Retrato hablado: Alice Munro, de la mente al Nobel
La escritora canadiense, más bien tímida, proviene de un mundo rural y su obra desentraña lo cotidiano
CIUDAD DE MÉXICO, 13 de octubre.- El primer cuento que leyó la escritora canadiense Alice Munro, quien el jueves pasado obtuvo el codiciado Premio Nobel de Literatura, fue La sirenita, de Hans Christian Andersen. Pero, ella misma cuenta, como el final le pareció tan triste salió y dio vueltas en el patio de su casa; pensó que no podía permitir que el relato terminara así y se sentó a escribirle un nuevo final.
“Esa vocación por encontrarle un camino diferente a la vida es la que marca la trayectoria de Munro”, afirma la escritora Sandra Lorenzano, conocedora de la vida de la considerada maestra del cuento contemporáneo y lectora voraz de su obra, quien comparte esta anécdota.
Nacida en Wingham, Ontario, el 10 de julio de 1931, la autora de 12 libros de cuentos y una novela vivió primero en una granja al oeste de esa provincia canadiense, en una época de depresión económica; esta vida tan elemental fue decisiva como trasfondo en una parte de sus relatos.
“Es una mujer no nacida en el mundo urbano, no es de una ciudad sino del campo. Para Munro, la vida ha sido tan complicada como para todas las mujeres que no nacen en un medio citadino. Narra que caminaba kilómetros para ir cotidianamente a la escuela y que en ese tiempo iba imaginando historias. Dice que aprendió a escribir en la cabeza. Creo que la escritura se le da caminando”, agrega Lorenzano.
La crítica literaria recuerda que la madre de la autora de la novela Las vidas de las mujeres (1971) se enfermó de Parkinson cuando ella era muy chica y tuvo que aprender a hacerse cargo de la casa. “Dice que iba haciendo los quehaceres e iba escribiendo en la cabeza”.
La Chéjov canadiense, por sus historias breves con un “armonioso estilo de relatar, con claridad y realismo sicológico”, conoció muy joven a James Munro, en la Universidad de Western Ontario. Se casó con él en 1951 y se instalaron en Vancouver. Tuvo su primera hija a los 21 años. Luego, ya con sus tres hijas, en 1963 se trasladó a Victoria, donde manejó con su marido una librería.
Se divorció en 1972. Al regresar a su estado natal se convirtió en una fructífera escritora-residente en su antigua universidad. Volvió a casarse en 1976. A partir de entonces, consolidó su carrera de
escritora.
“Para tener finalmente la ‘habitación propia’ de la que hablaba Virginia Woolf, debió pasar mucho tiempo. Hacia los 40 años de edad decidió transformar el cuarto de lavado de su casa en su habitación propia. Estaba en pleno proceso de divorcio y se sentó a confeccionar su única novela hasta ahora. Fue escribiendo poco a poco sus cuentos y se topó con el rechazo de las editoriales”, añade Lorenzano.
“Muchos me preguntan si los temas de su obra son femeninos. ¿A qué llamamos femeninos? Como si a las mujeres no nos importara el sentido de la vida o la historia del universo, o como si no se pudiera pintar el mundo doméstico y de ahí ir a una reflexión sobre la vida y la muerte”, añade.
Gente común
Discreta, no protagonista, Alice Munro empezó a escribir sus cuentos desde 1950. Sus relatos breves se centran en las relaciones humanas analizadas a través de la lente de la vida cotidiana.
“El sello personal que destaca es su interés por las vidas, experiencias, situaciones, de la gente común y corriente, la relación de parejas y de padres e hijos. Presta particular atención al personaje femenino, pero no desde una perspectiva feminista sino en su interacción con el hombre.
“Con una mirada inteligente narra las vidas de mujeres y cómo contienen universos complejos y ricos. Incluso, el personaje mismo tarda en digerir, en procesar, una relación, un acontecimiento. Sus textos comienzan con muy bajo perfil, pero poco a poco abren un gran universo”, afirma por su parte la estudiosa Claudia Lucotti.
La coautora de la antología Otras voces canadienses asegura que la memoria, la infancia y el despegarse del hogar son los grandes temas que explora Munro, “todo con un lenguaje económico, pero muy sugerente”.
La investigadora y catedrática de la UNAM resume que la Nobel de Literatura 2013 es una escritora tímida. “En Canadá tiene pocas apariciones en público, en lecturas, en presentaciones de libros o congresos. Siempre ha sido más bien retraída, pero es muy generosa en compartir su obra, accesible a que se traduzca y se
publique”.
Para el cuentista Ignacio Padilla, la autora de Demasiada felicidad, Las lunas de Júpiter y Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio es una gran contadora de historias.
“Sus cuentos son de una belleza y de una melancolía brutales. Tiene la ternura por el detalle terrible, es sumamente poderosa y dulce, es menos literaria porque es oral. Su obra tiene el mismo tono de la vida provinciana de las pequeñas ciudades de América del norte, todo a punto de derrumbarse”, precisa.
A la escritora Ana García Bergua, quien comenzó a leerla en inglés y se convirtió en una fiel seguidora de sus relatos, le parecen fantásticos “esos mundos en los que te mete a través de los más mínimos detalles, esos tiempos largos, esas evocaciones que después adquieren un sentido. Sus cuentos están basados en la observación, en las pequeñas cosas de la vida cotidiana. Es una de las grandes”.
Munro acaba de publicar su libro autobiográfico Mi vida querida, que se publicará en México a finales de este mes, tras el cual anunció su retiro.
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