Mercurio negro en maratón
En el asombro y en la velocidad de vértigo de la ciencia y la tecnología en el albor del siglo XXI, se abren horizontes insospechados e ilimitados. Esencialmente, el keniano Eliud Kipchoge, el Mercurio Negro del Maratón, protagonizó en la pista de automovilismo de ...
En el asombro y en la velocidad de vértigo de la ciencia y la tecnología en el albor del siglo XXI, se abren horizontes insospechados e ilimitados. Esencialmente, el keniano Eliud Kipchoge, el Mercurio Negro del Maratón, protagonizó en la pista de automovilismo de Monza, la semana anterior, uno de los acontecimientos atléticos más sorprendentes al cronometrar, con unas zapatillas diseñadas especialmente, de unos 185 gramos de peso, dos horas con 25 segundos la distancia de maratón: 42,195 m; unas zapatillas que muellean y cumplen con exactitud el rebote de la tercera Ley de Newton, con ahorro de energía fisiológica.
El cronometraje no tendrá ninguna validez oficial para efectos de homologación de récord mundial. Pero eso es harina de otro costal. Por el momento, observémoslo como un exitoso ensayo estelar científico y tecnológico, acaso con resonancia comercial. Hay otro sendero impregnado de velocidad para la resistencia: unas zapatillas que vuelan con las alas del mitológico Mercurio.
El singular esfuerzo de Kipchoge, de 32 años de edad, de aproximarse a la mítica barrera de las dos horas que los atletas profesionales olímpicos persiguen bajo las reglas del deporte establecidas por la IAAF, ocurre con la modernidad de otros acontecimientos en diversos campos que lo dejan a uno sin respiración: el aprendizaje de idiomas en unos cuantos días, ¿cuánto habrá de verdad?, la noticia de un nuevo fármaco capaz de producir los mismos efectos benéficos del ejercicio físico, ¡ándale, sin ningún tipo de actividad física!; salud sin ejercicio, sin sudar ni cansarse, ¡vamos, sin ninguna clase de malabarismo mental!; explican las informaciones que esta píldora se fabricó en la década de los 90 con el propósito de curar enfermedades cardiovasculares, pero que no se puso a la venta en el mercado porque elevaba los índices de contraer cáncer. Revelan que la sustancia fue empleada por atletas en los JO de Beijing 2008. Naturalmente, a ese paso, como si fuese de ciencia ficción —o más de ciencia y tecnología que de ficción—, se podrá llegar a una etapa en la que el hombre almacene un centón de conocimientos, principales tratados de ciencia, arte, matemática, física, química, filosofía, literatura, mediante algún artificio electrónico. Y como todo tiene su pro y su contra, probablemente muchos emplearían la información para mal de la sociedad. Y entonces habría que pulsar de nuevo el tratamiento Ludovico que se le aplicó al pequeño Alex en Naranja Mecánica, sin consideraciones éticas ni políticas…
En el experimento de Monza, en condiciones ideales en temperatura de 10 grados Celsius, cielo nublado, sin ráfagas de viento, participó un ejército de científicos y técnicos, biomecánicos. Kipchoge corrió dos minutos con 32 segundos más rápido que el récord mundial oficial en poder de Dennis Kimetto (2:02.57). A un promedio de 14.14 cada 5 kilómetros. Y rozando los 2:51 cada km.
Brotan en torrente las preguntas. La zapatilla Zoom Vaporfly de Nike proporciona, según se informa, un 4% de mejoría en el rendimiento. Se podrán apreciar los mismos efectos en las carreras de rapidez, cuánto podrán mejorar los saltadores de vertical y de garrocha, en vallas, en steeplechase. ¿Se podrá crear un universo paralelo atlético con reconocimiento de récords mundiales y la creación de un nuevo organismo? Lo inmediato, el impacto comercial, puede empezar a girar en espiral.
