Bordo Poniente: el hedor domina el oriente del DF
El cierre “definitivo” del basurero fue hace casi 15 meses; hoy continúa siendo el mayor pasivo ambiental de la urbe
CIUDAD DE MÉXICO, 5 de marzo.- El Bordo Poniente, el relleno sanitario más grande de América Latina, sigue siendo el mayor pasivo ambiental de México, con 70 millones de toneladas de basura que permanecen enterradas en sus entrañas, 1.5 millones de toneladas de gas metano que buscan salir a la superficie y lagunas de lixiviados (jugos tóxicos) estancadas sobre el acuífero profundo del Lago de Texcoco.
A punto de cumplirse 15 meses de su cierre definitivo, poco se ha hecho para remediar el sitio y proceder a la clausura, que en su cuarta etapa abarca 375 hectáreas de terrenos federales, donde la fetidez que se genera por el mal manejo de los residuos satura la atmósfera del oriente de la Ciudad de México y provoca náuseas a los turistas que arriban al Aeropuerto Internacional Benito Juárez.
En la Línea B del Sistema de Transporte Colectivo Metro es común observar, sobre todo por las mañanas, a los usuarios taparse la nariz y la boca al salir de las estaciones, debido al hedor que se percibe en el ambiente.
En un recorrido realizado por Excélsior, se pudo constatar la existencia de al menos ocho lagunas de lixiviados que, mezclados con el gas metano y bióxido de carbono, burbujean como caldo a punto de ebullición.
La presencia de estos jugos tóxicos que generan los desechos es preocupante, debido a que en plena temporada de estiaje son abundantes, lo que hace presumir que cuando empiecen las lluvias el agua deslavará aún más los residuos y el problema será mayor.
A ras de suelo, encontramos geomembranas rotas, rasgadas y mal parchadas que dejaron de cumplir con su función de evitar filtraciones al subsuelo. Junto a estas “lonas de material plástico”, que deberían servir de aislantes entre la basura y el terreno, hay fuga de lixiviados. Pestilentes charcos de color rojizo que están fuera de control.
En el horizonte se aprecian tubos de PVC que emergen de los desechos como respiraderos, para dar salida a los llamados gases de efecto invernadero concentrados, que de otra forma se convertirían en una especie de bomba a punto de explotar.
Metros adelante se llega a la planta de composta donde diariamente el DF envía dos mil 800 toneladas de basura orgánica para ser procesada.
Cerros y cerros de comida para las garzas chapulineras (Bubulcus ibis) que antes pasaban de largo hasta llegar al lago Nabo Carrillo, y ahora se quedan para darse un gran festín, lo que podría ocasionar su reproducción a niveles de plaga.
Además, estas aves migratorias representan un grave riesgo de seguridad para el tráfico aéreo de la zona, ya que las pistas del aeropuerto están a tan sólo cinco kilómetros de distancia.
Según personal que trabaja en la planta de composta, se terminó el contrato con la empresa que durante algún tiempo mantuvo a raya a las garzas con el apoyo de aguilillas de Harris y halcones peregrino, entrenados para merodear el área.
Riesgos
En la pasada administración federal, la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), así como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) alertaron sobre los peligros que representaba el Bordo Poniente para 22 millones de habitantes de la Zona Metropolitana del Valle de México.
Por citar un ejemplo, en un comunicado de prensa, fechado el 1 de marzo de 2012, la Conagua, mediante el Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México, advirtió al Gobierno del Distrito Federal (GDF) sobre el incumplimiento de 13 de 14 puntos establecidos en el convenio suscrito el 22 de noviembre de 2010, “ya que (con el cierre) únicamente se evitó el ingreso de residuos sólidos”.
Los principales pendientes, que siguen sin atenderse, son la colocación —de manera correcta— de una cubierta de arcilla impermeable sobre el relleno sanitario, el control de lixiviados y la reducción en la emisión de gases a la atmósfera, que al día equivalen a la contaminación generada por un millón de vehículos en circulación.
“De acuerdo con información proporcionada por el propio GDF, la cantidad de basura depositada en el sitio originó que el espesor del relleno sanitario sea de hasta 28 metros, lo que podría afectar la infraestructura hidráulica y la geomembrana, originar fuga de lixiviados y contaminar los mantos acuíferos.”
En el mismo boletín distribuido a los medios de comunicación, la Profepa exigía al GDF un estudio independiente sobre la viabilidad de la planta de composta y el volumen real de basura orgánica que se podía procesar al día, para evitar que los desechos se acumulen en cerros.
Daniel Chacón Anaya, entonces coordinador de asesores de la Conagua, aseguraba que ya se había detectado que los lixiviados afectaban el dren general y el brazo izquierdo del río Churubusco. “Los contaminantes, especialmente los metales pesados, tienen una concentración de por lo menos 10 veces por encima de la Norma (NOM-001-Semarnat)”, manifestó el maestro en ciencias.
Nueva administración federal
En entrevista con este diario, Fernando González Cáñez, recientemente nombrado director general del Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México, rechazó establecer una fecha fatal para la clausura del Bordo Poniente, con las obras de mitigación y remediación que requiere el terreno.
Aseguró que existe una completa colaboración y comunicación con el GDF, por lo que esperarán a que concluyan sus procesos administrativos para atender la problemática.
A la pregunta sobre los posibles riesgos que representa el relleno sanitario para la ciudadanía, González Cáñez indicó que la Conagua “no atenderá rumores y no entrará en una dinámica de información que no sea corroborable bajo condiciones de ingeniería y ciencia”.
Al respecto, Agustín Breña Puyol, doctor en Ingeniería Hidráulica de la Universidad Autónoma Metropolitana, advirtió que el Bordo “es una bomba de tiempo”, y lo que se requiere de manera urgente son obras para el manejo de los contaminantes que afectan a la población.
“A grandes problemas, grandes soluciones, no hay de otra; nosotros creamos ese monstruo y nosotros lo debemos cuidar. Lo que se debe hacer en un futuro cercano es realizar grandes inversiones para tratar de manejar y tratar todos los tóxicos, que producen una contaminación de gran magnitud”, alertó.
Por parte del GDF, lo último que se supo es que entregó la concesión para explotar el gas metano del Bordo Poniente a un consorcio mexicano-español BMLMX Power Company, por 25 años.
Aunque Excélsior buscó al secretario de Obras y Servicios del DF, Luis Alberto Rábago Martínez, para conocer por qué no han comenzado los trabajos en el relleno sanitario, no hubo respuesta ni por parte de su área de comunicación social ni del propio funcionario, a quien se envió una solicitud vía Twitter —red donde es muy activo—, sin obtener hasta hoy respuesta.
Un shock para el olfato
El pasado 27 de noviembre, Excélsior publicó que el hecho de llegar al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México podría representar un shock olfativo.
“Muchos pasajeros llegan y sienten el golpe del olor a podrido. No lo he sentido en ningún otro aeropuerto”, explicó un piloto de avión.
Pocos aeropuertos han tenido como vecinos un tiradero de basura considerado entre los más grandes del mundo y que, además, ha retrasado durante años su clausura y la habilitación de un sistema de captación de los gases de la descomposición de la basura.
La basura no ha sido completamente cubierta de tierra para evitar la salida de malos olores, además, una planta de composta recibe unas dos mil toneladas de desechos diarios que están a cielo abierto, sin el manejo industrializado y condiciones de humedad que se requiere. El GDF es el responsable del manejo del relleno sanitario.
Es por ello que el olor a putrefacción sale del relleno sanitario e impregna al aeropuerto, sobre todo en las mañanas, cuando la capa de aire frío que recibe el aroma no se ha levantado de la superficie.
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