Son jóvenes tres de cada diez detenidos

Tienen entre 15 y 25 años, y de este universo 87 por ciento son hombres; las cifras de 2013 se replican este año

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15/04/2014 05:59 Filiberto Cruz Monroy

CIUDAD DE MÉXICO, 15 de abril.- Las estadísticas parecen confirmar la percepción de que los delincuentes jóvenes toman cada vez más riesgos. Tres de cada diez detenidos tienen entre 15 y 25 años; y 35 por ciento de este universo cometió un delito de alto impacto.

En 2013 fueron detenidas 33 mil 702 personas en la Ciudad de México por cometer delitos del fuero común. De esas, diez mil 207 eran jóvenes con el rango de edad mencionado, lo que equivale a 30.3 por ciento, de acuerdo con estadísticas de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF). De enero a marzo de este año fueron detenidas ocho mil 243 personas, de las cuales dos mil 506 corresponden con la edad, lo que equivale a 30.4 por ciento.

Esos riesgos son tomados aunque saben que existe la posibilidad de que sean abatidos o detenidos.

Óscar Galicia Castillo, profesor e investigador del departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana, advierte que se trata de jóvenes con historias comunes, pero inmersas en una crisis de valores, familiar, laboral, económica, cultural y de reconocimiento social.

“Son marginados, rechazados, los que corrieron de la secundaria, a los que la gente les dijo que no se juntaran con sus hijos; eso es aislamiento social. Entonces llega un sujeto y les dice que lo hicieron bien y entonces alguien les palmea la espalda; no importa si lo hace porque le dispararon a alguien”, señala el académico.

“Tienes a un grupo de chavos que no tienen acceso a la escuela, que no tienen acceso al trabajo, que no tienen nada qué hacer, y esperamos que se sientan felices con un tipo de vida parásita”.

Galicia Castillo agrega que existe una crisis de valores que se vive actualmente, incluso señala que en muchos hogares la posibilidad de delinquir es válida e inclusive no se ve como algo indebido.

Muchos de los jóvenes que ingresan a las filas de la delincuencia viven vidas similares o compatibles: uno o los dos padres están ausentes, desertaron de la escuela, consumen alguna sustancia sicotrópica y tienen algún familiar encarcelado.

Además, todos persiguen una reivindicación. “Buscan el reconocimiento de los grandes, de quien acuchilló a quién sabe cuántos, de quien ha asaltado; ese reconocimiento de esas personas es importante para una adolescente en formación, porque lo está buscando, lo necesita. Los jóvenes necesitan que les digamos que son valiosos”, precisó el experto de la Ibero.

Además, agrega, hay paradigmas que han decaído y uno de ellos es el trabajo como una forma de escalar económica y socialmente.

“Aunque los padres trabajen o (los jóvenes) tengan hermanos que les den buen ejemplo; no importa cuánto trabajen, siguen igual de pobres, entonces están dispuestos a tomar el riesgo porque saben que no hay otra forma; anteriormente teníamos la idea de que estudiando y trabajando íbamos a cambiar nuestra situación económica, nuestra condición social, pero actualmente eso es falaz”, aseveró el especialista.

De acuerdo con las cifras de la PGJDF, 87 por ciento de los jóvenes de 15 a 25 años que cometen un delito son hombres y de ellos 12 por ciento tiene 20 años, la edad más propensa para delinquir.

El delito que más cometen en ese rango de edad es el robo a transeúnte, con 13.37 por ciento; seguido del robo a negocio, con 2.03 por ciento; el robo de vehículo, con 1.84 por ciento, y el robo a pasajero de microbús, con 1.23 por ciento.

En una escala menor aparece el robo a casa-habitación, con 0.50 por ciento; a pasajero en el Metro, con 0.28 por ciento; a repartidor, con 0.24 por ciento; las lesiones dolosas por disparo de arma de fuego, con 0.23 por ciento, lo mismo que la violación; el robo a cuentahabiente, con 0.17 por ciento; homicidio doloso, 0.12 por ciento; robo a pasajero a bordo de taxi, 0.06 por ciento, y robo a transportista, con 0.01 por ciento.

Valor por lo material

Por otra parte, hay jóvenes dispuestos a enfrentarse a un delincuente por salvar posesiones materiales como un teléfono celular o un reproductor de música, poniendo en riesgo su vida.

En ocasiones, el valor que los jóvenes le otorgan a las posesiones es desmedida, advierte el catedrático de la Universidad Iberoamericana.

“Durante un asalto una de las cosas que tenemos es miedo, pero hay personas que superaron esa parte porque seguramente no es la primera vez que los asaltan, algunos de esos jóvenes que oponen resistencia tienen una historia de varios asaltos”, señala.

Galicia Castillo se refiere al joven que perdió la vida tras oponerse al robo de un celular: “Claramente en el caso de este chico de Tlalpan es un teléfono que le acaban de dar, es nuevo, a su mamá le costó mucho esfuerzo comprárselo, el chico lo valora muchísimo, el valor de eso es enorme para él, tan enorme que no lo entrega. Ese valor que le damos a las cosas puede llevarnos a arriesgar nuestra vida”.

Respecto de la muerte de un joven presuntamente empujado por unos de sus compañeros a las vías del Metro en la estación Copilco de la Línea 3, el académico considera que la actuación está directamente vinculada con la ingesta de alcohol, pero que el intento de fuga de los posibles culpables demuestra un problema de educación.

“Alrededor de 60 o 70 por ciento de los eventos trágicos están relacionados con el consumo del alcohol. Es una sustancia que produce un adormecimiento de las funciones mentales, incluyendo aquellas estructuras que nos llevan a pensar las cosas, a reflexionar, a preocuparnos por el otro.

“Darse a la fuga ocurre cuando tenemos una culpabilidad pero no aceptamos la responsabilidad y eso también es una cuestión educativa”, concluyó.

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