El Museo Soumaya de Plaza Loreto festeja 19 años

Presenta Paisaje europeo, exposición que propone un recorrido por la historia de la pintura paisajista a través de 50 obras; 20 de ellas se presentan por primera vez en México

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09/12/2013 05:04 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 9 de diciembre.- Era costumbre entre los jóvenes aristócratas ingleses de finales del siglo XVII recorrer las principales ciudades de Francia e Italia en un viaje de aprendizaje; paseos por los escenarios naturales de  Roma, Nápoles, Florencia y Venecia, capitales dotadas de luz “resplandeciente” y colores “vibrantes”.

Con la intención de inmortalizar su sorpresa ante la belleza de la vieja Europa, los viajeros solicitaban a pintores locales plasmar con óleo los paisajes a su alrededor a manera de postal, y así nació uno de los géneros artísticos con mayor trayectoria: la pintura paisajista.

Joost Cornelisz Droochsloot, Willem van Bemmel, Bernardo Canal, Michele Marieschi, Apollonio Domenichini, Jean-Baptiste Lallemand y Antonio Francesco Peruzzini fueron algunos de los pintores que en ese momento experimentaron técnicas para representar su entorno.

Ahora sus pinturas integran la muestra Paisaje europeo, que se inauguró ayer en el Museo Soumaya de Plaza Loreto, la cual hace un recorrido por la historia de la pintura paisajista a través de 50 obras de la colección de Carlos Slim Helú; 20 de estas obras son nuevas adquisiciones y se presentan por primera vez en México.

En entrevista, Alfonso Miranda, director del museo, detalla que son óleos que coinciden en la luminosidad de los escenarios, en el manejo del color, en la representación de lugares emblemáticos de la vieja Europa y, en conjunto, trazan una línea del tiempo de la pintura de paisaje.

“Vemos desde las primeras obras religiosas del siglo XVI, donde el paisaje era más decorativo, y luego vamos viendo cómo fue ganando protagonismo hasta realmente convertirse en el género que cautivó al viajero y al artista; entonces traer esta pintura al siglo XXI resulta importante para ver su transformación”, comenta de la exposición con que se festeja el 19 aniversario del museo en su sede de Loreto.

Miranda precisa que la propuesta curatorial, a cargo de Héctor Palhares, es llevar al espectador por un “tour” como los que realizaban los aristócratas hace tres siglos para mirar la misma Europa que ellos veían, y así conocer un París medieval, o el gran canal de Venecia en 1833.

“Las vistas, por ejemplo de Roma, son retratos de una arquitectura arqueológica que estuvo en boga a partir del descubrimiento de Pompeya, y cómo  todas son obras luminosas, en donde descubrimos un azul intenso”, detalla de las piezas que se acompañan de 15 estuches de viaje que coleccionó Ernesto Reichheimer, conocido como “el señor de las cucharas”.

Las 50 piezas se presentan en dos núcleos temáticos: Del origen: el género flamenco y El itinerario italiano. En el primero, explica, se encuentran obras de Églogas de Virgilio (70 a.C.-19 d.C.), Lope de Vega (1562-1635) y Juan Meléndez Valdés (1754-1817), quienes representan a los primeros en evocar el paisaje desde una mirada religiosa.

En un sentido cronológico, también se presentan obras de Luc Gassel, Joachim Patinir y Klaes Molenaer, quienes tomaron la escenografía real como materia prima para sus obras y con ello iniciaron el periodo del Renacimiento.

Para el segundo núcleo se montaron obras como El regreso del hijo pródigo, de Jacob Ferdinand Saeys; Capricho del sur, de Isaac de Moucheron, y Capricho. Paisaje con una torre y peregrinos, de Antonio Francesco Peruzzini. Estas obras marcan el ingreso de la arquitectura renacentista y neoclásica a la pintura.

De este apartado también destacan los óleos sobre los alrededores de Roma como sus cascadas, villas y arqueología; por ejemplo, Vista de los alrededores de Roma, de Alphonse Dupont; Vista de la bahía de Nápoles, de Juan Ruiz, y La bahía de Monte Nuevo, de Samuel Palmer.

“Pensamos la exposición como un viaje para la gente que no puede recorrer estas ciudades, que tal vez no las conocen. Pero también es una manera de entender la percepción que hemos tenido del mundo”, concluye Alfonso Miranda.

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