Martha Pacheco retrata sus pesadillas en el Museo de Arte Moderno
La pintora, quien retrata cadáveres olvidados, inaugura una retrospectiva
CIUDAD DE MÉXICO, 11 de abril.- “Son como pecadillos que se esconden”, dice Martha Pacheco (Zapopan, 1957). Se refiere a la sensación que produce la muerte, a la atracción no confesa que tiene detrás. La pintora se ha enfrentado en los últimos años a ella, de hecho la ha convertido de alguna forma en su materia prima. Pacheco se ha dedicado a pintar cadáveres. Cuerpos inertes, sin identificación, que han llegado al último peldaño de la vida en el olvido.
Su trabajo, después de haber sido rechazado en años anteriores, llega reunido por primera vez a la Ciudad de México. Más de 137 piezas, entre pintura y dibujo al carbón, conforman la exposición Martha Pacheco: Excluidos y acallados que se inaugura hoy en el Museo de Arte Moderno (MAM). Cuadros de pequeño y gran formato en los que aparecen cuerpos anónimos en la morgue o locos recluidos en su propia demencia.
El método de Pacheco para pintar es sencillo. Siempre estuvo interesada en la fotografía y a partir de ella pinta. Visita la morgue, roba imágenes de los cadáveres que no han sido reclamados, las lleva a su estudio y decide en que trabajará. El método siempre ha sido el mismo. Cuenta que a los 14 años ya utilizaba fotografías que recortaba de revistas, para dibujar retratos de animales, actores de cine o paisajes.
Después se interesó por los cadáveres pero no tenía acceso a la morgue, así que utilizaba revistas “amarillistas” para obtener sus modelos. ”En la morgue comencé en 1993, al principio era retratar cadáveres para hablar sobre lo que es el final de la vida, por qué es necesaria la muerte para la vida”, explica. Siempre fueron anónimos, los no reclamados.
Retratar los cadáveres destinados a la fosa común tiene una doble intención: por un lado, soluciona la cuestión legal; por el otro, entrega cierta identidad al no identificado y se ocupa del más desvalido y desamparado, de aquel que incluso en la muerte no tuvo a nadie al lado para llorarle. Pacheco retrata a los más excluidos, a los más olvidados, a la gente que no es reclamada ni muerta, a la más sola de los solos, la abandonada por todos. Por eso también se ocupa de los locos. Por eso su exposición se título Excluidos y acallados.
Hay en el trabajo de Pacheco una suerte de melancolía. Más que hablar de la muerte, habla de la vida aunque las interpretaciones sobre su obra las deja para el público: “el significado es el que le da la gente al verlo, tiene muchos, una multiplicidad de interpretaciones, yo puedo dar uno pero hay varios, la gente interpreta otros. No estoy buscando la muerte, la buscaría si me fuera en la noche por el Periférico vestida de negro y en sentido contrario, ¿por qué usarla? Porque es parte de la realidad, a uno se le muere un familiar y se pone a pensar en la muerte”, explica.
La música anima el arte de Pacheco. Su aspecto podría ser el de cualquier fanático del heavy metal: el cabello largo, lacio y descuidado, calza botas de obrero y viste totalmente de negro. De hecho acepta que antes pintaba escuchando a grupos como Korn, Marilyn Manson o Pantera, pero “me dejó de interesar la música de metal, Bach es más interesante. Tengo escuchándolo muchos años, es como estar oyendo una obra de teatro con varias voces al mismo tiempo”, dice.
Durante la entrevista sigue el montaje de su exposición. “Ya quedo el cuarto del horror”, grita el personal del MAM. Así han bautizado al cubículo circular en el que ha sido colocada la serie Siete voces para una autopsia. Pacheco la hizo inspirada en las fugas de Bach: “las fugas están compuestas por una voz principal y van entrando otras voces, son las misma pero en otros registros, en otros colores o instrumentos; las voces van jugando todas pero con una cierta armonía”, dice.
Rechazo panista
Antes de llegar al MAM, la obra de Martha Pacheco fue rechazada por otros museos. “Entiendo que es difícil para un país mostrar obra de cadáveres”, dice. “Los museos no querían presentar mi obra, Alicia (Lozano) estuvo promoviéndola y parece que no querían mostrarla por la situación en la que estaba el país”, agrega.
“La rechazaron a finales del sexenio pasado, mandamos carpetas al Carrillo Gil y del Carrillo Gil sí recibimos un rotundo: esa obra no es para un museo, aquí mismo trajimos la carpeta y nos dijeron que no les interesaba porque ya tenían proyectos trabajando, también la llevamos al MUAC y nada”, dice Alicia Lozano, quien ha curado la exposición y conoce a Pacheco desde hace más de 20 años.

