El aire es más limpio; medición más severa

Los límites de la Organización Mundial de la Salud detonan contingencias, a pesar de que la calidad ambiental ha mejorado en los últimos años

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CIUDAD DE MÉXICO.

Las recientes concentraciones de contaminantes en el aire del Valle de México, en especial ozono, son estadísticamente las más bajas que se han registrado en las últimas décadas, pero altas y de riesgo para la población, de acuerdo con los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en los últimos años se han vuelto más severos.

Desde que inició el monitoreo de la calidad del aire, en 1986, los años con los picos más altos fueron 1992, 1993, 1995, 1999 y este año, con más de 200 puntos Imeca.

El registro más alto fue en 1992, cuando el 16 de marzo a las 14 horas se registraron 398 puntos, en la estación Plateros, al poniente de la ciudad. Cuatro días después el pico llegó a 360 puntos y se activó una Contingencia Ambiental Fase II que se mantuvo hasta el 10 de abril de ese año, durando 22 días la alerta, de acuerdo con el registro histórico de contingencias de la Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de México. En 1993 se llegó a 312 puntos.

En los siguientes años las contingencias no excedieron los 300 puntos, siendo la última el 18 de septiembre de 2002, cuando el valor Imeca alcanzó 242 puntos en la estación Pedregal, al sur, y en adelante no hubo picos tan altos, hasta marzo pasado.

De acuerdo con la Sedema, entre 1990 y 2015, el promedio anual de ozono se redujo en 35 por ciento, al pasar 43.4 partes por billón a 28 partes por billón, según los registros de las estaciones de monitoreo atmosférico.

A finales de la década de los noventa todavía hubo picos altos, pero del 2000 a la fecha los niveles se han mantenido bajos respecto a esas fechas.

Pese a la disminución paulatina en la emisión de contaminantes, las contingencias se han vuelto a activar no por el aumento en los niveles, sino por la reducción en los límites permitidos.

De mayo de 1986 a noviembre de 1989 no había precontingencia y la Fase I se activaba a partir de 200 puntos; a finales de 1989 se amplió el umbral hasta 250 puntos. En 1996 se incorporó la precontingencia, la cual funcionaba como alerta preventiva y la entonces Comisión Ambiental Metropolitana, en la que se coordinaban el Estado de México y el Distrito Federal en materia de calidad del aire, establecía el plazo durante el cual permanecía vigente el programa.

Los límites fueron cada vez más estrictos, tanto en ozono como en partículas PM10, buscando cumplir con lo establecido por la Organización Mundial de la Salud de máximo 100 puntos.

Otro contaminante que también ha representado un problema serio para la calidad del aire en el Valle de México y para la salud de la población son las partículas suspendidas menores a 10 micras, las llamadas PM10, cuyo grosor es diez veces menor que un cabello, son fácilmente inhalables por el sistema respiratorio y se alojan en pulmones causando daños en su funcionamiento.

Las partículas de polvo y las emisiones vehiculares representan 70 por ciento del total y, de acuerdo con la Sedema, el promedio anual se ha reducido 73 por ciento respecto a 1990, ello tras la pavimentación de calles y avenidas, lo que disminuye tolvaneras, que agravan la concentración de contaminantes.

Cerca de nueva Fase 1

El Valle de México estuvo a punto de vivir una Contingencia Ambiental Fase I ayer, ante el registro de 149 puntos Imeca por ozono.

Conforme al reporte hora por hora del Sistema de Monitoreo Atmosférico a las 13 horas comenzó a presentarse mala calidad del aire.

La estación de monitoreo del Centro de Ciencias de la Atmósfera alcanzó el pico más alto, con 149 puntos, registro negativo que mantuvo hasta las 17 horas. Además, a esa misma hora el índice UV marcaba +11, por lo que era necesaria “protección extra” para exponerse a los rayos del sol.

Minutos más tarde el nivel más alto en el Valle de México reportó 128 puntos.

Un día después de haberse desactivado la Contingencia Ambiental Fase I, la calidad del aire fue buena sólo en las primeras horas del domingo.

Por la tarde, la presencia de lluvia ayudó a reducir drásticamente las concentraciones de contaminantes, que para las siete de la noche ya estaban en niveles de “buena” calidad. El meteoro no dejó encharcamientos de consecuencia.