El olor de la historia
Orgullo y satisfacción compartir el centenario de Excélsior y mucho más participando durante once años en la sección deportiva. Mis primeras investigaciones en la hemeroteca fueron justo en este diario, cuando el Club España dominaba la liga de aficionados. Los ...
Orgullo y satisfacción compartir el centenario de Excélsior y mucho más participando durante once años en la sección deportiva. Mis primeras investigaciones en la hemeroteca fueron justo en este diario, cuando el Club España dominaba la liga de aficionados. Los reporteros de la fuente daban colorido a los enfrentamientos de los equipos de la época en los llanos de la colonia Condesa, localizado justo enfrente del viejo hipódromo, donde se acondicionó un campo con sillas rentadas alrededor y una caseta para que los jugadores pudieran cambiarse, era el Parque España, que todavía conserva el terreno entre las calles de Nuevo León y Sonora.
Esa pasión por investigar sigue intacta. El poder de la imaginación para instalarse en esos llanos sólo lo lograron aquellas crónicas que utilizaban un vocabulario distinto para un deporte que apenas comenzaba a meterse entre los preferidos del público, acostumbrados más al cricket, golf y beisbol. El futbol es más fácil de practicarlo, un balón y un par de piedras como referencia de la portería.
Las primeras crónicas relataban problemas de violencia dentro y fuera del campo, la propia formación de la liga que hoy conocemos, la selección y la agrupación de árbitros. Poco ha cambiado. Los pleitos entre aficionados, hoy muchos convertidos en barras, siguen acompañando al futbol mexicano. El representativo nacional mexicano está tratando de adquirir una identidad y recuperar poderío en el templo construido para tales fines, el Estadio Azteca, escenario lejos de aquellas sillas rentadas a cinco centavos por dos horas, mientras que los silbantes siguen siendo el pretexto ideal para todo fracaso, más bien, objetivo no cumplido, que es lo mismo.
Tener una sección sepia de los Jueves de Excélsior es auténticamente de colección, como cuando la selección mexicana se despidió para tomar el tren que los llevara al Puerto de Veracruz e iniciar la primera aventura internacional de manera oficial, el torneo olímpico de Ámsterdam en 1928, dos años antes, instantáneas de lo que fuera el primer escenario deportivo de cemento de la Ciudad de México, el Estadio Nacional, ubicado en la colonia Roma, justo enfrente del Centro Médico Nacional; hoy solamente queda una antorcha y un asta bandera.
Goal, blocar y goalkeeper eran palabras utilizadas con frecuencia en las crónicas, lo mismo que los apodos para identificar a los jugadores. Meterse de lleno en esas letras muchas veces versadas era auténticamente terminar lleno de polvo en la hemeroteca. Un lenguaje seductor que supo envolver los deseos de descubrir lo desconocido, la historia del futbol mexicano, que está plasmada en las páginas de El Periódico de la Vida Nacional, Excélsior. ¡Felicidades!
