Exposición de Rocío Caballero Plasma a personajes despojados de culpa

En la serie pictórica, hombres trajeados desarrollan la facultad de implantar “la obediencia ciega y adquieren aptitudes ante el mundo como la templanza”

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24/12/2013 03:25 Luis Carlos Sánchez

CIUDAD DE MÉXICO, 24 de diciembre.- “La ensoñación no tiene que ver mucho con la realidad”, dice la artista mexicana Rocío Caballero (Ciudad de México, 1964). Hace diez años la pintora comenzó a crear una serie de cuadros donde aparecían elegantes hombres trajeados con los que compartía “una relación idílica, los veía como príncipes, encantadores”. Pero poco a poco su ingenuidad se fue desbaratando.

Ya para entonces asociaba a esos caballeros con el poder y el control económico y bursátil; quizá por ello seguían causándole una gran atracción, “casi al borde del fetiche”, dice. Los dibujó por primera vez mientras realizaba una residencia artística en Vermont, Studio Center, EU. Con esos cuadros alistó una primera exposición y luego otra. Pero para la segunda muestra titulada El código gris, la primera idea había cambiado.

“Ahora pensé que eran como un ghetto, un grupo cerrado en el cual no había más cabida que para ellos y que de entrada tenían que tener un perfil físico para pertenecer al grupo, que se debería ser como ellos: ser bellos y que les sentara muy bien el traje. Se sentarían en una cofradía y tendrían un gran libro con el que se aprende a ser el personaje.”

Después fue modificándose otra vez la idea hasta llegar a De crímenes y sin castigo, serie que aspira a quedar conformada en 50 cuadros —el mismo número de lecciones que contiene su Libro gris— y con las que estos hombres desarrollan la facultad de implantar “la obediencia ciega y van adquiriendo aptitudes ante el mundo como la templanza, omnipotencia, paciencia”.

Ya vistos desde ese ángulo, los trajeados de Caballero son yuppies que llama “hedonistas contemporáneos”, les gusta el poder y el dinero y sólo les interesa el divertimento y el instante. “Sabiendo manejar sus cualidades, se saben mover en el mundo y a partir de eso tienen que someter; de esos personajes idílicos se convirtieron en personajes muy perversos, que no sienten culpa, no tienen ningún dolor y sólo tienen como fin en la vida el placer y el divertimento”.

Los primeros nueve óleos de la serie se exhiben en el Museo de la SHCP Ex Palacio del Arzobispado, donde permanecerán hasta marzo próximo. Todos son cuadros de gran formato, oscuros, en donde Caballero describe escenas de poder y control.

Yuppito desde chiquito por ejemplo, muestra a un niño elegantemente vestido con un pequeño antifaz, detrás de él aparecen dos hombres enmascarados: uno de cerdo y otro de conejo.

La artista ha cubierto el rostro de sus personajes con caretas de animales para resaltar cualidades. Otros siguen apareciendo con el rostro descubierto pero las situaciones los delatan: en Omnipotencia, un hombre refinado que podría ser cualquier magnate fuma un puro plácidamente entre los cuerpos de reses de un rastro. 

Los hombres de Caballero “saben ser ilusionistas para engañar a la gente, someterlos y humillarlos. En la novela de Dostoievsky el personaje (Rodión Románovich Raskólnikov) vive toda la tortura de la culpa, a veces la justifica y luego no, ellos no, simplemente son criminales, son culpables, pero no sienten culpabilidad”.

Caballero ha completado unos 32 óleos de su serie, que después llevará a otras sedes. Sus pinturas dice, “se pueden identificar con la realidad. Cuando los convertí en personajes malévolos y perversos fue a partir de una lección. Cuando hubo decapitaciones en México, mi parte coleccionista recopiló muchas cosas, me nutrí de todas las historias que estaban pasando en el país y en el mundo. Pensé qué la gente que tiene poder es la que mueve las cosas; a partir de eso los involucré en la línea del crimen”.

 

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