Transportistas: maternales, aun frente al volante

El gusto por manejar y la necesidad de apoyar a la familia llevó a estas tres mujeres a especializarse en la conducción de unidades de transporte público. El orgullo por su trabajo y su profesionalidad sobresalen cuando hablan de trasladar de manera segura a los capitalinos a sus destinos.

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CIUDAD DE MÉXICO.

Resolver los retos que impone una familia y la dirección del hogar y las capacidades que exige circular en las calles de la ciudad son labores que Hilda Vilchis realiza cada día.

Esta capitalina fue responsable del cuidado de su hija  y ahora de la conducción de un taxi del que se tuvo que hacer cargo una vez que su esposo fue liquidado de su trabajo. La necesidad económica apremiaba.

En 2009, Hilda acudió a la entonces Secretaría de Transportes y Vialidad, ahora Secretaría de Movilidad, para realizar los trámites que exigía la ley para ser operadora de taxi.

Esta taxista enfrentó una primera barrera en la percepción de algunos usuarios que desconfiaban de las habilidades de una mujer.

“A veces la discriminación viene de la propia mujer. Abren la puerta, ven que conduce una mujer y ya no se quieren subir, cuando nosotras también tenemos la capacidad de desempeñar este trabajo”, defiende.

Para cumplir con su papel como madre y operadora de transporte público, Hilda reparte sus responsabilidades en casa y en el trabajo con su esposo, con el que comparte el volante y las responsabilidades del hogar.

Rocío, líder al conducir el Metrobús

El gusto de Rocío Mayén por conducir vehículos pesados la llevó hace siete años a pedir una oportunidad como operadora en la Red de Transporte de Pasajeros (RTP).

Su carrera como conductora comenzó en el servicio especial Atenea, en el que pulió sus habilidades y capacidades que la llevaron a ser seleccionada para manejar una unidad de la Línea 5 de Metrobús.

“Para Metrobús nos hicieron pruebas de manejo, exámenes sicométricos y teóricos de mecánica y de operación. Fuimos 138 operadores, para esta convocatoria había 20 lugares, y de mi módulo sólo quedamos dos”, relató la operadora que inició como taxista.

Esta conductora de Metrobús es madre de cuatro hijos que ya formaron sus propias familias y, aunque ya no viven con ella, ahora disfruta una nueva etapa como abuela una vez que concluye su jornada sobre ruedas.

“Esto ahora, pero antes la dinámica en la casa tenía que ser de grupo, siempre nos hemos distribuido las tareas, a mí nunca se me hizo pesado porque mis hijos me ayudaban mucho y eso lo hacía más fácil. Siempre fuimos un equipo”, relató.

Norma, del taxi a llevar un Atenea

Los riesgos de conducir un taxi en el Estado de México llevaron a Norma Rosales a buscar una opción laboral segura, así llegó a la Red de Transporte de Pasajeros (RTP).

“Tenía a mi bebé y era un poco riesgoso porque la traía conmigo. No había de otra más que andarla jalando conmigo y por eso estuve un tiempo con un taxi, pero nunca con una unidad más grande”, recordó.

En marzo de 1999, ingresó a la RTP como conductora del servicio especial de transporte escolar.

“El hecho de traer a una persona o una unidad de ese peso ya es una responsabilidad muy grande. Traer una vida sobre nosotros es algo muy serio. En el caso de los niños, yo sabía que son lo más preciado para cualquier persona”, comentó.

En 2014, Norma fue traslada al servicio Atenea, en la Ruta 162, que se ofrece de forma exclusiva a mujeres, este ha sido desde entonces su trabajo. La operadora reconoce que este tipo de servicios exclusivos son necesarios, ya que las mujeres son constantemente víctimas de acoso en el transporte público, aunque considera que la división para mujeres y hombres en el transporte público es necesaria, dijo que espera que en unos años esto ya no exista.

Teresa, total entrega a sus pasajeros

Teresa Ramos cuida, como si se tratara de sus familia, a las 200 personas que por cada viaje transporta en la unidad de Metrobús que conduce.

Ella maneja un autobús articulado en la Línea 1 del Metrobús, que va de Indios Verdes a El Caminero.

Su trabajo requiere de precisión y cuidado. Antes de salir, Teresa examina que su unidad esté en perfecto estado mecánico, que los sistemas de seguridad operen con regularidad y que ella misma esté en un buen estado físico.

“Todos tus sentidos y tu capacidad deben estar en todo: en los usuarios, en la unidad, en los peatones, en los demás automovilistas, en los semáforos, en infinidad de cosas y esto demanda estar al cien por ciento.

El gusto por la conducción de vehículos pesados lo forjó en las carreteras del país, cuando tuvo que manejar un camión foráneo de mercancías que la obligaba a dejar a sus hijos, a veces, durante un mes.

La empresa Corredor Insurgentes y Metrobús le dieron la oportunidad, hace 10 años, de encontrar un trabajo estable, que le permitiera estar con su familiar y demostrar que una mujer puede ponerse detrás del volante de un autobús de pasajeros.