¿América, impulsor de la limitación de extranjeros?

Por años, el equipo de futbol de Primera División de la Universidad Nacional Autónoma de México defendió el trabajo de fuerzas básicas promocionando a los nuevos valores para beneficio del balompié nacional, sin embargo, la filosofía en los tiempos de Guillermo ...

Por años, el equipo de futbol de Primera División de la Universidad Nacional Autónoma de México defendió el trabajo de fuerzas básicas promocionando a los nuevos valores para beneficio del balompié nacional, sin embargo, la filosofía en los tiempos de Guillermo Aguilar Álvarez cambió y el 16 de marzo de 2014, en juego de la jornada 11 del campeonato Clausura 2014 contra el Atlante, los Pumas por primera vez utilizaron en un partido oficial a ocho jugadores de origen extranjero: el paraguayo Darío Verón y los argentinos Martín Romagnoli, Martín Bravo, Víctor Ismael Sosa y Daniel Ludueña de inicio e ingresaron al guaraní Dante López, el pampero Diego Eduardo Lagos y el brasileño Leandro Augusto Oldini.

Diez meses después, el club América podría hacer lo mismo dando una puñalada a su propia historia. Hace 71 años, bajo la presidencia de César Martino, el equipo crema impulsó la iniciativa de reducir el cupo de extranjeros y con el apoyo de José Manuel Núñez, mandamás del Atlante, convencieron a delegados del España, A.D.O., Veracruz, Marte, Guadalajara y Atlas, acordando por ocho votos contra dos, los del Asturias y Moctezuma, limitar a cuatro las plazas foráneas. Fue una lucha de intereses, ya que varios equipos tenían hasta una docena de cartas de futbolistas no nacidos en México y utilizaron el bajo recurso del amparo para poder alinearlos, pugna que derivó en la publicación de un Decreto presidencial en enero de 1945 y que fue derogado meses después.

 Para el campeonato Clausura 2015, las Águilas cuentan con los argentinos Pablo Goltz, Rubens Sambueza, Cristian Pellerano, Darío Benedetto, los paraguayos Osvaldo Martínez, Pablo César Aguilar y Miguel Ángel Samudio, el ecuatoriano Michael Arroyo y el colombiano Carlos Darwin Quintero. Tres de ellos son  naturalizados, pero su origen no está en las fuerzas básicas del futbol mexicano y mucho menos de los campos de Coapa.  El América se ha reforzado para retener el título y gobernar el futbol mexicano durante un tiempo prolongado, pero no contribuye en bolsa de trabajo para los jugadores nativos, ciertamente, puede presumir que en los últimos tiempos ha exportado a cuatro al balompié europeo, pero tres no  son titulares: Raúl Jiménez, Guillermo Ochoa y Diego Reyes y el más reciente, Miguel Layún, ha sido cedido, más bien, mandado a la segunda división inglesa, es decir, la etiqueta que llevan no es de lo mejor según la cantidad de minutos que registran en las ligas del Viejo Continente, eso es muy claro.

La Liga MX está desesperada por recuperar credibilidad, está ávida de goles y necesita que el Guadalajara se mantenga en Primera División para no tener que utilizar el turco penoso de crear una promoción o algún candado para evitar que uno de los principales animadores descienda a la segunda categoría, amén de que las Chivas también se reforzó, pero los jugadores que regresaron: Marco Fabián, Erick Torres y Miguel Ponce, no rebasan el promedio del futbolista mexicano lo mismo que Isaac Brizuela. Los intereses no han cambiado desde hace décadas. Recordemos que en la revuelta que armaron los árbitros en noviembre pasado, demandaban menos presión para comportarse bien con ciertos colores, al menos así lo manifestaron varios silbantes tras bambalinas.

Según una encuesta realizada con varios comentaristas y público en general, el promedio del jugador extranjero que viene a México oscila entre el 7.5 y 8.0 de calificación, en cambio, al mexicano lo ponen con un máximo de 7.0. Esa diferencia de punto cinco o hasta un punto porcentual es lo que puede definir no nada más el bicampeonato americanista, sino la salvación de los Leones Negros, Puebla y Veracruz y el declive del Guadalajara.

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