La fotografía llegó a su disolución: Joan Fontcuberta
En el libro From here on el artista y crítico español revisa el fenómeno de la postfotografía y su desarrollo en la era digital
CIUDAD DE MÉXICO, 1 de julio.- La imagen desterrada, sin autor, sin memoria, sin identidad, sin legitimación, sin historia, sin permanencia es la que hace cualquier persona con un dispositivo móvil por el simple instinto de registrar su entorno para compartir en redes sociales. Es, pues, la postfotografía.
Imagen que ha proliferado en los últimos años ante la venta desmedida de cámaras fotográficas baratas, de dispositivos digitales, de la apertura de internet y el uso de las redes sociales; lo que deja en el olvido a la fotografía “bien pensada”.
Fenómeno que si bien ha sido juzgado por fotógrafos e investigadores, mereció la especial atención de un grupo de especialistas en imagen, lidereados por Joan Fontcuberta, que derivó en una exposición titulado From here on. La postfotografía en la era de internet y la telefonía móvil que se presentó en el Centro de Artes de Santa Mónica, España, en febrero pasado.
Y la muestra colectiva terminó en el libro del mismo título, editado por RM, en el que analizan el tema Erik Kessels, Joachim Schmid, Clément Chéroux, Martin Parr y Fontcuberta.
“El término postfotografía es provisional, a la espera de que convengamos un término más adecuado. Asistimos a un proceso de disolución de la fotografía en la imagen. Y esto sucede en un mundo caracterizado por la brutal masificación de imágenes, por su vertiginosa circulación y por su accesibilidad absoluta”, explica Fontcuberta.
En entrevista vía correo electrónico, el artista, ensayista y crítico español precisa que hablar de postfotografía sitúa a la producción de la imagen lejos de sus valores fundacionales como la memoria, la verdad y la temporalidad, para ubicar la foto en una producción masiva, sin normas ni pautas.
La discusión planteada por los especialistas no recurre a la melancolía ni a la añoranza del pasado; por el contrario, consideran como un proceso natural el desarrollo de la fotografía de acuerdo al contexto tecnológico. Sin embargo, el también profesor en la Universidad de Harvard opina que la manera en que la imagen “creció” no trae los mejores beneficios.
“Esto desacraliza la fotografía, lo cual me parece muy positivo. Desde una perspectiva antropológica añadiría que hemos alcanzado una mayor higiene visual porque hay una mayor democratización en las políticas de lo visible.
“Pero la cultura visual postfotográfica se ve sacudida, por un lado, por un agresivo cuestionamiento de la noción de autor y, por otro, por la legitimación de las prácticas apropiacionistas”, añade quien ganó en marzo pasado el Premio Internacional de Fotografía Hasselblad.
En el libro, que reúne el trabajo de 38 artistas, se pone sobre la mesa de discusión el origen de esta nueva fotografía, pues aunque parezca la tecnología no es la única responsable, advierte Fontcuberta.
Explica que la materialidad de la fotografía analógica involucraba desde la química hasta el desarrollo de máquinas lo que incentivaba la economía capitalista. En cambio, la fotografía digital es consecuencia de una economía que privilegia la información como mercancía y las transacciones invisibles.
Tiene como materia prima el lenguaje, los códigos y los algoritmos; puede existir en sus mismas redes de difusión, y responde a un mundo acelerado, a la supremacía de la velocidad y a los requerimientos de la inmediatez.
“Este nuevo contexto nos interroga sobre la naturaleza de la creación y sobre las condiciones de la artisticidad. Se ha superado en gran medida la noción de “apropiacionismo” y nos obliga a ajustar la idea de la adopción de las imágenes”, agrega.
La crítica es porque en la postfotografía las cámaras se disparan continuamente, lo que reduce al mínimo el acto solemne de capturar un episodio. “El registro ya no está reservado a lo extraordinario. En el reino de la banalidad, los momentos extraordinarios quedan eclipsados”.
Ante este contexto, los artistas profesionales han tenido que adaptarse a los nuevos lenguajes e integrar a su producción nuevos elementos. Como ocurre con los artistas compilados en el libro, quienes presentan imágenes hechas a partir de Google maps, Wikipedia o teléfonos móviles y cámaras caseras.
Es el caso de Aram Bartholl (Alemania, 1972) quien explora la conexión entre el mundo online y el offline a partir del buscador Google. Mientras que Roc Herms (Cataluña, 1978) cuestiona las plataformas de vida virtual a partir de las redes sociales, y Jenny Odell (Canadá, 1957) presenta grandes collages de objetos cotidianos en un intento de dar orden.
Al final, Fontcuberta concluye que la propuesta de los especialistas es promover un “humanismo digital”, en el que la imagen recupere la esencia creativa sin perder la prontitud que permite la tecnología.
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