Las huellas por el 19-S en el Multifamiliar Tlalpan

Damnificados narran cómo ha sido su vida tras sismo; insalubridad en un albergue dejó sin un pie a Guillermo Cárdenas, un damnificado que asegura que autoridades no lo apoyaron

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Más de cuatro meses han pasado desde la tragedia del 19 de septiembre y personas como Rafael Luna continúan viviendo bajo condiciones deplorables a falta de contar con apoyos. Foto: Sunny Quintero

CIUDAD DE MÉXICO.

Un día te despiertas, abres los ojos y estás en la calle. Cuántas veces habrá escuchado Guillermo Cárdenas Rivera aquella frase trillada. Quizá cientos, tal vez miles de veces, como cualquiera; pero, un día, el hombre de tez morena y de 54 años se despertó y se encontró viviendo aquella realidad dentro de una tienda de campaña.

De amanecer entre sábanas tibias y sobre un colchón anatómico, pasó a despertar sobre el cemento frío de unas canchas de basquetbol de los Multifamiliares Tlalpan que sirven como albergue para los damnificados del sismo del 19 de septiembre del año pasado.

El 1 de diciembre Guillermo llegó a urgencias del hospital Darío Fernández del ISSSTE con una cosa en la cabeza: “Me van a amputar el pie”.

Llevaba una infección en el pie: un insecto lo había picado en el albergue de la unidad donde murieron nueve personas en septiembre, en las canchas de basquetbol, entre las lonas y los catres, en aquella instalación que se les había inundado ya varias veces durante las fuertes lluvias de los días que siguieron al sismo, un sitio donde las plagas de ratas y de insectos ponzoñosos se volvieron una compañía permanente.

Entre septiembre y octubre, las condiciones del albergue se fueron abajo. Rafael Luna, uno de los vecinos, recordó que tenían tiendas de campaña pequeñas, sin protección y sin nada, una que otra lona por allá. Llegó un momento en que las tiendas se mojaban por dentro cuando cayeron las fuertes lluvias en aquellos meses y, si llovía a las dos de la mañana, a esa hora tenían que salir todos los damnificados a barrer.

En octubre empezaron a caer en cuenta de que aquello se estaba llenando de ratas, zancudos, arañas y demás insectos, “era un lugar insalubre”, dijo Rafael.

Un día, a principios de noviembre, Guillermo sintió que algo le picó el pie. En el albergue tenían servicio médico, lo revisaron y empezaron a tratar por temor de que al ser diabético pudiera empeorar. Jamás había tenido una complicación por su padecimiento. Sin embargo, las condiciones en las que se encontraba viviendo junto a su familia hicieron que para el 12 de noviembre la herida en el dedo del pie creciera y, sólo una semana después, para el 20, el dedo se estaba necrosando. En consecuencia, otros tres dedos y el empeine se empezaron a infectar. El 1 de diciembre tuvo que acudir al hospital.

Aquel fue el día que, junto a su hija, llegó a urgencias. La doctora le explicó venía muy delicado: la infección, que había iniciado por un piquete en el dedo del pie, se había extendido y estaba avanzando hacia el tobillo. Guillermo sabía el desenlace de aquella valoración, tendría que despedir de su pierna.

El hombre estuvo en urgencias siete días: le suministraron medicamentos, le pusieron suero canalizado por las venas, era un ir y venir de médicos y enfermeras.

Después lo subieron a piso y le controlaron la infección. El viernes 8 de diciembre le hicieron una curación y lo revisaron; pero, tres días después, la misma doctora que lo había recibido en urgencias le dijo que tenían que entrar a cirugía esa misma tarde.

Cuando Guillermo la escuchó entendió que tenían que amputarle el pie, lo único que hizo fue encomendarse a la virgen de Guadalupe. “No me abandones”, le pidió y entró al quirófano.

Aquel día, al despertar, fue consciente de que ya no era el mismo. Recordó que lo acababan de operar y que a partir de ese momento le faltaría el pie izquierdo, fue muy difícil para él, pero también para su esposa y los hijos del matrimonio: dos mujeres y dos hombres. Así, el hombre de tez morena y anteojos se convertía en un damnificado entre los damnificados.

Guillermo narró su historia sentado en la banca del  parque de los Multifamiliares Tlalpan con sus muletas a un costado.

Voy a ser honesto, nosotros necesitamos una plática con un sicólogo familiar, una terapia familiar, yo en lo personal, necesito un sicólogo ya ahorita, porque van a venir muchos cambios”.

Guillermo le achaca al albergue y a las condiciones lo que le ocurrió, “porque era un tiempo de lluvias, se nos inundaba constantemente (…) esto fue provocado porque cuando empezaron las plagas, las autoridades nunca se acercaron a decirnos ‘tenemos que fumigar o tenemos que limpiar”.

Al frente de la zona de Multifamiliares Tlalpan, quedó como responsable la Secretaría de Desarrollo Social local.

En entrevista con Excélsior, José Ramón Amieva, titular de la dependencia, reconoció que vivir en albergues al aire libre no era lo idóneo; sin embargo, aseguró que siempre les ofrecieron ayuda, y también la opción de trasladarse a otro albergue, que no estuviera a la intemperie.

Está documentado, que por parte de la delegación se les ofreció que pudieran ir a un albergue de otra naturaleza”, dijo a Amieva.

Consultados sobre este ofrecimiento tanto Guillermo Cárdenas como Rafael Luna, señalaron que a ni a ellos ni a sus familias ninguna autoridad les ofreció trasladarlos a otro albergue en mejores condiciones.

Por otro lado, Amieva expuso que el campamento de las canchas: “no es administrado por nosotros, –el gobierno local–, lo administraban los propios vecinos, nosotros lo que hemos hecho es acercar toda la ayuda”.

Pero los vecinos tienen una visión diferente. Reconocen que sí había atención médica en la zona de albergues, pero que la amputación que sufrió Guillermo pudo haberse evitado si hubieran estado en condiciones salubres, y no con problemas de plagas.

Excélsior buscó a las autoridades de la delegación Coyoacán sin éxito para conocer su punto de vista sobre estos hechos.

Rafael afirma que los primeros días después del sismo, tuvieron un equipo de gente de Injuve que les ayudó, además de que se quedaron con cuatro de seis baños que tenían.

En cuanto a la ayuda de renta, el titular de la Sedeso, José Ramón Amieva, preguntó. ¿Por qué no la usaron? Pues recibieron la ayuda de tres mil pesos mensuales durante tres meses para rentar un departamento.

Guillermo explicó que recibió la ayuda para renta, con ella buscó sin éxito por cielo mar y tierra. Por lo que tuvo que permanecer junto a su familia en el albergue del Multifamiliar Tlalpan.

Después de su operación y de que lo dieron de alta, su hija le dijo que ya no debían vivir en el albergue, porque su padre podría sufrir una nueva infección, así que recibieron la ayuda de un conocido que tiene una casa en Xochimilco, y hasta allá se fueron a vivir.

Ahí, en un cuartito, viven ahora él, su esposa y sus hijas. Los días que tiene que ir a revisión al ISSSTE tiene que levantarse a las cuatro y media, o cinco de la mañana para llegar a su cita. Guillermo, quien toda la vida trabajó en el gobierno y que dentro de unos meses se va a jubilar, está muy preocupado por su futuro, no sabe qué hará con ocho o nueve mil pesos de pensión.

Para Guillermo hay días difíciles, de incertidumbre, desoladores. A veces, la angustia lo invade. Entonces, su esposa, una mujer fuerte y decidida, como él mismo la describe, le da ánimos, le dice que está en sus manos salir adelante, actuar con decisión y no mirar atrás.

Amieva también expresó que el edificio de Guillermo, el 2A, es uno de los que ya están rehabilitados y preguntó: “¿Por qué no regresan a vivir allí?”.

A lo que Guillermo responde: “Yo no regreso a vivir allí, la autoridad nunca analizó cómo quedaron los cimientos después del sismo. Y ahora como estoy, menos, porque si llega a haber un sismo, yo sé que ya no salgo”.

cva