Avalan restauración de El Caballito con ácido nítrico

La estatua ecuestre no tiene ningún daño y es “completamente normal” utilizar la solución química que se le aplicó, aseguran tres escultores mexicanos

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CIUDAD DE MÉXICO, 14 de octubre.- La escultura ecuestre de El Caballito no tiene ningún daño y es “completamente normal” usar una solución de ácido nítrico y agua en la restauración de una figura de bronce como la de Carlos IV, aseguran los escultores Sebastian, Juan Carlos Canfield Zapata y Ricardo Ponzanelli, quienes trabajan con bronce de manera cotidiana elaborando piezas para diferentes ciudades de México y el mundo.

“No me atrevo a decir que el 50% está dañado, ¿en qué?, ¿se va a caer?, ¿se adelgazó?, ¿la estructura está deformada? Eso no lo entiendo; ¿está dañada porque bajó un poco el espesor del bronce? No sé hasta qué punto atacaron con el ácido; por supuesto que si es mayor la cantidad de ácido corroe, pero los que hacen las pátinas saben su oficio y en México hay excelentes trabajadores de la técnica del bronce y de pátinas extraordinarias”, señala Sebastian.

El escultor –quien se inspiró en la obra de Manuel Tolsá para crear una versión de la escultura ecuestre, que se ubica en la misma glorieta que antes ocupó El Caballito– afirma que para limpiar y sustituir una pátina de una pieza de bronce siempre es necesario utilizar ácido: “Si van a poner una pátina más duradera, más fresca, que no siga deteriorando el bronce, había que limpiarlo todo y dejarlo como nuevo con una pátina reluciente; para el bronce esa es la técnica, tienen que usar por fuerza el ácido”.

Sebastian advierte que su trabajo no es la restauración y que sus palabras provienen desde la experiencia personal con el bronce, que ha utilizado para hacer todas sus esculturas de pequeño y mediano formato, en las que siempre ha utilizado ácido.

“En muchas ocasiones hemos utilizado ácido nítrico, yo creo que la técnica antigua de El Caballito era así; justamente Tolsá se enfermó de los pulmones por la pátina de El Caballito, porque le afectó el vapor de los ácidos”, señala.

El 8 de octubre pasado, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dio a conocer un dictamen en el que asegura que la empresa Marina, Restauración de Monumentos, propiedad de Arturo Javier Marina Othón, dañó irreversiblemente la obra: “Al utilizar el ácido nítrico en concentraciones tan elevadas (solución al 30%) se eliminó de manera irreversible tanto la pátina que protegía la superficie como una cantidad de metal de la aleación del bronce, poniendo en riesgo la integridad de la escultura. El ácido nítrico atacó inicialmente a la pátina de la escultura, disolviéndola. Así, se perdió de manera irreversible el 50% de esa capa estable que protegía al bronce original”.

Sebastian distingue dos visiones: la que defiende conservar la pátina que se ha formado con el tiempo y la que decide sustituirla. “En El Caballito había una pátina que se ganó con el tiempo, pero ¿quién nos dice que era la original y si en alguna época de la historia ya se había limpiado y se había vuelto a

patinar?”.

Juan Carlos Canfield, autor de esculturas en bronce que se encuentran en el Zoológico de Chapultepec y otras que se han instalado en diversas ciudades, también considera usual el trabajo que se realizaba con la pieza ecuestre de Carlos IV.

“Es lo más normal que se limpie la escultura de bronce con ácido nítrico, es perfectamente normal que surjan estas tonalidades verde claro, porque el bronce es una composición de estaño con cobre, y el cobre se oxida naturalmente en color verde”, dice.

“Desde mi punto de vista este intento de trabajo se estaba haciendo bien, me parece que truncaron el trabajo y no permitieron que se terminara el proceso; lo único que puedo criticar es que quizás hayan ensuciado el basamento de piedra, sin embargo creo que lo que se estaba haciendo era lo que se tenía que hacer y se escandalizaron, les pareció buena la oportunidad para hacer un escándalo como el que se acostumbra hacer en México por este tipo de cosas”, asegura.

Canfield, autor de El Coloso, pieza que formó parte del desfile del Bicentenario, afirma desconocer a la empresa Marina, Restauración de Monumentos y opina que quizás sólo debió limpiarse la escultura y no sustituir completamente la pátina.

“A lo mejor fue algo muy extremo, creo que debió haberse limpiado y reparado algún detalle, pero el tratar de cambiarla desde cero fue algo muy aventurado. Pero que al final de cuentas la escultura como tal, la forma no ha cambiado, creo que no es para tanto, ahora se va a terminar el proceso, se va a patinar y quizás tenga un tono diferente, pero en el caso de una obra de bronce que se ubica en la intemperie es normal que eso suceda”, agrega.

Ricardo Ponzanelli tiene más de 200 esculturas en bronce en espacios públicos, algunas de ellas son la representación de Daniel Cosío Villegas que hizo para El Colegio Nacional o la de Manuel J. Clouthier que está sobre avenida Insurgentes; también ha diseñado diferentes piezas ecuestres. Él también opina que El caballito no tiene ningún daño.

“Es injusto que digan que destruyeron: en las fotografías no se ve ningún daño porque no existe; para que un ácido pueda dañar un bronce físicamente va a abrir poros y tiene que ser prácticamente puro para que los abra, inmediatamente empieza a trabajar el ácido sobre el metal y hace poros”, explica.

El escultor tampoco conoce a Marina Othón, pero sí a su asistente José Luis Rosas, con quien ha trabajado los últimos 30 años: “No sólo está preparado para restaurar sino que de la nada está capacitado para trabajar el bronce, conoce todo el proceso de fundición, restauración, pátina”.

Ponzanelli, quien también hizo algunas esculturas durante la ampliación hacia el norte de Paseo de la Reforma, considera “muy absurdo que después dijeron que dañaron un tanto por ciento. ¿Con qué conciencia pueden hablar de un porcentaje si no tienen idea de lo que es el 100 por ciento?, ni siquiera tiene sentido el precio que ponen, están hablando de un millón y medio (de pesos) de los daños, ese avalúo en base a qué se hizo; es lo más absurdo que he escuchado en mi vida. Con esa cantidad yo me podría comprometer a hacer una réplica en bronce que a la vista no se distinguiría cual es la original”, agrega.

“No se vale que con todo el desconocimiento el mundo empiece a culpar cosas que no existen, a este hombre le están cerrando las puertas, estaba haciendo las cosas correctas, están hablando de que estaban echando a perder la pátina natural del tiempo mientras que se les está contratando para que la quiten y pongan una nueva, es una remodelación, desde ahí es absurdo lo que están diciendo de que echaron a perder la obra”, agrega.

El viernes pasado el perito Armando Castro García, especialista en grafoscopia, cuestionó el dictamen del INAH. De acuerdo con el experto, el documento sólo es una narración de hechos y no comprueba los daños que pudo haber sufrido la obra, tampoco sostiene de dónde se concluyó que las afectaciones ascienden a un millón 415 mil 723 pesos.

El dictamen está compuesto por 21 hojas y fue elaborado por trestauradores especialistas en metales, un químico metalúrgico y arquitectos.

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