¿Qué Pasó Ahí? Proeza de 220 años de la escultura de "El Caballito"

En días recientes la pieza creada por Manuel Tolsá fue dañada cuando se pretendía restaurar

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La estatua ecuestre de Carlos IV, conocida como El Caballito, es conducida en un tráiler hacia el Palacio de Minería, acompañada de una multitud y con música de mariachis. Foto: Archivo Histórico Excélsior. (1979)
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Paseo de la Reforma. Al empezar la avenida, se ve una máquina aplanadora de aquellos tiempos. Foto: Archivo Histórico de Excélsior (Principios del siglo XX)
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Trabajos para retirar la escultura de El Caballito de Paseo de la Reforma. Foto: Archivo Histórico Excélsior. (1979)
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Trabajos en la escultura de El Caballito provocan congestionamiento vial. Foto: Archivo Histótico Excélsior. (1979)
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Foto: Archivo Histórico Excélsior
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Neblina cubrió el Valle de México, en la ciudad la visibilidad se redujo considerablemente. Se observa la estatua de Carlos IV, pero no los edificios que rodean la Plaza de El Caballito. Foto: Archivo Histórtico Excélsior (1965)
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Vista aérea de la escultura de Carlos IV, El Caballito, en el cruce de Paseo de la Reforma, Avenida Juárez y Bucareli. Foto: Archivo Histórico Excélsior. (1959)
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Foto: Archivo Histórico Excélsior
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El Caballito fue bombardeado con rayos gamma. Hay fisuras que obligarán a una operación de traslado difícil. Foto: Archivo Histórico Excélsior.
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Vista de la escultura de El Caballito en su lugar definitivo, la Plaza Tolsá. Foto: Archivo Histórico de Excélsior (1992)
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CIUDAD DE MÉXICO, 11 de octubre.- La escultura de Carlos IV, conocida como “EL Caballito” ha tenido una travesía en la capital, teniendo como sede el Centro de la capital.

Historia

El arquitecto y escultor Manuel Tolsá llevaba tres años en la Nueva España cuando recibió el encargo de realizar una escultura ecuestre en honor al Rey español Carlos IV.

El encargo le fue hecho a finales de 1794 por el entonces Virrey Miguel de Ia Grúa Talamanca, Marqués de Branciforte. El gobernante había sido enviado a México tras un escándalo de corrupción que debilitó al Monarca.

Tolsá, tenía la encomienda de realizar la escultura más grande que pudiera fundirse y que en su momento fue el monumento de bronce más grande del continente.

Creación

La tarea de elaborar la escultura tardó casi una década. Primero Tolsá, entonces director de la Academia de San Carlos tuvo que presentar un proyecto, esperar a que los correos en carreta y barco fluyeran entre la Capital de la Nueva España, Veracruz, Jerez de la Frontera y Madrid con la aprobación del presupuesto de 18 mil 700 pesos que costaría la estatua.

Aprobado el proyecto, Tolsá comenzó a crear la escultura a escala. Tomó como modelo a “Tambor”, un caballo percherón que pertenecía al marqués del Jaral del Berrio. Tallar el modelo a escala, posteriormente elaborar el molde de tamaño real, reunir los metales, preparar la fundición y el redondel donde se montaría la escultura le llevó más de siete años.

Hay varias versiones sobre la cantidad del material que se empleó en la escultura. Se registró que las cantidades fluctuaron los 600 quintales de cobre y estaño, es decir, 27.6 toneladas de metales.

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Debido a la dificultad de encontrarlos, el trabajo se retrasó durante varios años. En ese lapso, y como parte de la guerra en altamar entre España e Inglaterra, un cargamento de metales fue robado por corsarios ingleses en el Caribe, retrasando aún más los trabajos.

El lugar elegido para fundir el bronce fue la huerta del Colegio de San Gregorio. La Junta Municipal de la Ciudad de México arrendó la huerta “con el fin de que en ella pusiera las oficinas necesarias para la fundición de la estatua ecuestre de Carlos IV”, escribió María Cristina Soriano Valdez en su texto “La huerta del colegio de San Gregorio, asiento del taller de Manuel Tolsá y su transformación en fundición de cañones, 1796-1815.

El Colegio era contiguo al Templo de San Pedro y San Pablo, en las actuales calles Venezuela y El Carmen.

El proceso del calentamiento de los metales para llevarlos al punto líquido, el vaciado y el enfriamiento de la escultura duró una semana.

Así describen las crónicas de Enrique Salazar Híjar y Haro el episodio de la fundición:

EI 2 de agosto de 1802, a Ias 5:00 de Ia tarde, el molde se recalentó para desalojar de su interior Ia cera; también se encendieron dos hornos alimentados con carbón que contenían 300 quintales de metal en cada uno de sus grandes crisoles. A Ias 6:00 de Ia tarde deI día 4, el metal, convertido en incandescente masa líquida, estaba listo para ser vaciado. Quince minutos fueron suficientes para que el crepitante bronce fundido recorriera los caños y respiraderos para rellenar el molde, completándose así el trascendental lance.

Después de cinco días para que se enfriara el molde, se descubrió que el vaciado había sido un éxito, pues el bronce lo había llenado totalmente.”

Paralelamente, fue construido el redondel en la Plaza de Armas (el actual Zócalo), una especie de plazoleta, con balaustradas y rejas.

Tolsá tardó un año en retirar el molde, eliminar los restos sobrantes de metal, pulir el bronce e instalar la pátina que la recubriría. Terminada la operación, Tolsá “empaquetó” la escultura con andamios y refuerzos de madera y fue montada sobre un carro fabricado ex profeso para la ocasión, de modo que el “Caballito” saliera por la actual calle Venezuela hacia Argentina y llegar hasta la Plaza de Armas. La primera cabalgata de la escultura tuvo una duración de cuatro días hasta que finalmente fue instalada en el basamento construido en el centro del redondel de la Plaza.

La inauguración de la escultura fue el 9 de diciembre de 1803, y estuvieron presentes, entre otros, Alexander Von Humboldt, quien comparó el bronce con la escultura de Marco Aurelio que corona la colina del capitolio en Roma. La fiesta para conmemorar al bronce de Rey duró tres días.

Durante su creación, la vida política cambió radicalmente. El virrey Miguel de La Grúa Talamanca, quien había ideado la construcción del monumento para congraciarse con el Rey, había dejado el puesto, lo había sustituido Miguel José de Azanza y finalmente el virrey Félix Berenguer de Marquina fue el encargado de inaugurar el bronce.

Para José Alfonso Suárez, ex jefe delegacional en Cuauhtémoc y especialista en la historia de la Ciudad, desde su fundición, el Caballito se adentró en el subconsciente de los capitalinos.

“Por su belleza y perfección, porque fue un portento, un logro de Tolsá el haber hecho la fundición integral venciendo todas las críticas y malos augurios de la época”.

“Demostró que era una fundición de tal dimensión y obtener un producto tan perfecto era posible y logró que los novohispanos se sintiera orgullosos de ello”, puntualizó Suárez del Real.

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Vence odios

Durante el proceso de construcción de la escultura ecuestre, España había soportado el ataque de la armada inglesa que desembocaría años más tarde en la batalla de Trafalgar, y Europa veía el ascenso de Napoleón Bonaparte.

En México se avecinaban tiempos convulsos. La Guerra de Independencia inició siete años después de inaugurado El Caballito. Tras la victoria de los Insurgentes, en 1821, el Ayuntamiento de la Ciudad decidió cubrir la escultura con un biombo que impedía para evitar ataques de las tropas que llegaron de todo el país.

El primer presidente de México, Guadalupe Victoria planeó fundir el bronce y utilizarlo para fabricar monedas.

El joven Lucas Alamán le convenció de conservar la escultura dadas las virtudes estéticas del bronce tallado por Tolsá. Así, el destino de la escultura ecuestre fue el Claustro de la Universidad, que se ubicaba en el predio de la actual Suprema Corte de Justicia de la Nación y que ya no existe.

Ahí, fue donde Jean Prelier Dudoille tomó un daguerrotipo (una fotografía antigua) del Caballito en 1939, convirtiéndolo en uno de los primeros objetos plasmados en México.

Mudanza

Posteriormente, durante la época en que la Ciudad de México buscaba extenderse hacia el poniente el bronce fue llevado al cruce del Paseo de Bucareli (Antes Paseo Nuevo) y la Avenida Juárez (antes del Calvario).

La decisión la tomó el entonces alcalde de la Ciudad de México, Miguel Lerdo de Tejada, quien decidió que el proyecto para elaborar el pedestal donde se instalaría el bronce sería Lorenzo de la Hidalga. El traslado de la escultura inició el 3 de septiembre y terminó el día 24, cuando finalmente fue depositada en su nuevo pedestal.

Ahí compartió el cruce con los Indios Verdes, que fueron colocados en 1891 y retirados años después.

El Caballito se convirtió en un punto de referencia de la capital. Bordeada por el Toreo, la naciente colonia Tabacalera, el creciente comercio en Bucareli, y la llegada del tranvía eléctrico.

A su lado se construyeron nuevas vialidades para la llegada de los vehículos a motor.

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Última cabalgata

En 1979, autoridades del Departamento del DF, del Instituto Nacional de Antropología e Historia y del Instituto Nacional de Bellas Artes determinaron que el caballo realizara su última cabalgata. El 27 de mayo, la escultura fue retirada del emplazamiento que tuvo durante 127 años, y “empaquetada”.

El 28 de agosto, la escultura fue inaugurada en la plaza bautizada con el nombre de su autor, Tolsá, en la calle Tacuba; donde se encuentra el Museo Nacional (Munal) y el Palacio de Minería.

asj

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