Desde la Fabulosa de Tepito, Meny Piraña es el salsero

En el Barrio Bravo ya lo conocen; ahora se abre espacio en otros lugares y, asegura, cantará en NY, sin olvidar el lugar que lo vio nacer

En el Barrio Bravo ya lo conocen; ahora se abre espacio en otros lugares y, asegura, cantará en NY, sin olvidar el lugar que lo vio nacer
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CIUDAD DE MÉXICO.

Martes 18 de octubre 2016.

"Por Tepito no te pares los martes", dicen por ay. Los martes son días que se parecen mucho a la gente que vive en la colonia Morelos: leales y de palabra. "Ir a Tepito es como ir a misa, carnal". Y es que conocer sus calles, su gente y la manera en cómo se respetan, es conocer una de las cualidades más ahincadas de la personalidad mexicana.

Legendario entre los Legendarios, el tianguis de La Lagunilla ha visto nacer y crecer a futbolistas, boxeadores, periodistas, pachucos y todo tipo de especímenes humanos de la ciudad, a través de muchas décadas. Y la calle Tenochtitlán y alrededores hoy viven encadenadas a los pregones de Meny Martínez Piraña:

Nací en Tlatelolco, pero vine a vivir a Tepito a los cinco años. A los 10 o 12 empecé tocando el teclado, pero siempre he tratado de ver cómo salir adelante, ¿no?, y un día que se me ocurre cantar. Hoy, toda la banda de aquí, me topa. Y estoy respaldado por la piratería que se vende”, dice Meny, mientras prende su computadora.

Sus primeros pasos los dio con un conjunto de merengue, "porque este barrio es sumamente merenguero y salsero, ¿eh?". Después "estuve en una orquesta como de catorce personas", pero esos grupos resultan ser poco solicitados —salvo contadas excepciones— no porque sean malos, sino porque "quieras o no, son más caros, y raro es el que lo paga".

Por eso hoy en día sólo trabajo con cuatro personas, a lo mucho cinco. Me dedicó a hacer las bases, y con los demás músicos se ponen en vivo las percusiones y todo lo que vaya saliendo". Para amenizar el ambiente, Meny reproduce una de sus obras que navega por internet: un cover de Héctor Lavoe, Siento.

El Piraña tiene el oído muy agudo para identificar, destacar, combinar y atrapar los ruidos que de las calles tepiteñas nacen. Frente a una antena de televisión por cable que tiene en su azotea, se inclina y dice:

— Ven, acércate. Pon mucha atención. ¡Pum, pum, pum! ¿Escuchaste el efecto que tiene el sonido aquí? —Si agudizas el oído, te darás cuenta de que incluso un susurro puede mini-retumbar por la curva cóncava de la antena—. Muchos de esos sonidos son los que utilizo en mi música: son de la "naturaleza".

Meny vive en el quinto piso de un edificio de interiores muy bonitos y cuidados, con arcos de ladrillo rojo, y las paredes del patio están pintadas de amarillo. En todos los pisos y pasillos domina una verdadera pulcritud. Ni un papel tirado. Su departamento tiene un balcón amplio donde ensaya con su séquito —El Piraña y la Banda que Manda— desde las alturas.

Como te dije, aquí ya me conocen. También topan mis rolas en Veracruz y hasta en Tabasco. Ahora voy para las grandes. Voy a tocar en Nueva York. Voy a tocar en Miami… Vas a ver", augura en su balconcillo, desde donde se puede tocar el cielo de la Cuauhtémoc con la punta de los dedos.

En sus inicios, Meny iba a bares a presentar alguna rola, con la esperanza de que llamaran, "pero en todos me abrían; me decían que nomás no rifaba"; ahora "los mismos centros piden que vaya a tocarles: la neta hasta me hice del rogar como tres meses con una bar".

— Ahora déjame ponerte una canción.

— Las que gustes, carnal. ¿Cómo te llamas? —pregunta, rascándose la cabeza cual macaco.

Y así es como dos locos y amantes de la salsa se "Topollillo" en Tepito. El calor, la ñañara, la fuerza y furia de la salsa comenzó a amainar. De un momento a otro bailábamos sin miedo y con rencor con una invisible pareja. El reflejo del cristal de su estudio de grabación devolvía nuestros movimientos: músculos flojitos y cooperando. Fuimos unos fáciles.

Meny no hizo ni pío mientras escuchaba la Salsa Dura, de Spanish Harlem Orchestra. Al finalizar:

No digas. ¡Qué rico suena! Ésa es salsa y no mama… A ver, ponte otra", «Simona la mona pelona, ¡cómo no! Usted no diga frío hasta ver pingüinos porque te traigo una salsa de aquellas que la pesan la raspan la gozan la besan. Vas a escuchar pura Quality».

Entre campechano y campechano poníamos una tuya una mía, mientras nos desguanzábamos al bailar—un servidor ya estaba en el envidiable balcón moviendo cadera como loquito—. Desde dicha azotea la Latinoamericana te mira coqueta, y Paseo de la Reforma se divisa claramente circular, blindado de altos edificios.

Los martes no se trabajan porque se visita a los familiares que están guardados.

Así como un Godínez de alcurnia —mejor llamémoslo un Gold-inez— observa desde su oficina de cristales, en el piso 30 o 50, de una multinacional, Meny mira a aquellos huérfanos de barrio, bien peinados y mejor perfumados, desde su quinto piso, como retándolos: la contracultura en su más alta expresión. Un privilegio verlo desde Tepito.

…Y la neta carnal, mira dónde estoy —Meny extiende los brazos, esperando que el cielo le caiga de a pechito como balón de futbol—. Caí aquí sin querer, gracias a Dios —se quedó pensativo un momento—. Y ¿sabes porque Dios me lo ha dado? Porque soy buena persona. Por eso, nada más".

Meny sigue llenando las carpas que se montan en Tepito y su área conurbada. El Barrio Bravo ya lo conoce: ahora se dirige a las ligas mayores sin olvidar la cuna en que nació. En YouTube lo hallarás como —no lo olvides— Piraña y la Banda que Manda—; y en Facebook lo has de buscar como Meny Martínez Piraña.

Su plan inmediato es mejorar el estudio de grabación y, posteriormente, comprar el departamento que por ahora renta. Su tatuaje de notas musicales, colocado atrás de la oreja izquierda, revela el camino por donde lo conseguirá. Piraña es cantante, compositor, arreglista, editor y otra tanta variedad. Además, te invita a conocer a la fabulosa de Tepito, desde sus cimientos y no en fotografía.

El objetivo era realizar una entrevista y salí —dulcemente— bailado. Por cierto: no me llevé la vista que tiene desde su balcón porque de plano no cabía en la mochila.

edd