Carla Rippey, nueva directora de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado

La artista visual es la primera mujer que encabezará el espacio

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02/11/2013 02:39 Virginia Bautista
Foto: Karina Tejeda

CIUDAD DE MÉXICO, 2  de noviembre.- Trabajar “muy de cerca” con la comunidad de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, “tomar las decisiones en consenso con maestros y estudiantes y hacer consultas amplias”, es lo que pretende la nueva directora de este legendario plantel, Carla Rippey.

La artista visual de origen estadunidense, quien vive en México desde hace 40 años, se convertirá a partir del próximo 15 de noviembre en la primera mujer que oficialmente está al frente de esta escuela en la que han dado clases creadores como Diego Rivera, Francisco Zúñiga, Frida Kahlo, María Izquierdo y Agustín Lazo, entre otros.

“En San Fernando hubo una mujer que estuvo como interina unos meses. Pero nombrada como tal soy la primera. Fuimos tres candidatas mujeres. Ana Lilia Maciel era fuerte. Si no hubiera sido yo, tal vez hubiera llegado otra. Llegó el tiempo de las mujeres en La Esmeralda”, comenta en entrevista con Excélsior.

Quien nació en Kansas City en 1950 y radicó en París y Chile admite que, aunque ha estado cerca de La Esmeralda desde hace 12 años, como maestra de Producción y Gráfica, en el Consejo Académico y en la Comisión de Titulación, dirigirla significa “un cambio de paradigma muy grande”.

Recibe el timón del plantel ubicado en el Centro Nacional de las Artes en el marco de los 70 años de haber sido aprobado por la SEP su primer plan de estudios, en 1943. “Es una tarea ardua. No voy a llegar a solucionar todo. Pero creo que es muy útil que quien dirija una escuela de arte sea un artista, porque entiende mejor a los alumnos y maestros o por lo menos ha tenido la misma experiencia”, agrega.

Quien tomó cursos en la Sorbona y se tituló en Humanidades (B.A. Liberal Arts) en la Universidad Estatal de Nueva York piensa que es difícil crear una comunidad en La Esmeralda porque, en primer lugar, hay pocos maestros de tiempo completo.

“Los artistas hacen su obra cuando no dan clases, los críticos o curadores tienen proyectos por fuera o deben trabajar en dos o tres instituciones para llenarse profesionalmente o sacar para la renta. Cuando no tienes a gente de tiempo completo cómo haces que se involucre. Afortunadamente, éstas son carreras que la gente escoge por pasión, no porque sean redituables económicamente, y hay mucha gente comprometida; pero hay que encontrar que funcionen como comunidad”, añade.

Rippey dice que seguirá dando clases para estar cerca de los alumnos, conocer sus inquietudes, saber qué está pasando y ver que las cosas realmente funcionen. “Quiero mantener contacto con los chavos. En el reglamento del INBA está estipulado cómo deben funcionar las academias y nunca han funcionado así, en parte porque es difícil que los maestros vengan en horas que no son sus clases.

“Hay que tomar decisiones en consenso con todos, tras una consulta amplia, así es más factible que lo que es una academia tenga una razón de ser, que la gente se interese en ir porque su opinión será tomada en cuenta”, indica.

La integrante del taller colectivo de grabado del Molino de Santo Domingo (1974-1976) y del grupo de arte experimental Peyote y la Compañía (1978-1984) aclara que, además del reto de ampliar la matrícula de alumnos, que en este momento es de 280, existe otro, que es lograr que quienes ya cursan sus carreras se titulen.

“Es un proceso largo. Estas instituciones tienen muchos problemas porque siempre falta presupuesto. En el caso de La Esmeralda todo lo que es mantenimiento depende del Cenart, y la parte académica del INBA. Hay que hacer mucho trabajo de gestión simplemente para cambiar un foco. Todo esto será un aprendizaje para mí, pues es importante que todo esté bien, desde las cosas más simples a las más complejas”, prosigue.

La ex catedrática de la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana (1980-1985) evalúa positivamente la gestión del director saliente, Eloy Tarcisio. “Fue muy bueno en la difusión, para organizar congresos, traer a gente interesante. Tenía un buen equipo de trabajo en ese sentido. Fue enriquecedor y le dio más presencia a la escuela”.

“Hay mucho por hacer. Lo importante es que es una escuela de arte de gran calidad y casi gratuita. Incluso quisiéramos cambiarle el nombre. Debe ser de Artes Visuales, en lugar de Escultura, Pintura y Grabado, porque ahora hay mucho énfasis en la hibridación, en lo transdisciplinario. Hay que dar el salto al siglo XXI”, considera.

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