Memoria rescatada; salvaguardan actas notariales

El Archivo General de Notarías hará públicos documentos personales con cinco siglos de historia nacional, como el contrato que da testimonio de que Miguel Hidalgo compró un esclavo

COMPARTIR 
13/12/2013 08:28 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 13 de diciembre.- Dos décadas antes de que presentara el decreto para abolir la esclavitud en México, Miguel Hidalgo y Costilla compró por 125 pesos un esclavo negro de nombre José Mariano, de 18 años de edad. El documento de compraventa está fechado el 11 de enero de 1790, y detalla que el joven era hijo de Bernarda, mujer de Juan Antonio, ambos esclavos de la hacendada María Josefa Picado.

Paradójicamente el 6 de diciembre de 1810, Miguel Hidalgo presentó en Guadalajara un decreto que estipulaba: “Que todos los dueños de esclavos deberán darles la libertad, dentro del término de diez días, so pena de muerte, la que se le aplicará por transgresión de este artículo, y que cese para lo sucesivo la contribución de tributos respecto de las castas que lo pagaban y toda exacción que a los indios se les exija”.

Aunque es posible que Miguel Hidalgo sólo prestara su firma en la compra del esclavo para llevarlo al Colegio de San Nicolás Obispo, el contrato resulta contradictorio ante sus ideas de independencia e igualdad, consideró María Cristina Soriano, coordinadora de catalogación del Archivo General de Notarías del Distrito Federal del Colegio de Notarios, donde se resguarda el pergamino.

“En este documento sólo se dice el nombre y edad del esclavo, pero se acostumbraba dar las características del esclavo, la edad, si estaba marcado con viruela, si le faltaba alguna mano, si tenía marcas, si era moreno”, refirió la investigadora.

El manuscrito es uno de los documentos de más de 27 mil volúmenes de 1525 a 1940, y desde hace una década fueron recuperados por el Colegio de Notarios para su restauración, catalogación y digitalización, a fin de poner la historia del país en consulta pública.

Junto al documento de Miguel Hidalgo, también se resguarda el testamento de María Ignacia Rodríguez, conocida como La güera Rodríguez, criolla que ayudó al movimiento de Independencia. “Se le conoce como una mujer muy coqueta, pero en realidad cuando morían sus maridos ella se hacía cargo de todos los bienes, y se convirtió en una gran administradora; aquí podemos ver otra faceta de ella, es ver la intimidad de las personalidades”, señaló en entrevista.

Lo mismo destaca la herencia de Leona Vicario quien además de dejar la mayor parte de su herencia a su hija Dolores, encarga que a su muerte se realicen 500 misas para pedir por su alma. Mientras que el testamento de Sor Juana Inés de la Cruz solicita que al morir se reclamen los tres mil pesos que entregó como dote al Convento de San Jerónimo para que la dejara ingresar.

A la distancia estos documentos se convierten en testimonios tangibles de la cronología del país, cuasi desde sus entrañas. El acervo se divide en tres rubros: Fondo Reservado, con comprenden los siglos XVI y XVII; Fondo Antiguo, con documentación del siglo XVII al XIX, y el Fondo Contemporáneo, que abarca hasta 1940.

Soriano detalló que hace un par de años se catalogó y digitalizó todo el material del siglo XVI, que en total fueron 96 volúmenes con 57 mil imágenes; considerados en mayor riesgo de perderse por su deterioro.

En este momento se trabaja en la catalogación del Fondo Antiguo, que contiene documentos del siglo XVII al XX, y se espera reunir los recursos económicos para digitalizar este acervo, precisó la investigadora que trabaja con un equipo de tres personas.

“Se hace una base de datos que es una ficha con información básica del documento como localización, número de hojas, lugar donde ese hizo, fecha, personajes involucrados, un resumen y en algunos casos la paleografía completa del documento”, detalló al precisar que un documento se integra al archivo tras cumplir 70 años de vida.

Además de trazar la vida de personajes históricos, el acervo permite tejer el desarrollo de la Ciudad de México, en particular su proceso de industrialización a partir del porfiriato. Por ejemplo la construcción de las vías del ferrocarril, la llegada de la electricidad, del telégrafo, del alumbrado público y de la creación de las colonias.

Incluso, señaló Soriano, leer los documentos ofrece una idea muy clara de qué se comía en las diferentes épocas, qué tipo de ropa usaba la gente y dónde la compraba, qué enfermedades padecían y cuáles eran los medicamentos más recurrentes.

“Hemos mencionado sólo los grandes personajes, pero a nivel cotidiano nos encontramos con asuntos de indígenas, negros, esclavos, criollos, vendedores; vamos viendo cómo se forman los oficios, cómo era la posición de la mujer, qué comía y cómo se curaba la gente porque también tenemos documentos de farmacias y boticas”, dijo del archivo que se guarda en gabinetes móviles.

Rescatar y proteger el acervo, insistió, es urgente, pues su información sirve no sólo para la historia, sino para comprender la vida política, la cultural y la cotidiana de casi cinco siglos.

¿Dónde y Cuándo?

El archivo se puede consultar en el Ex Templo de Corpus Christi. Avenida Juárez 44, Centro:

  • Protocolo de traspaso de poder de una mina de plata de Hernán Cortés, 1536.
  • Poder otorgado a fray Bartolomé de las Casas, 1557.
  • Protocolo de solicitud de préstamo hipotecario de Guadalupe Victoria, 1829.
  • Testamento de Benito Juárez 1873.
  • Testamento de Antonio López de Santa Ana 1874. 
  • Escrituras de la compañía “Fundición del Chorillo” en que Porfirio Díaz era accionista 1880.

 

Comparte esta entrada

Relacionadas

Comentarios