Detener subastas de obras prehispánicas es un acto de buena fe: INAH
La diplomacia es el único medio que tienen para evitar la venta de piezas arqueológicas, dice el secretario técnico del organismo

CIUDAD DE MÉXICO, 3 de junio.-Reclamar, gestionar o recuperar piezas arqueológicas mexicanas que son subastadas en países europeos como Francia, es una cuestión que tiene que ver más con “buena voluntad” que con exigencia y sólo puede ser negociado a través de los canales “diplomáticos”, a pesar de que existen voces que reclaman una postura más estricta.
“Supongamos que una pieza salga de una subasta, es un asunto que se logra por la buena voluntad, por la buena disposición de la casa subastadora, porque el Estado nacional donde se está llevando el evento los logró convencer, les habló de la inconveniencia de venderlas”, afirma el doctor en antropología Bolfy Cottom, secretario técnico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Cottom habla ahora desde el servicio público, en enero pasado fue llamado por el director de la dependencia, Sergio Raúl Arroyo, para hacerse cargo del puesto.
En escasos cuatro meses, a esta nueva administración le ha correspondido hacer frente a dos subastas internacionales –organizadas por dos casas diferentes, con sede en París– donde esculturas prehispánicas mexicanas han roto todos los récords de venta.
Para el funcionario está claro: “los canales sí, evidentemente, son insuficientes, pero siempre serán insuficientes, porque están en otra esfera, en otro ámbito de otro Estado nacional, donde opera otra legislación, otra normatividad y donde dependiendo de la posibilidad de la buena voluntad del otro estado se determina si se puede contribuir o no”, dice.
“No somos un supraestado que estemos encima del otro Estado”. Las vías, dice, deben “entrar en negociaciones diplomáticas, pero también deben seguirse el curso legal vía Relaciones Exteriores, Procuraduría General de la República (PGR), vía Interpol. Como buen deseo se podría decir que se debe exigir, pero no necesariamente es así, porque hay límites de los niveles de exigencia con los Estados”.
Felipe Echenique, secretario general del Sindicato de Investigadores y Académicos del organismo, no piensa lo mismo; tampoco el ex legislador y presidente de la Comisión de Cultura en la Cámara de Diputados durante la LX Legislatura, Alfonso Suárez del Real.
La postura, dice el primero, “tendría que ser más contundente, que dentro de una nueva política de relaciones exteriores y su vinculación con las instituciones garantes del patrimonio cultural, se lleven acciones para tratar de recuperarlos”.
Suárez del Real dice que, al menos durante la administración panista (de 2000 a 2012), “no fue clara y contundente” la reacción de México. “Debería ser muy claro, porque, finalmente, en una situación de repatriación de bienes, en donde hay una ley y hay convenios internacionales, el Instituto debería hacer todo lo que estuviera en sus manos para evitar la subasta en París, no se ha hecho lo suficiente. Es un tema complicado, pero no puede quedarse sólo en una nota diplomática, deben establecerse recursos de defensa para poder, a lo más, impedir esas subastas”.
Sin mecanismos de acción
A diferencia de otros acontecimientos, como la llegada anual de la temporada de huracanes al país, el INAH no cuenta con protocolos de acción que le permitan actuar de manera anticipada ante una eventual subasta. La dependencia, explica Cottom, tiene conocimiento de las almonedas al mismo tiempo que los compradores y, es a través de las redes sociales, las páginas oficiales de las casas subastadoras, el aviso de un investigador en otro país o la prensa como se entera que serán rematados bienes del patrimonio cultural nacional.
“Que haya un plan como en el caso de los protocolos en caso de desastre, no necesariamente porque se supondría que en el caso de las subastas hay un mayor control, que el instituto está monitoreando, que emite opiniones, recomendaciones o hace solicitudes de información, etcétera, pero vías para el conocimiento de este tipo de eventos hay muchos: puede ser ahora con la era de las redes sociales, con el asunto de la red en general, de la internet, por la vía diplomática, incluso por la vía periodística”.
En marzo pasado cuando la sede de Sotheby´s en París anunció la subasta de la Colección Barbier-Muller, en la que supuestamente existían 130 piezas arqueológicas mexicanas, dice Cottom, el INAH se enteró a través de investigadores. Entonces, la casa subastadora alcanzó una venta record de 9.12 millones de euros, siendo una figura mexicana (la Venus Callipyge de la cultura chupícuaro) la que alcanzó el precio más alto: alrededor de dos millones de euros.
El 22 y 23 de abril pasado, otra casa de subastas con sede en la capital francesa: esta vez la Binoche et Giquello, vendió 15 piezas mexicanas, junto a las de otros países latinoamericanos, con las que recaudó más de un millón de euros. Sólo en el primer caso, México a través del INAH, hizo público su rechazo y ordenó realizar un dictamen a la distancia para determinar si las piezas subastadas eran auténticas.
El estudio, en el que participó el arqueólogo Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología, se realizó a partir de las fotografías del catálogo de la subasta y determinó que de sólo 51 de las 130 piezas atribuidas a México son legítimas. Cottom asegura que la opinión de los expertos no deja lugar a dudas a pesar de la distancia: “en términos de la opinión humana siempre habrá un margen de equivocación, sin duda, aquí el punto fundamental es que la gente que tiene el instituto tiene un conocimiento probado en ese sentido”.
En marzo de 2011, cuando Binoche et Giquello vendió una escultura supuestamente maya en dos millones 912 mil euros, el INAH afirmó que era una pieza falsa. Rápidamente, la casa subastadora respondió que la figura fue sometida a estudios en el laboratorio de microanálisis de materiales antiguos de Pessac (MSMAP).
Tráfico ilícito: el origen
Pero la subasta de bienes arqueológicos mexicanos puede que no sea el mayor problema que amenaza el patrimonio mexicano, el funcionario acepta que el origen está en el tráfico ilícito que golpea al país: “seamos realistas, las medidas que se puedan tomar a este respecto siempre serán limitadas por una simple y sencilla razón, los canales por donde se trafica son inmensos, no hay manera de tener control”, dice Bolfy Cottom.
Si piezas arqueológicas mexicanas aparecen todos los días en portales de subastas por internet o en los catálogos de grandes casa subastadoras es porque los mecanismos de control para evitar el tráfico no funcionan: “tendríamos que tener vigilantes en cada numero de metros para que estuvieran pendientes y eso es francamente imposible, no hay estado que sea capaz de eso”, señala el funcionario.
Actualmente, las denuncias presentadas por el INAH ante la PGR por las dos subastas realizadas en lo que va del año siguen su curso, pero la suerte de las piezas que ya fueron vendidas parece estar echada.
El secretario técnico del INAH dice que la institución deberá intentar formar bloques de trabajo junto con otros países latinoamericanos que también se ven afectados por las casa subastadoras, pero como sucede en buena parte de este problema, también esta idea es sólo “buena voluntad”.
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