Gabriel Zaid, un autor omnívoro

Sus amigos y colegas lo definen como autor de una poesía “escueta pero perfecta”, un crítico de la cultura y el poder “valiente y sagaz”, un ensayista de diversas competencias, un lector voraz

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24/01/2014 04:06 Virginia Bautista

CIUDAD DE MÉXICO, 24 de enero.- Gabriel Zaid es “exactamente igual que sus poemas y sus prosas: cordial, claro, riguroso, dispuesto a extender la mano y, al mismo tiempo, a decir no”, afirma sin dudar el poeta y ensayista Víctor Manuel Mendiola. “Pocos escritores en México revelan esta identidad, esta impecabilidad”.

El editor que le publicó en 1992 el poemario Sonetos y canciones, en el sello El Tucán de Virginia, describe a Zaid, al amigo, al ser humano, como el propio escritor desea que lo vean: a través de sus textos, de sus ideas, no de su rostro.

Por eso, el regiomontano que hoy cumple 80 años de vida decidió hace tiempo evitar los reflectores, las cámaras y los micrófonos, para dar mayor peso a su crítica, a sus observaciones.

Considerado un pensador y un creador único, Zaid es definido por los pocos estudiosos de su obra como el autor de una poesía “escueta pero perfecta”, un crítico de la cultura y el poder “valiente y sagaz”, un ensayista de diversas competencias, un lector voraz y un hombre que ha hecho de la cultura su trinchera.

“Es un poeta extraordinario, con una obra escueta, pero a ratos perfecta. Es un lector de poesía, del fenómeno artístico y de la tradición poética mexicana. Es un crítico de los intelectuales, es decir, de su propio estamento. Y, finalmente, es un observador de la política valiente, sagaz y prudente al mismo tiempo”, agrega Armando González Torres.

El ganador en 2005 del Premio de Ensayo Jus por su texto Zaid a debate, dice que con el autor de Ómnibus de poesía mexicana, Cómo leer en bicicleta y Leer poesía estamos frente a “un escritor omnívoro, un fenómeno múltiple, que al mismo tiempo puede ser un poeta exquisito y un observador agudísimo y sarcástico de la vida pública”.

El también poeta añade que Zaid, que estudió Ingeniería Mecánica en el Tec de Monterrey es “único” y se diferencia de su generación, la del Medio Siglo, por su curiosidad tan amplia y su diversidad de competencias intelectuales.

“Es muy difícil reunir en un solo autor a alguien que pueda ser un estudioso de la literatura, a alguien que pueda emitir opiniones prudentes, competentes y audaces en materia política y a alguien que pueda hacer poesía”, indica.

“Zaid es todo eso, pero, además, hay otra cuestión que lo distingue dentro del mundo de los intelectuales, y es precisamente esa renuncia que ha tenido a los reflectores, a las cámaras y a los micrófonos, es decir, a toda esa parte que llega a ser tan seductora para el intelectual.

“Él ha elegido que su figura, su rostro, no circulen. Esta elección tiene que ver con que él busca que lo que sea distintivo de su personalidad intelectual no sea la fachada, sino la escritura. Esto es inusitado en la vida moderna. Son pocos los intelectuales que se resisten al canto de las sirenas. Es una postura que tiene que ver con la integridad intelectual”, explica.

Para Mendiola, lo que hace único a Zaid es su rigor crítico, que lo vuelve una autoridad moral. “En su generación hay varios escritores de gran talento, pero ninguno de ellos mantuvo el estado de alerta que Zaid mantiene. En todo lo que ha publicado no hay caídas. El lector, cuando lo lee, enfrenta una escritura sin concesiones y de una claridad sorprendente y difícil.

“Su contribución a la poesía mexicana es la esencialidad. Dejando de lado el hecho de que él ha depurado su obra, en términos cuantitativos, a una mínima expresión máxima, destaca que todos sus poemas o la mayor parte de ellos son piezas perfectas, formalmente irreprochables, llenas de significado y, muchas veces, de humor. Como toda poesía perfecta no es fácil de leer.”

 Imaginación crítica

Humberto Beck, autor del libro Gabriel Zaid: lectura y conversación (2004), considera que la singularidad del autor de El progreso improductivo y De los libros al poder radica en “una imaginación crítica que desbordó la creación literaria para abarcar los campos de la reflexión social, la crítica política y la propuesta de soluciones prácticas de organización y desarrollo”.

El ensayista llama la atención sobre los numerosos y diversos temas que ha abordado Zaid. “Es posible identificar un par de inquietudes unificadoras: por un lado, la lectura como actividad ontológica y creadora, y todas las extensiones, continuaciones y contextos de este acto (la crítica literaria, la preparación de antologías, la reflexión sobre el libro y el mundo editorial).

“Por otro, las relaciones entre cultura y poder: la crítica política, el análisis crítico de los universitarios en el poder y de la cultura jerárquica de los saberes credencializados contra la cultura libre del mundo editorial. De esta segunda inquietud se desprende, a su vez, otra vertiente: la crítica de la cultura del progreso y del ‘progreso improductivo’ y la propuesta de otro proyecto de desarrollo”.

Y el escritor Enrique Serna, autor del ensayo Genealogía de la soberbia intelectual, advierte que Zaid es un ejemplo de los escritores librepensadores.

“Destaca la gran amplitud de su curiosidad intelectual, que lo ha llevado a combinar con excepcional agudeza las disciplinas utilitarias y las bellas letras. Es muy raro que un poeta de primera línea sea además un economista original y accesible al gran público.

“También ha sido singular por su independencia del poder político, y por haber ejercido durante décadas una fuerte influencia en la opinión pública sin asumir jamás un papel protagónico. Zaid no ha permitido que su personalidad eclipse su obra, porque para él es más importante poner en circulación una buena idea que recibir aplausos por ella. Paradójicamente, la invisibilidad le ha dado una gran resonancia a sus opiniones”.

Los entrevistados coinciden en que Zaid piensa en sus lectores como en “un igual”, que escribe con un lenguaje claro, sencillo y trasparente, pero al mismo tiempo exige la inteligencia, la concentración y el compromiso de su lector.

El legado de este creador prolífico que publicó en 1958 su primer libro, Fábula de Narciso y Ariadna, y que todavía el año pasado entregó otro libro, Dinero para la cultura, se analizará hoy en la mesa “Lectores de Gabriel Zaid”, moderada por el historiador Enrique Krauze, en la que participan Adolfo Castañón, Christopher Domínguez Michael, Julio Hubard, Enrique Serna y Humberto Beck, a las 19 horas en El Colegio Nacional (Donceles 104, Centro Histórico, DF).

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