Homenaje Nacional: los universos de Carlos Fuentes

Colegas y amigos se valieron de la memoria para convocar todas las facetas que construyó el autor de La muerte de Artemio Cruz

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CIUDAD DE MÉXICO, 20 de mayo.- Quienes compartieron con Carlos Fuentes el arte de la amistad, ayer se vieron en la encrucijada de verbalizar los tantos universos que integraron al escritor, y así poder recordarlo a un año de su muerte “inesperada”, ocurrida el 15 de mayo de 2012.

Fueron sus amigos y colegas Héctor Aguilar Camín, Gonzalo Celorio, Hernán Lara Zavala, Juan Ramón de la Fuente y Federico Reyes Heroles quienes, desde sus propias memorias, trazaron un retrato del autor en el homenaje que se realizó en el Palacio de Bellas Artes.

Entonces resaltaron sus conversaciones siempre nutridas, sus pasiones literarias y terrenales, su curiosidad de infante, su sentido de explorador, su obsesión por la Ciudad de México, su capacidad narrativa para acercar mundos ficticios y sus aportaciones a la literatura latinoamericana.

“La palabra universo es muy engañosa y el universo de Carlos Fuentes nos remite a la quinta esencia del literato, del amigo, del ciudadano, del bailarín, del conferencista, del periodista, del comelón, del goloso. Tenía muchos universos y nunca se cansó de nutrirlos”, señaló Federico Reyes Heroles a la audiencia de la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes y a quienes miraron el homenaje en las pantallas colocadas en el lobby del palacio de mármol.

Para el escritor y analista político, el premio Príncipe de Asturias de las Letras 1994 fue un territorio de confluencias en constante construcción y búsqueda de saberes; un hombre que no podía quedarse en un mismo “establo” sin preguntarse qué había más allá.

Inquietud que el autor de  La muerte de Artemio Cruz y Aura bien denotaba en su personalidad coqueta y juguetona a la vez que elegante e intelectual, añadió Aguilar Camín, quien hizo una reseña de cuatro escenas puntuales para describir a un Fuentes reflexivo, innovador, inventivo, fantasioso e incansable.

“La cuarta escena fue hace dos años en su casa de San Jerónimo, en una cena. Ángeles Mastretta le dijo: ‘Carlos, nos va a durar cien años’, y él respondió: ‘Con que dure mañana; le doy la bienvenida a cada día’. Fuentes le dio la bienvenida al mundo todos los días de su vida”, dijo Camín, quien igual relató una cena en Cartagena de Indias, un viaje a Houston y una conferencia en la Ciudad de México en los años 60.

Entre las obsesiones de Fuentes, los exponentes coincidieron en su afán por descubrir y describir la Ciudad de México, motor de varias de sus obras: “Sus contradicciones, sus aciertos, sus ambivalencias, sus habitantes, sus dioses, su vitalidad encarnada en sí mismo”, señaló Juan Ramón de la Fuente.

Para Hernán Lara Zavala recordar al miembro de la Academia Mexicana de la Lengua significó hacer una revisión del boom latinoamericano, al asegurar que Fuentes fue el real fundador del movimiento de las letras de América Latina y no Mario Vargas Llosa.

Sin desdeñar la obra del Nobel peruano, Lara Zavala explicó que en La región más transparente, publicada en 1958, Fuentes ya experimentaba un lenguaje cotidiano, las tramas incompletas y la invitación al lector a completar la historia; principales características del movimiento literario.

“Hay que decir que los integrantes del boom son indiscutiblemente cuatro: Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes, y aunque se han tratado de sumar otros, no hay más”, sentenció.

Al homenaje asistió Silvia Lemus, viuda del escritor; Cecilia Fuentes, hija de su primer matrimonio; Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Conaculta, y María Cristina García Cepeda, directora del INBA, entre otras personalidades del mundo de las letras y la cultura.

Un vistazo a su vida

Un recorrido por más de seis décadas de vida ofrece la exposición Carlos Fuentes, él mismo, inaugurada ayer en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, en el marco del homenaje por el primer año de la muerte del autor de Tierra nostra.

Son 70 imágenes en gran formato que muestran momentos trascendentes e íntimos de la vida de Carlos Fuentes, lo mismo en su rol de escritor y diplomático que de padre y esposo.

Hay escenas como la que componen Carlos Monsiváis, José Luis Cuevas, Fernando Benítez y Fuentes en el bar La Ópera en la Ciudad de México en 1965; o la de Mario Vargas Llosa, Patricia Llosa y Pablo Neruda en una reunión con Fuentes en París, en 1966.

También se mira al escritor cuando niño abrazado por sus padres, Rafael Fuentes Boettiger y Berta Macías Rivas, en Italia, y él mismo con sus hijos Cecilia, Natasha, y Carlos Rafael, en Nueva Jersey.

Las fotografías, bajo la museografía de Vicente Rojo, pertenecen a Rogelio Cuéllar, Héctor García Cobos, María García y Barry Domínguez; y en su mayoría pertenecen al archivo personal de Silvia Lemus, lo que representa un vistazo a la intimidad del escritor.

“En sus años juveniles de estudiante de Derecho en la calle de Mascarones, él caminaba diariamente desde su casa familiar, cerca del Monumento a la Independencia; caminaba todo Reforma, y pasaba por el Palacio de Bellas Artes. Nunca imaginó que este palacio un día lo recibiera en la forma en que lo hace ahora”, comentó Lemus.

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