los 20 años de edad, con La sangre de Medusa (1959), un cuento de escasas 20 páginas que le publicó Juan José Arreola en su colección Cuadernos del Unicornio.

A partir de ahí, su vocación literaria sería un entramado de obras narrativas, líricas, cuentos, traducciones, antologías e incesantes colaboraciones periodísticas que lo convirtieron en un referente literario.

En 1963, publicó su primer poemario, Los elementos de la noche, y ese mismo año su texto de cuentos El viento distante. El reposo del fuego (1966) fue su segundo libro de poesía, en donde se revela como un poeta maduro, ágil y rebelde que conoce el mundo y toma parte activa en él.

En esta etapa, “el aprendiz de escritor”, como se autodefinía, dio a leer sus textos a autores como Octavio Paz, Rosario Castellanos, Emilio Carballido, Carlos Fuentes, Juan García Ponce o Juan Rulfo, quienes destacaron en más de una ocasión su indudable madurez.

El principio del placer, Las batallas en el desierto y El viento distante son muestra de la obra narrativa de quien estudió Derecho y Filosofía en la UNAM, en las que destaca en la innovación de estructura y técnica literaria.

Pacheco, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2009, abordó temas como el paso del tiempo, la vida, la muerte y el compromiso social. Veía a la poesía como un elemento con el que “uno descubre cosas a las que no llegaría de otra manera”.

Miembro de El Colegio Nacional desde 1986, era especialista en literatura mexicana del siglo XIX, así como profundo conocedor de la obra de Jorge Luis Borges, en cuyo honor dictó una serie de conferencias en 1999.

Fue profesor en la UNAM, en la Universidad de Maryland (College Park), en la Universidad de Essex y en algunas otras casas de estudios de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido.

Pero, sobre todo, Pacheco fue un enamorado de la Ciudad de México. Le sobrevive su esposa la periodista Cristina Pacheco y sus dos hijas, una de ellas, la escritora Laura Emilia Pacheco.

La lista de sus premios

Además de títulos como el honoris causa por la UNAM, estos son los reconocimientos más importantes que mereció el poeta mexicano:

  • 1967 Premio Magda Donato, por Morirás lejos.
  • 1969 Premio Nacional de Poesía Aguascalientes por No me preguntes cómo pasa el tiempo.
  • 1973 Premio Xavier Villaurrutia, por El principio del placer.
  • 1991 Premio Malcolm Lowry, por trayectoria (ensayo literario).
  • 1992 Premio Nacional de Lingüística y Literatura.
  • 1995 Premio José Asunción Silva al mejor libro de poemas en español publicado entre 1990 y 1995.
  • 1999 Premio Mazatlán de Literatura.
  • 2001 Premio Iberoamericano de Letras José Donoso.
  • 2003 Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo.
  • 2003 Premio de Poesía Iberoamericana Ramón López Velarde.
  • 2004 Premio Internacional Alfonso Reyes.
  • 2004 Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda.
  • 2005 Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca.
  • 2009 Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
  • 2009 Premio Cervantes. 
  • 2011 Premio Alfonso Reyes, por su trayectoria, que otorga El Colegio de México.

Tarde o Temprano

I

No tenemos raíces en la tierra.

No estaremos en ella para siempre:

sólo un instante breve.

 

También se quiebra el jade

y rompe el oro

y hasta el plumaje de quetzal se desgarra.

 

No tendremos la vida para siempre:

sólo un instante breve.

 

 

Caverna

 

Es verdad que los muertos tampoco duran

Ni siquiera la muerte permanece

Todo vuelve a ser polvo

 

Pero la cueva preservó su entierro

 

Aquí están alineados

cada uno con su ofrenda

los huesos dueños de una historia secreta

 

Aquí sabemos a qué sabe la muerte

Aquí sabemos lo que sabe la muerte

La piedra le dio vida a esta muerte

La piedra se hizo lava de muerte

 

Todo está muerto

En esta cueva ni siquiera vive la muerte

 

Festejó 30 años de su novela más popular

“En un gran porcentaje, Carlitos soy yo, pues uno no tiene más recursos que su propia biografía y su memoria”, afirmó el escritor José Emilio Pacheco en entrevista con Excélsior, en abril de 2011, al evocar al protagonista de su novela Las batallas en el desierto, que ese año festejó tres décadas de haber sido publicada por editorial Era.

“Pero la historia no es para nada autobiográfica, sólo el ambiente es real, lo demás es completamente imaginario. Me encantaría haber tenido esa adolescencia. Pero fui un adolescente muy gris, sin un suceso sobrenatural que me ocurriera”, aclaró el poeta.

Con 37 reimpresiones en su haber, 19 de la primera edición y 18 de una segunda edición revisada (a partir de 1999), esta novela breve que ha sido traducida al inglés, al francés, alemán, italiano, ruso, japonés y griego ocupaba “un lugar privilegiado” en la trayectoria de Pacheco, pero, confesó, “es a la vez un poco terrible, pues borró todo lo demás, ahora sólo me ubican como el autor de Las batallas…”.

El narrador admitió estar asombrado de que la trama del adolescente de clase media, situada en la colonia Roma de principios de los años 50 del siglo pasado, que se enamora de la madre de su mejor amigo, fascine a los lectores mexicanos de tal forma que ha inspirado una película (Mariana, Mariana), un cómic, una canción (Las batallas, del grupo de rock Café Tacvba) y, recientemente, una obra de teatro.

“Es una cosa que ya no me pertenece. Cómo me voy a sentir envanecido por algo que no me pertenece”, comentó sobre el relato que escribió de 1978 a 1980 y que ahora se ha convertido en una de las obras más leídas en México.

“¿Cómo iba a imaginarme en 1980 a los jóvenes de 2010? La lección sería: ‘Nunca trates de hacer algo de éxito’. No sé qué estaría de moda en la literatura de esa época, pero, si hubiera querido escribir un libro exitoso, no lo hubiera logrado”, agregó Pacheco.

El novelista reveló que la historia de Carlitos y Mariana, la adulta de quien se enamora, se le ocurrió a partir de una frase del escritor británico Graham Greene (1904-1991), quien decía que “los únicos verdaderos amores imposibles son los de los niños y de los ancianos, porque no tienen ninguna esperanza”.

“No sé por qué la cité en una entrevista que Armando Ponce, de la sección cultural de la revista Proceso, nos hizo en 1978 a Vicente Rojo y a mí, a propósito de un libro-objeto de dibujos de Vicente sobre su infancia en la Barcelona de la Guerra Civil española, para el que hice los textos. Pero ahí empezó todo. Me costó mucho trabajo terminarla, me tardé dos años”, detalló.

Tras su publicación, primero en el número 135 del suplemento cultural Sábado, del periódico unomásuno (7 de junio de 1980), y después en formato de libro (Era, abril de 1981), Las batallas…, una historia que fue lanzada como una botella al mar, imagen a la que siempre recurrió Pacheco, ha llegado a miles de manos y su interpretación ha sido renovada por cada generación.

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