Más de 100 años de tradición el Salón Bombay

Dejó de ser el cabaret de las ficheras para convertirse en la casa del hip-hop del Distrito Federal

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CIUDAD DE MÉXICO, 14 de agosto.- A unos pasos de la estación del Metro Garibaldi, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, está ubicado uno de los lugares emblemáticos del cine de ficheras de los años 70: el Salón Bombay, fundado en 1906 con el giro de “piquería” (sitio donde únicamente se vendía alcohol) y que, al paso del tiempo, ha modificado su nombre y concepto en más de dos ocasiones.

Aquel sitio, que vio desfilar a excéntricas vedettes mexicanas y extranjeras como Wanda Seux, Lyn May  y  La Princesa Lea;  que se engalanó con la presencia de actores de los filmes para adultos, como Rafael Inclán, Carmen Salinas, Sergio Ramos y Alfonso Zayas; y que albergó los espectáculos musicales de la Sonora Santanera, ahora es punto de

encuentro para quienes gustan de la música hip-hop y el arte callejero, como el grafitti, platicó Tomás Brum, encargado actual del salón.

Incluso, su fachada, visible a los ojos de quienes transitan por la calle Ecuador a su cruce con el Eje Central, también modificó su apariencia: lo que antes era una pared de color sólido, con letras luminosas y rodeada de señores con sombrero y tirantes, ahora expone el trabajo de los mejores grafiteros de México.

La historia

En principio, el lugar se llamó La Niña; después adquirió otros títulos como El Imperial y El Shangai, hasta que, en 1952, un hombre llamado José Luis García Contreras (quien murió en noviembre de 2011) lo compró y lo bautizó como Club Bombay, donde empezaron los espectáculos para adultos que, años más tarde, fueron testigos de la decaída del mítico sitio: de salón  de baile pasó a ser cabaret, burdel y hasta table dance, platicó Brum. 

Pero, en los años 70, además de mujeres de cintura angosta y caderas anchas bailando semidesnudas, el Salón Bombay alojó las charlas de escritores reconocidos en México y otros países,  como Jaime Sabines, Gabriel García Márquez y Renato Leduc, quienes formaron parte de la transformación de éste y otros salones de colonias aledañas al Centro Histórico, como la Obrera y la Doctores.

En 2011, el Bombay cerró sus puertas por conflictos económicos; sin embargo, Luis García (hijo del propietario José Luis García Contreras) cedió la batuta a Tomás Brum –director de la revista Rayarte y dueño de la tienda especializada en grafittis Tt Caps–, quien decidió transformar el lugar en el Centro Cultural Juvenil Rayarte.

Así, tras ver en el Bombay una oportunidad para impulsar la cultura entre los jóvenes, Brum inició un foro destinado para el baile, el dibujo callejero, la música –principalmente hip-hop– y otras disciplinas artísticas.

Aún conserva el nombre de Bombay, pero ahora es visitado por raperos y otros representates de las subculturas urbanas, como skinheads y rockabillys. Incluso, el responsable del nuevo Bombay organiza concursos de grafitti y de baile (brake dance, en su mayoría), así como conferencias, firmas de autógrafos, exposiciones y talleres de literatura y malabares, por ejemplo.

Tomás Brum destacó que todas las historias alrededor del Bombay han recorrido los años de boca en boca, pues nunca se documentó la trayectoria de este y otros salones de México, como el Caballo Loco y el Barba Azul.

Desde afuera

David, un joven de 23 años y fiel seguidor del hip-hop mexicano, acude desde hace más de un año a los shows realizados en el Bombay: “he escuchado que fue un lugar de mala muerte, pero ahora, para mí, es un sitio que apoya la cultura y a todo aquel que guste de ella.”

Así, David calificó al Bombay como “la casa del hip-hop. Un representante de la música urbana como lo es la Arena México para la lucha libre. Un lugar que impulsa y promueve el hip-hop en una sociedad donde se cree que los raperos son delincuentes”.

En el cine

Películas como Las Ficheras (1976), Bellas de Noche (1974), A garrote limpio (1985) y Albures (1975), entre otras, fueron filmadas en el Salón Bombay.

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