Barrios se transforman con nuevos inquilinos

Los refundan vecinos que dejan sus colonias cansados de la intensa actividad comercial, proliferación de establecimientos y problemas de movilidad

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Nuevos edificios de departamentos en Antonio Caso, entre Insurgentes y Circuito, en la San Rafael, colonia que comienza a experimentar el fenómeno de transformación urbana. Fotos: Elizabeth Velázquez / Gráfico: Daniel Rey
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CIUDAD DE MÉXICO, 29 de marzo.- Su intensa vida vecinal aún puede retrasar la gentrificación, sin embargo, la llegada de nuevos vecinos que huyen de zonas más agitadas

de la ciudad es inexorable.

De las colonias Condesa y Roma, que alcanzaron un auge importante en los últimos 20 años, comienzan a emigrar inquilinos en busca de zonas con menos ajetreo, precios de renta o venta más bajos, y una vida vecinal que en muchas colonias se ha pulverizado.

La migración dentro de la ciudad, de acuerdo con Alejandro Hernández, director editorial de la revista Arquine y especialista en gentrificación, no es necesariamente un fenómeno que dañe a los barrios que reciben a estos nuevos inquilinos, siempre y cuando se adecuen a integren a esa vida barrial.

Las colonias Tabacalera, San Rafael, Santa María la Ribera, en el centro-norte de la ciudad de México son las que comienzan a experimentar este fenómeno, aunque con características distintas a como se dio en la Condesa hace 25 años, y hace una década en la Roma.

La gentrificación es el fenómeno de migración de los vecinos originarios de un barrio, a través del encarecimiento del costo del suelo, y la llegada de nuevos vecinos que difícilmente se integran a su vida de barrio.

“La Santa María tiene una estructura de barrio más fuerte. Se va a tardar más (su gentrificación). La Tabacalera y la San Rafael tienen la fuerte presión del corredor Reforma.

“Hacia Santa María el incremento inmobiliario se va hacia los niveles medio y alto, que es el primer paso de la gentrificación, que es la llegada de quienes apuestan a renovarla, abren galerías, restaurantes, la ponen de moda y luego llega la oleada de gente”, destacó Hernández.

“Mi impresión es que la San Rafael está bien poblada, que no está abandonada, no hay espacio para la llegada de nuevos vecinos”, señaló.

Precios diversos

La renta de un departamento en la San Rafael tiene un costo de seis mil pesos por 60 metros cuadrados, esto es, 100 pesos por metro cuadrado.

En tanto, en la Roma, en promedio, el metro cuadrado cuesta al menos 20 por ciento más, pues un departamento de 85 metros cuadrados tiene un costo base de 10 mil 500 pesos y puede llegar a  15 mil pesos en la Condesa.

Esta diferencia de precios ha hecho que inquilinos de la Roma o Condesa busquen zonas cercanas pero a menor costo de renta.

“Si vas a trabajar en algún corporativo y no quieres dedicarle tres horas del día a viajar, entonces te vas a buscar algo accesible, de 50 o 60 metros cuadrados.

“Esa superficie puede valer un millón de dólares (sobre Paseo de la Reforma) y a dos cuadras uno de las mismas características cuesta tres millones de pesos que es caro para lo que era esa zona, pero sigue siendo accesible”, destacó Hernández.

Esta tendencia se marca en zonas como la Tabacalera y la Juárez (en la zona cercana a Reforma) donde un metro cuadrado en un edificio nuevo de departamentos cuesta hasta 18 mil pesos, precios que duplican al que se pagaba hace 10 años por un piso recién construido sobre avenidas como Morelos, a dos cuadras de Reforma.

En la Juárez se ha registrado apertura de nuevos establecimientos ajenos enfocados a un estrato social y económico que aún no habita, pero que llegará dentro de algunos años.

En terrenos entre Reforma, Abraham González y Bucareli se construirán al menos cinco torres con nuevos inquilinos (vecinos y trabajadores) que darán un giro a esa zona.

En un recorrido por la Tabacalera se pudo constatar que prolifera la construcción de edificios de departamentos, la remodelación de pisos ya existentes y el reciclaje de inquilinos.

La cantidad de letreros y gallardetes de renta ponen en evidencia que la Tabacalera está en pleno cambio de inquilinos.

En la calle Edison, a dos cuadras de Reforma, el costo de una

habitación de 30 metros cuadrados es de unos seis mil pesos.

Más al sur

Narvarte, Portales, están entre esas colonias que comienzan a recibir a nuevos vecinos cansados de la intensa actividad comercial, proliferación de establecimientos de alto impacto y de problemas de movilidad que se viven en la Condesa, Roma, Juárez, Cuauhtémoc, Anzures y Escandón.

Esas colonias, además, tienen la peculiaridad de que mantienen una buena parte de la riqueza arquitectónica del siglo XX en la Ciudad de México.

En algunos casos los arquitectos más importantes de México construyeron ahí edificios y casas, sin embargo, hay inmuebles considerados como “funcionalismo vernáculo” que tienen detalles que conforman un paisaje urbano uniforme y destacado, comentó Hernández.

“En la parte oriente de Vértiz Narvarte hay buenos departamentos, se han comenzado a abrir nuevos locales, cafés gourmet, son señales de que se va hacia ese fenómeno de gentrificación”, destacó el director de Arquine.

En esa zona es donde aún existen edificios destacados que “están a la espera de que se tomen buenas fotos y se haga un buen libro” para poder promover su conservación aunque no sean de un arquitecto renombrado, pero tienen aspiraciones estéticas relevantes.

Hacia el poniente de la Narvarte, en cambio, “se tiran las casonas y se levantan edificios con los departamentos que puedan caber”, afirmó Alejandro Hernández.

Gentrificación mal entendida

El gran problema de la gentrificación en la Ciudad de México es que se piensa que debe convertir a un barrio en una especie de zona exclusiva, cuando en ciudades como Nueva York o Londres se trata de compaginar la vida de barrio, la conservación de vecinos originales y la llegada de nuevos inquilinos de estratos económicos y culturales distintos.

“Si no hay intervención activa del Estado para permitir que haya vivienda de todo tipo, si se deja todo en manos del mercado la presión es muy fuerte, y más en países como México”, destacó Alejandro Hernández en entrevista con este diario.

Lento, el repunte en CH

En el Centro Histórico, la gentrificación no se ha concretado con fuerza debido a que esa zona mantiene los problemas de bloqueo de calles, abasto y ruido a los que los inquilinos que llegaron en la última década no se pudieron acostumbrar.

“Hay gente que llegó a vivir convencida de que era una buena opción y han salido porque la realidad es un duro golpe”, aseguró Alejandro Hernández, director general de la revista Arquine, especializada en arquitectura y desarrollo urbano.

Un área de oportunidad podría ser la construcción de nuevos edificios de departamentos y el reciclaje de viejos edificios (como el Bahmer) en el corredor Reforma Alameda Centro.

“El crecimiento se dio hacia Eje Central, Juárez y hay hasta hay un cambio demográfico, la cosa es encontrar los modelos.

“En el Centro, no sería mala idea repoblar los segundos pisos, más de la mitad están abandonados. Proyectos como el de la renovación de La Merced, podrían detonar el crecimiento con vivienda popular en esa zona”, destacó Hernández.

En años de inversiones públicas y privadas en el Centro de la Ciudad de México, esa zona se ha registrado una importante revitalización comercial y turística, siendo menor la recuperación habitacional.

El boom del Centro se logró con un gasto público, hasta la administración pasada, de 400 millones de dólares, y de una inversión privada dominada por la Fundación del Centro Histórico, de Carlos Slim, que adquirió 78 inmuebles, equivalentes a 80 mil 900 metros cuadrados a la vivienda y hospedaje y un número similar de oficinas.

Del medio millón de habitantes que tenía el Centro al inicio de los años 50 del siglo XX, llegó a su mínimo histórico en 2000, con apenas 31 mil habitantes.

Tras las inversiones realizadas en la recuperación de edificios, promoción de la zona para fines habitacionales y la apertura de fuentes de empleo a partir de 2002, se inició un repunte lento pero paulatino.

En el censo de 2010 se determinó que el Centro contaba con 33 mil habitantes, dos mil más que en 2000.

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