La arquitectura lleva sufrimiento: Tadao Ando

El proyectista, ganador del Premio Pritzker, inauguró ayer el Centro Roberto Garza Sada en Monterrey

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MONTERREY, Nuevo León, 25 de abril.- Al arquitecto japonés Tadao Ando todo le salió mal. Pensó no venir a México a trabajar porque estaba muy lejos y vino; lanzó una propuesta muy audaz para que se la rechazaran y pasó sin problema; rebasó el presupuesto, pensando que se acabaría el proyecto y se lo aceptaron. El colmo fue que le dijeron que su obra estaría rodeada de cerros, algo que realmente lo entusiasmó, y cuando llegó a Monterrey para ver el espacio, estaba tan nublado que no pudo ver el paisaje.

Ahora, a seis años de todas esas peripecias, la primera obra en Latinoamérica del Premio Pritz-

ker de Arquitectura 1995, por fin fue inaugurada  formalmente. Se trata del Centro Roberto Garza Sada de Arte, Arquitectura y Diseño que primero fue bautizado, según el rito católico que rige a la Universidad de Monterrey que la alberga, y anoche fue su fiesta secular con el corte de listón por parte del secretario de Educación, Emilio Chauffet.

Con largas ojeras, más tarde de lo previsto, Ando llegó a la ceremonia. Entró por esa puerta que diseñó con la intención de que los estudiantes, al cruzarla sientan la esperanza y sepan “que voy a dirigir este país y seré el líder del planeta”, porque fue tan difícil de construir que espera que al cruzarla, sólo se pueda sentir “una especie de reverencia”, dijo

Y tiene razón. El edificio visto desde fuera, parece un bunker de concreto de una línea geométrica sin más. Pero al entrar, y recorrerlo se despliega como un abanico, un juego de origami juguetón que además dispersa el aire por todos sus resquicios y no deja ni un solo espacio sin baño de luz.

Los 13 mil metros cuadrados donde se asienta el Gate of creation, como lo denominó, se expande en seis niveles, de 5.40 metros de altura cada uno, el doble de lo normal, y entre el diseño y la construcción  se invirtieron 45 millones de dólares. Es un edificio ortogonal que cuenta con talleres súper equipados, salas de crítica, dos ágoras, galerías y biblioteca de materiales.

En su centro destaca este techo como una gran vela, que tiene un halo del misticismo japonés y está formada a través de pliegues que fueron colados ahí mismo y para el que contrataron especialmente ebanistas, que le dieran forma. Esos pliegues se van corriendo en el interior, en una especie de espiral, pues los pisos uno y dos no se conectan entre sí, lo hacen hasta el cuarto nivel.

Todo el conjunto se viste de gris, porque el color ha dicho su creador, “se lo ponen los estudiantes”. La idea es que al entrar se tenga paz y las ganas de estudiar “y la fuerza inspiradora de que soy capaz de trabajar en el mundo y ya terminado, creo que hicimos un muy buen trabajo”.

Hacer este diseño no le significó algo mucho más distinto a lo que ha hecho antes. “Todas las obras tienen problemas técnicos, de costos y hasta de opiniones. Cuando diseño, cada seis meses me siento encerrado y sin salida. Pero es justo en esos momentos cuando me supero. Cierro los oídos a las opiniones que llegan porque de lo contrario enloquezco y entonces encuentro lo que es mejor para la obra”.

Por eso para este centro, pensó en dos ágoras, una que da al oriente y otra al poniente, es decir, una al cerro de la silla y la otra a la huasteca, para que “cuando un estudiante se sienta muy agobiado, pueda ir a ese sito a recuperarse. Todas las escuelas deberían contar con lugares así, pero no los tienen porque están construidos racionalmente”, dice el arquitecto.

Y es que, considera, que en una obra debe haber “sufrimiento, pero también esperanza”, algo que no se ve en la arquitectura contemporánea, “que es muy fácil de analizar en una computadora. El proceso arquitectónico lleva sufrimiento, porque también está así en la vida”.

Autodidacta de formación Tadao Ando, se siente orgulloso de ello y piensa que con su formación empírica, hacer un centro de estudios, puede servir de ejemplo a los jóvenes, para llegar hasta dónde quieran hacerlo. “No ha sido fácil aprender, pero aquí estoy”.

Y no esta solo, dice. “Soy arquitecto pero en mi despacho tengo un equipo de 30 personas, existe además el cliente y luego quienes trabajan en hacer la obra, en el sitio de construcción. La arquitectura es un trabajo en equipo y me sorprendió el entusiasmo que vi en México que no se retractaron, ni siquiera cuando el presupuesto creció”.

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