Entre devoción y fe, concluye La Pasión de Cristo en Iztapalapa

Tras la crucifixión, los apóstoles pidieron bajar el cuerpo de su maestro para llevarlo al sepulcro.

CIUDAD DE MÉXICO.

“Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu”, dijo el Cristo de la 173 Representación de la Pasión en Iztapalapa, al tiempo que el arcángel Gabriel soltó una paloma blanca que se posó entre los árboles que se encontraban en el Cerro de la Estrella.

Tras un recorrido de dos kilómetros de la Macroplaza Cuitláhuac al Cerro de la Estrella y cargando una cruz de 90 kilos y una corona de espinas, el Cristo de Iztapalapa que interpretó Ariel Rodrigo Luna, se dirigió hasta donde se escenificó la crucifixión, donde era esperado por visitantes nacionales y extranjeros.

Acompañado por los apóstoles, vírgenes, nazarenos, mujeres de pueblo, la guardia, clarines, romanos, judíos, así como Dimas y Gestas, quienes también fueron crucificados, el Cristo de Iztapalapa caminó entre las calles de la demarcación ante la mirada de decenas de personas que se dieron cita al paso de la procesión.

A lo largo del recorrido, los asistentes se prepararon con visores para observar mejor el paso de la procesión, sombrillas para cubrirse del sol y se concentraron en techos y aceras para tener el mejor lugar y ver el paso del viacrucis.

Durante el recorrido, el Cristo de Iztapalapa fue golpeado, escupido, azotado y humillado ante la mirada de los asistentes, mientras que los personajes a caballo reducían el espacio por las calles de Iztapalapa, pues la gente se amontonaba para tratar de no estorbar y permitirles el paso.

Judíos y romanos seguían el paso de Cristo quien sufrió las caídas y sostuvo los encuentros con los personajes programados, entre ellos la Virgen María y Verónica, mientras que la gente de esta demarcación política se conmovía de las escenas.

Al llegar al Cerro de la Estrella, Judas, el discípulo que lo vendió por 30 monedas, arrepentido se colgó a unos pasos de donde estaba la cruz en la que posteriormente fue crucificado Jesús.

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, dijo cuando fue subido a la cruz, mientras que Dimas y Gestas ya estaban en sus respectivas cruces.

Tras la crucifixión, los apóstoles pidieron bajar el cuerpo de su maestro para llevarlo al sepulcro.

asj