Historia del Rébsamen. Un ángel que ya no está

Todo lo que debemos saber acerca de la historia del paso del terremoto por el Colegio Rebsamen

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CIUDAD DE MÉXICO.

Todo transcurría con un día cualquiera, después de haber realizado el simulacro para conmemorar los 32 años del devastador sismo del 85, los pequeños de segundo grado, grupo B, del colegio Enrique Rébsamen, regresaron a su aula para continuar con sus clases.

Su salón se ubicaba arriba del área administrativa del plantel, que hace dos décadas abrió sus puertas.

Pocos días faltaban para que los menores cumplieran un mes de haber regresado a clases. Muchos aún no lograban adaptarse a las desmañanadas, pero ponían todo de su parte para despertar temprano, llegar a tiempo y disfrutar de la compañía de sus amigos.

Pero este martes, todo sería distinto, las sonrisas se apagaron y los gritos de felicidad que hacían eco en el patio rodeado por tres edificios, se convirtieron  en gritos de dolor y desesperación.

En segundos su escuela se vino abajo y con ello los sueños e ilusiones de 19 familias.

Minutos después de la una de la tarde, todo comenzó a vibrar, un sismo de 7.1 grados en la escala de Richter los puso en alerta.

Maestros y alumnos comenzaron a salir de los salones para ponerse a salvo. Los pequeños que dos horas antes habían ensayado cómo desalojar el inmueble en caso de temblor, siguieron a su maestra hacia la ruta de evacuación que se les había marcado.

Al bajar las escaleras, estás no soportaron la fuerza del movimiento y se desplomaron sobre sus frágiles cuerpos.

Los padres de uno de los menores habían asistido a una junta a la escuela, cuando comenzó el movimiento telúrico salieron de inmediato del edificio que en segundos quedó convertido en escombros.

Desesperados corrieron a buscar a sus hijos, a uno lograron encontrarlo cuando salía de su salón. Cuando intentaron localizar al más pequeño, este había desaparecido.

Y en ese momento inició el calvario. Niños cubiertos de sangre que entre gritos pedían ver a sus papás. Maestros que impávidos observaban la tragedia y más de una decena de pequeños que yacían atrapados entre concreto y fierros retorcidos.

Minutos después comenzaron a llegar otros padres en busca de sus hijos. Lograron entrar a la escuela para llevárselos de inmediato. Algunos a sus hogares, otros más a hospitales cercanos para que recibieran atención médica.

Pero alrededor de las dos de la tarde personal de la Marina Armada de México llegó al lugar y comenzó a cercar la zona e impedir el acceso a los papás y a decenas de personas que se volcaron para ayudar con las acciones de rescate.

Al interior la pareja que presenció la caída de uno de los edificios de la escuela, continuaba en la búsqueda del menor de sus hijos, pero fueron retirados del lugar.

Personal de rescate que llegó al punto inició con la remoción de escombros para tratar de sacar con vida a los menores.

Mientras tanto se integraba una lista con el nombre de los niños que sobrevivieron y los hospitales en donde se encontraban.

Después de las cinco de la tarde aparecieron los primeros cuerpos, los padres pedían verlos para ver si entre ellos se encontraba su hijo, pero no se les permitió.

En una área apartada del colegio los menores que perdieron la vida eran acomodados en espera de los servicios periciales para trasladarlos al Ministerio Público.

Fue hasta las nueve de la noche cuando se les notificó que deberían de acudir a una de las agencias del MP de la delegación Tlalpan para ver si ahí se encontraba el cuerpo de su hijo.

Y la esperanza desapareció, cuando vieron que ahí estaba su pequeño, aquel que durante siete años los lleno de alegrías, quien el día de su nacimiento obligó a sus padres a salirse de una fiesta porque era momento de llegar a este mundo del que finalmente  se despediría de forma inesperada.

Once de sus compañeros tampoco lograron sobrevivir, sus restos fueron velados un día después de la tragedia. Hasta las funerarias acudió personal de la Secretaría de Educación Pública para ofrecerles el pago del sepelio.

Han pasado ya tres días de que todo acabará en un abrir y cerrar de ojos. El pequeño y sus amiguitos ya descansan en paz.

Para sus padres una nueva etapa inicia, será el momento de enfrentar su ausencia. Regresar a casa y ver su habitación, sus juguetes, su ropa, los recuerdos de los viajes que juntos realizaron.

Él ya no está, pero tendrán que ser fuertes, su otro hijo los necesita, su compañero de juegos, su confidente ha emprendido el viaje, hoy es un ángel que los acompañará en este difícil camino que habrán de recorrer.